Qué protocolos tiene adoptados el Gobierno ante la posibilidad de una apocalipsis zombi?”.  Aquella pregunta con la que hace un mes y medio sorprendía al Ejecutivo el senador de Compromís Carles Mulet ya tiene respuesta oficial.

Para tranquilidad del señor Mulet y demás ciudadanos preocupados porque España pudiera convertirse en territorio Walking Dead, el Gobierno de Rajoy quiere clarificar que está preparado para tal eventualidad. Y para demostrarlo se ha armado, ni más ni menos, que de un diccionario. Y cuidado porque sabe cómo usarlo.

“El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia recoge dos acepciones de la palabra apocalipsis”. Así empieza la respuesta oficial al senador a la que ha tenido acceso El Independiente. “En relación a la primera de ellas, “fin del mundo”, el Gobierno informa a Su Señoría que no dispone de protocolos específicos para dicha eventualidad, entre otros motivos, porque “poco se puede hacer llegado ese momento”.

Hasta aquí, era de esperar. No es Mariano Rajoy muy dado a tomar la iniciativa para desesperación de sus rivales, así que no va a extrañar ahora que en caso de apocalipsis este Ejecutivo se deje llevar a ver qué pasa. Quién sabe, tal vez  los cuatro jinetes se desesperen al verle fumarse un puro y se salten la Península hasta Gibraltar dejando España con un fin del mundo en funciones.

Pero no todo es resignación en el protocolo gubernamental ante semejante amenaza. Digamos que, como siempre con Rajoy, depende. “Sobre la segunda acepción recogida en el Diccionario,– “situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de la destrucción total”–, se indica, por el contrario, que España dispone de un sistema global de procedimientos concretos y de protocolos de prevención de las emergencias, tanto en el ámbito de la protección civil, en el que participan el conjunto de las administraciones públicas, como en el de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.

La respuesta gubernamental que se da por escrito a la pregunta del senador de Compromís especifica, además, que se “articuló en el año 2012 un órgano de coordinación para el control y seguimiento de situaciones críticas, el Consejo de Seguridad Nacional”. No aclara el Gobierno, sin embargo, qué pasaría si los muertos vivientes no estuvieran al día de sus obligaciones fiscales. En tal caso, más de uno tendría seguramente que vérselas con la UDEF, que entre Rodrigo Rato y los Pujol no va a dar abasto.

Así, en relación a la primera de ellas –”persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad”-, el Gobierno, ante la posibilidad enunciada por Su Señoría de que un hipotético apocalipsis sea protagonizado por este tipo de seres, no ha adoptado ningún protocolo específico más allá de los previamente señalados, “dada la dudosa probabilidad de que se produzca semejante circunstancia bajo tales premisas”.

Y concluye: “Por último, en relación a la segunda de las acepciones señaladas del término zombi –”atontado, que se comporta como un autómata”- se informa a Su Señoría que España y sus administraciones públicas disponen de diversas líneas de actuación, aunque el Gobierno duda de que quienes se pudieran encontrar en las circunstancias descritas en la citada definición –por muchos que sean- puedan llegar a protagonizar una situación de apocalipsis como por la que se interesa su Señoría”.

Cuando Mulet planteó esta pregunta, que él mismo calificó de “absurda”, quería protestar por la “poca calidad” de las respuestas gubernamentales a preguntas parlamentarias muy concretas. Buscaba el senador de Compromís llamar la atención porque ha presentado centenares de preguntas sobre municipios que incumplen la Ley de Memoria Histórica que al final tienen una sola respuesta genérica donde el Gobierno solo remite a la legislación ya conocida. Pero debe de ser que el Gobierno no tiene tiempo de responder las preguntas de los españoles muertos en las cunetas. Está demasiado liado consultando a la RAE para ver qué significa zombi.