En apenas un siglo, la izquierda ha sustituido a la derecha en las alianzas políticas y personales de la monarquía. Los desencuentros entre los socialistas y Alfonso XIII en el final de la Restauración fueron sustituidos por las “tensiones” entre su nieto, Juan Carlos I y los líderes de UCD y el PP, particularmente en materia de política exterior. Así se desprende, al menos en parte, de lo relatado por el director del Real Instituto Elcano, Charles Powell, en la obra coral escrita por 10 historiadores sobre la figura del anterior monarca, Rey de la democracia, editada por Galaxia Gutemberg.

“La relación de Don Juan Carlos con José María Aznar no fue tan fluida como la que había tenido con su predecesor”, escribe Powell en alusión a Felipe González. Según el investigador hispanobritánico, los celos institucionales en torno a las relaciones con los presidentes de Francia y, sobre todo, Estados Unidos, erosionaron el natural entendimiento que, salvo algún pequeño episodio, había presidido la cohabitación de cuatro largas legislaturas entre Moncloa y Zarzuela.

Los celos de Don Juan Carlos por las relaciones de Aznar con los presidentes de Francia y EEUU erosionaron el entendimiento entre ambos

Así, en el capítulo titulado El primer embajador de la democracia, Powell cita como ejemplo de las mencionadas tensiones, “las que se produjeron con motivo de la estancia de los Clinton en Mallorca en 1997, a la que se sumaron los Aznar en contra de los deseos de La Casa Blanca”; así como las que se produjeron dos años después, “cuando Aznar invitó a Córdoba y Granada al presidente Jacques Chirac y su mujer, excluyendo a los monarcas con el pretexto de que se trataba de una visita privada. Igualmente, el historiador recoge la visita de George W. Bush y su mujer a la finca toledana de Patrimonio Nacional, Quintos de Mora, en 2001, “sin que los reyes fuesen invitados a sumarse”…

Por otra parte, Powell añade a la lista de desencuentros la política hacia Cuba. Pese a recoger las explicaciones del propio Aznar en sus Memorias de 2013 sobre el pleno acuerdo del monarca con el criterio de su Gobierno, Powell refiere la “inadecuada” declaración del entonces presidente sobre una posible visita real a la isla de los Castro. Irá, dijo en 1998 -20 años antes de la que ahora prepara Felipe VI con el Gobierno de Rajoy- “cuando le toque”. Un año después, ambos viajaron a La Habana -en una visita que, por cierto, que también dio que hablar en los medios informativos sobre su falta de sintonía- pero sólo en el marco multilateral de la Cumbre Iberoamericana.

Powell añade a la lista de desencuentros la política de Aznar hacia Cuba

Asímismo, siempre según el director de Elcano -de cuyo patronato son miembros el propio Aznar, Zapatero y González; y cuyo consejo científico se reúne esta misma semana bajo la presidencia del nuevo Rey-, ambos discreparon en torno a Marruecos. “El dirigente popular tampoco vio con buenos ojos el vínculo personal de don Juan Carlos con ciertos monarcas árabes, como el de Marruecos, ‘porque un rey democrático no puede negociar con un rey no democrático’. “Además”, añade citando a Fernando Ónega (Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar), “Aznar siempre albergó dudas sobre la conveniencia de que el rey actuase como jefe de una misión comercial”. Algo que ciertamente “no fue bien entendido por una opinión pública española cada vez más exigente” en los días previos a su abdicación y que, en todo caso, según lo publicado, hizo desde el primero hasta el último de sus días.

Cabe recordar que, desde el arranque de su reinado, la intervención directa de Don Juan Carlos ante el Rey Fahd y sus otros ‘hermanos’ del Golfo permitió a España acceder a precios especiales en plena crisis del petróleo: Más de 150.000 barriles de crudo en 1979-80, “La cuota del rey”, recoge Powell citando a José Luis de Vilallonga (El Rey. Conversaciones con Don Juan Carlos). Cabe recordar también, antes de su abdicación, su intervención en el famoso contrato del AVE de la Meca y sus constantes visitas -que no ha abandonado como emérito- a los países árabes.

Al ‘rey de la democracia’ siempre le gustó tener un margen de autonomía en las relaciones internacionales

De lo narrado en el libro se deduce que al rey de la democracia siempre le gustó tener un margen de autonomía en las relaciones internacionales y hasta un determinado criterio en política exterior. Sobre todo, al principio de su reinado, cuando, igualmente, chocó con Adolfo Suárez a cuenta de su vocación de país no alineado, y muy poco atlantista. Cuenta Powell que el rey se llevó un buen “disgusto” con el cese del ministro Marcelino Oreja en junio de 1980 por declarar que el Gobierno planeaba el ingreso en la Alianza Atlántica para el año siguiente. Y así fue, ciertamente, para satisfacción del monarca, pero no con Suárez en el Gobierno, sino con quien le sucedió tras el 23-F, Leopoldo Calvo Sotelo. Del grado de influencia del monarca en aquellos primeros años de la Transición da cuenta un documento estadounidense ahora desclasificado en el que un senador trasladó que -en palabras de Powell- “el rey estaba dispuesto a estudiar la entrega de Melilla a Marruecos”.

Muy al contrario que con Suárez y con Aznar -al que en todo caso defendió frente a Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana de 2007 con aquel famoso -y “peligroso” para un monarca, según el autor- “por qué no te callas”-, la sintonía del rey con Felipe González fue recíprocamente reconocida, hasta el extremo de recibir críticas por su “exceso”. El presidente socialista aprovechó las relaciones del monarca en Europa e Iberoamérica y el monarca, muy probablemente, la libertad de la que era objeto. Con José Luis Rodríguez Zapatero parecían pintar bastos, dada la mala relación del nuevo presidente socialista con Washington, a raíz de la retirada de las tropas de Irak. Pero precisamente esta circunstancia permitió al monarca ponerse a la tarea diplomática, que el presidente supo agradecer, tanto en relación con la Administración estadounidense como con los países árabes.

Como es sabido, Zapatero -que adelantó a Don Juan Carlos en conocer a Obama- y el rey acabaron llevándose muy bien, aunque no tanto como con González. Según Powell, “la eficacia exterior del rey dependió de dos cosas: la existencia de amplios consensos políticos” -cabe recordar en todo caso que Don Juan Carlos no se inmiscuyó en la política de Aznar en Irak- “y la naturaleza de su relación con el presidente del Gobierno”. Algo sobre lo que cada día se sabe un poco más.