Teruel Existe, Soria Ya o Foro de Zamora son sólo algunas de las plataformas que nacieron para defender el desarrollo de sus provincias, las más castigadas por la despoblación. Pero no son las únicas. La mitad de los municipios españoles se encuentra en riesgo de desaparición. Así lo demuestra el último informe de la Federación Española de Municipios y Provincias y así lo expondrán en el II Congreso Nacional de la Despoblación en el medio rural que se celebrará durante este jueves y viernes en Huesca.

La despoblación en las zonas rurales es un problema que cada año se va acrecentando sin que haya medidas concretas para frenarlo y que, de no actuar, puede hacer desaparecer más de 4.000 municipios, según la FEMP. “Más que un problema demográfico, se trata de una crisis territorial”, asegura rotunda Mercedes Molina, catedrática de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid.

El 84,4% de la población española vive concentrada en el 48% del territorio

Ella sitúa el inicio de esta crisis a mediados del siglo pasado como consecuencia de un proceso socioeconómico que ha desembocado en un modelo sustentado en los sistemas urbanos, que han concentrado la mayor parte de la inversión, el empleo y la población. Hemos creado una megaestructuras de conexión global y apostado por un crecimiento económico que ha creado oleadas migratorias a las grandes ciudades”. Según recoge Sergio del Molino en su libro La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, en más de la mitad del territorio español (52%) vive el 15% de la población, mientras que el 84,4% restante vive concentrada en el 48% del territorio.

Molina pertenece a un pueblo de Soria y conoce de primera mano esta crisis que afecta principalmente a las regiones del interior de España, la suya entre ellas. Allí, el 94% de sus municipios cuenta con menos de 1.000 habitantes. Cifras similares sufre la provincia de Ávila, pero también Burgos o Zamora. En total, el 61% de los municipios españoles tienen menos un millar de vecinos censados. La Castilla rural ha pasado en 60 años de tener cuatro millones de habitantes a poco más de un millón,  lo que ha ocasionado el cierre de escuelas rurales y un envejecimiento acelerado de la población. El presidente de la Diputación de Huesca, que acoge este congreso, ha recordado que en su territorio han desaparecido 300 núcleos en los últimos años y otros 300 tienen menos de veinte habitantes.

Los últimos datos de población del INE, pu­blicados a finales de diciembre, revelan que la inmensa mayoría de las provincias o auto­nomías uniprovinciales españolas han perdido habitantes durante el último año. La que más lo ha sufrido es Zamora (-1,57%); seguida de Ávila (-1,24%); Orense (-1,22%); Ciudad Real (-1,11%); León (-1,10%); Teruel (-1,06%); Segovia (-1,05%); Soria (-0,99%) y Salaman­ca (-0,97%). Con estos datos, Teruel, Cuenca o Soria se han convertido ya, según la FEMP, en “desiertos demográficos”.

España en su conjunto lleva cinco años perdiendo población. Sólo entre 2015 y 2016 nuestro país ha perdido 67.374 habitantes, pero paradójicamente, en las principales ciudades el proceso ha ido inverso. En las capitales de provincia, la población ha aumentado en 14.000 personas. “La sangría de­mográfica se ha concentrado en los municipios situados fuera de las grandes urbes”, señala el informe de la FEMP.

Actuar contra la despoblación rural

Este problema, que no es único de España, también lo sufren muchos de los países europeos en sus zonas de interior como Alemania, Grecia, Italia o Reino Unido, entre otros. “Las causas son las mismas. París es un ejemplo de concentración de inversión y empleo”, apunta Molina. Para combatirlo, en el caso de Reino Unido ya se están llevando a cabo programas como Rural Pathfinders o Local Strategic Partnership para buscar modelos de desarrollo alternativos en el campo británico.

Entre 2015 y 2016, España ha perdido 67.374 habitantes, pero en las principales ciudades el proceso ha ido inverso

En Alemania, también se implantó el Rural Lens con bastante éxito y países como Finlandia o los Países Bajos han imitado esa fórmula que ahora estudia también España para atraer a la población con nuevas actividades económicas. “Estamos viendo nuevas formas de alimentación, agricultura ecológica, ganadería extensiva… En Castilla y León, por ejemplo, tenemos producciones agrarias de calidad, pero también hemos desarrollado áreas de ocio y descanso, incluyendo la gastronomía sobre productos locales y saberes locales”, enumera Molina.

Algunas de las zonas de la España más deshabitada han sido comparadas con Laponia por su densidad demográfica. Teruel, con 10 habitantes por kilómetro cuadrado, tiene una densidad demográfica incluso menor que esta zona finlandesa, pero a juicio de Molina no es comparable: “Laponia es una zona escasamente poblada pero sin emigración y con un índice de juventud mucho más alto, asociada a una cultura determinada. España, como en el resto de países mencionados, se ha despoblado cuando ha cambiado el modelo económico y territorial”, matiza.

Esta catedrática de Geografía Humana ya ha llevado parte de su investigación a la Comisión de Población del Senado y a Bruselas con la esperanza de conseguir nuevas políticas públicas multinivel que puedan corregir este problema: “Se necesitan políticas de la Unión Europea, del Estado, de las Comunidades Autónomas e incluso a nivel local. Hay que intentar una cohesión y que se den cuenta de las diferencias interregionales en los fondos de cohesión”. Molina ha denunciado en distintas ocasiones el mal uso que ha hecho nuestro país de los fondos europeos: «Desde el año 2000, España ha recibido 92.000 millones de euros en ayudas estructurales. Sin embargo, no han dado resultado, entre otras cosas por la falta de control. y porque no se han aplicado correctamente los fondos ya que, en lugar de trabajar por el equilibrio interno, las comunidades autónomas se han gastado el dinero en fomentar el crecimiento de sus ciudades».

En el congreso que da comienzo este jueves, se abordarán las posibilidades de una estrategia nacional contra la despoblación y un listado de medidas para luchar contra ella y atraer a la gente para que pueda volver a sus pueblos y evitar que desaparezcan.