Asaltos a sedes del PP, protestas, manifestaciones, acampadas… Moncloa teme un verano caliente en Cataluña pero no solo por cuestiones climatológicas sino también por la presión que los independentistas quieren trasladar de los despachos a la calle. No han dejado de llegar mensajes a dirigentes del PP en Cataluña y a la propia Delegación del Gobierno de que las juventudes de ERC (JERC) y de las CUP (Arran) se preparan para agitar los ánimos de cara a un proceso independentista que amenaza, aparentemente, con seguir adelante de manera unilateral haya o no haya referéndum de autodeterminación.

De hecho, los ataques a las sedes del Partido Popular en Cataluña ya se vienen sucediendo en los últimos meses «y se van a incrementar», según les han admitido miembros del PDeCat a integrantes del PP, siempre desplazando la responsabilidad a las organizaciones juveniles del  partido aliado en Junts pel Sí y del socio parlamentario, sin cuyo apoyo no suman la mayoría. Tanto las JERC como Arran son muy activas. De hecho, unos 50 militantes de Arran intentaron ya el pasado 27 de marzo asaltar la sede del PP en Barcelona, lo que obligó a actuar a la policía autonómica para impedir que entraran en la misma.

El secesionismo busca su Maidan o su plaza Tahir para dar dimensión internacional a su desafío

Que el secesionismo pretende su Maidan (plaza de la Independencia de Kiev, donde se unieron las fuerzas democráticas contra Rusia) o su Tahir (plaza de El Cairo que sirvió de símbolo a la «primavera árabe») es algo que se venía temiendo hace tiempo aunque creen que la actual escalada de los soberanistas puede acabar, finalmente, desembocando en ese intento agónico. En este sentido recuerdan las fuentes consultadas que «ya estuvieron en la Plaza de Cataluña cerca de un mes», esto es, del 15 de mayo al 15 de junio de 2011, en la época en que también se ocupó la Puerta del sol en Madrid.

Con una estrategia de este tipo pretenderían también dar una dimensión más internacional a su movimiento, ayuno de apoyos extranjeros en el que ha sido uno de los mayores fracasos de su hoja de ruta. El convencimiento de que sería la Unión Europea la que exigiera al gobierno central una negociación para permitir un referéndum, no solo ha resultado erróneo sino que ha servido para que en Alemania o Italia haya habido pronunciamientos internos muy claros respecto a la ilegalidad de la separación de algunas de las regiones que conforman su integridad territorial. Baviera ha recibido un sonoro no del Constitucional alemán a su petición de una consulta, mientras que desde Italia ha venido uno de los pocos apoyos internacionales a los independeentistas catalanes, el de la xenófoba y ultraderechista Liga Norte.

La CUP ya reclamó abiertamente que se defendiera en la calle «el resultado del referéndum»

Pero si hay algo que saben hacer en Barcelona fuerzas como la CUP y los movimientos antisistema y okupa es incendiar la calle, aprovechar cualquier pretexto o cita popular o deportiva para reventar para la celebración. Además, con el horizonte de una consulta previsiblemente para el mes de septiembre, aunque aún sin fecha por falta de acuerdo entre las fuerzas políticas y sociales que defienden la secesión de Cataluña, la presión que pretenden ejercer los jóvenes de ERC y la CUP se dirige tanto a las autoridades españolas como a aquellos del bloque independentista que comienzan a cuestionarse un movimiento unilateral de fin incierto.

Recientemente, la presidenta del grupo parlamentario de la CUP, Mireia Boya, reclamó explicitamente en un acto celebrado en la Universidad Pompeu Fabra que los estudiantes salieran a la calle para “defender el resultado del referéndum”, dando por hecho que se va a celebrar y que va a ganar el «sí» a la independencia.

Desde la Delegación intentan rebajar el tono de la amenaza, afirmando que «no creemos que la sangre llegue al río» y en el PP señalan, no sin cierta resignación, que «estamos acostumbrados a los ataques y a las presiones». No es para ellos algo nuevo en Cataluña como no lo fue durante años, y de manera muy trágica, en el País Vasco. Que los independentistas intentarán trasladar la tensión a la calle no lo dudan, para ello apelan a la responsabilidad del delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, parte fundamental del engranaje de la «operación diálogo», pero al que «también es responsable de la seguridad ciudadana», dice un miembro de su propio partido.