Unidos Podemos ha anunciado este jueves en el Congreso de los Diputados su intención de explorar contactos que, eventualmente, desemboquen en el registro de una moción de censura contra Mariano Rajoy. Sería la tercera iniciativa de este tipo en la democracia española, tras la de 1980 contra Adolfo Suárez y la de 1987 contra Felipe González. Pero de la intención a la puesta en marcha real hay un camino que no siempre se recorre.

Ya le ha sucedido antes a Podemos. La moción de censura es un arma que se blande de cuando en cuando, pero sus efectos reales son imprevisibles. Sin salir de España: pese a que los dos precedentes en nuestro país naufragaron, sus consecuencias fueron muy distintas. El fracaso de 1980 colaboró para encumbrar a Felipe González. El de 1987 ayudó a enterrar políticamente al entonces líder de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha.

No obstante para llegar al fracaso, asegurado ya este mismo jueves tras el rechazo categórico a la moción tanto de Ciudadanos como del Partido Socialista, hay que dar antes una serie de pasos. El primero, inscribir la moción en el registro con escrito motivado y propuesta de candidato alternativo, respaldado por al menos una décima parte de los diputados de la Cámara. Después, el texto debe ser aprobado por la Mesa, debatido en el Congreso por los grupos que deseen participar y votado no antes de que transcurran cinco días desde su entrada en el registro.

Un trámite parlamentario que Podemos ni siquiera ha llegado a arrancar las otras tres veces que amenazó con hacerlo: en el Parlamento Europeo en 2014, en Murcia tras la imputación del presidente regional Pedro Antonio Sánchez y en Madrid tras destaparse la corrupción en el Canal de Isabel II a raíz de la operación Lezo.

  • Juncker y los ‘LuxLeaks’. El Parlamento Europeo rechazó en noviembre de 2014 una moción de censura contra el recién elegido presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. El motivo del intento de reprobación fue la filtración de multitud de documentos que destapaban acuerdos fiscales secretos entre multinacionales y el gobierno de Luxemburgo cuando Juncker era aún su primer ministro. La izquierda europea, con Pablo Iglesias a la cabeza, abanderó esta lucha durante semanas. El propio secretario general de Podemos llegó a reclamar su apoyo en esta causa al entonces máximo dirigente del PSOE, Pedro Sánchez. No lo consiguió. La moción se tumbó con sólo 101 votos a favor, 461 en contra y 88 abstenciones…pero no se presentó a iniciativa de la izquierda, sino de la ultraderecha euroescéptica, con las firmas de la UKIP de Nigel Farage y el Frente Nacional de Marine Le Pen. «Lo lamentable es que la moción de censura que se ha debatido en este pleno haya sido la de la extrema derecha y no la que proponíamos desde el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea, que no prosperó porque no obtuvo las firmas de los socialdemócratas y los verdes», lamentó entonces la eurodiputada de Izquierda Unida Marina Albiol.
  • Moción abortada en Murcia. Tras la imputación de Pedro Antonio Sánchez por el caso Auditorio, y ante su negativa a abandonar el Gobierno, Podemos insistió en la necesidad de desalojarle a través de una moción de censura. El problema es que la formación morada, con sólo seis diputados de 45, no llegaba al umbral mínimo necesario para presentar una iniciativa de ese tipo. Finalmente se terminó adhiriendo a la del PSOE, que presentaba como candidato alternativo a Rafael González Tovar y provocó numerosas dudas en Ciudadanos, que sólo la apoyaría si conducía inmediatamente a la convocatoria de elecciones. La moción, programada para los días 5 y 6 de abril, no llegó nunca a discutirse en la Asamblea regional. Sánchez dimitió el día 4.
  • Ciudadanos la enfría en Madrid. «Estamos aquí para desmantelar la trama y ser alternativas de Gobierno», se apresuró a lanzar Pablo Iglesias tras las detenciones de la operación Lezo. El secretario general de Podemos interpelaba directamente a la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a la que acusaba de ser «una rana» que quería ser «príncipe», y contra quien anunció que Podemos impulsaría una moción de censura. En Madrid, al contrario que en Murcia, sí le dan los números para liderar la iniciativa, aunque igualmente necesitaría el apoyo de PSOE y Ciudadanos. Los socialistas no quieren mandar a Ángel Gabilondo al frente de un debate condenado a fracasar debido a la falta de disposición de Ciudadanos, que considera que Cifuentes está cumpliendo adecuadamente su acuerdo de Gobierno y no ve motivos para secundar la moción. Casi una semana después del anuncio, todavía no hay señales de la moción en el registro de la Comunidad, aunque Podemos podría impulsarla en solitario como puro acto estético. Exactamente igual que en el Congreso.