Tres años han pasado desde que Abu Bakr al Baghdadi proclamara el califato en la gran mezquita de Al Nuri en Mosul el 4 de julio de 2014. El símbolo del nacimiento del Estado Islámico está en ruinas, destruido por los propios yihadistas, si bien ellos acusan a la aviación de EEUU. Al califa Al Baghdadi le dan por muerto, esta vez los rusos por un bombardeo a finales de mayo, sin una confirmación fehaciente. En la sombra está, es un hecho. ¿Sobrevivirá el autoproclamado Estado Islámico sin Al Baghdadi? ¿Asistimos al principio del fin del califato?

Rusia anunció el 16 de junio que sus aviones habían bombardeado un suburbio en el sur de la localidad siria de Raqqa, donde se estaba celebrando una reunión del alto mando del califato, a la que habría asistido Al Baghdadi. Moscú anunció que habría muerto en el ataque pero aún no lo ha confirmado al cien por cien, ni ha aportado pruebas. Sería una buena baza para Rusia acabar con uno de los terroristas más buscados del planeta, por el que EEUU ofrece 25 millones de dólares. Demostraría su compromiso en la lucha contra el terror en Oriente Próximo.

“Soy escéptica sobre la reclamación rusa de la muerte de Al Baghdadi. Es raro que no puedan confirmarlo pasadas tres semanas. En todo caso, si fuera cierto, sería una victoria simbólica. Pero no supondría el fin del Estado Islámico, que seguiría adelante sin él”, exponía la experta en contraterrorismo Rita Katz, de SITE, en su cuenta de Twitter.

Sería una victoria simbólica pero no el fin del Estado Islámico que seguiría adelante sin él», dice Rita Katz, de SITE

También es precavida Myriam Redondo, periodista experta en verificación internacional, quien señala que de momento “Rusia no ha aportado pruebas fehacientes” de la supuesta muerte de Al Baghdadi, si bien puede haber sucedido. Redondo observa dudas sobre el tipo de destrucción que se refleja en las fotos, el emplazamiento, no hay reportes de ataques en esas fechas de los rusos… A su vez, “en semanas previas al ataque, fuentes diplomáticas estadounidenses habían reportado que ante el avance de la coalición hacia Raqqa, Al Baghdadi había abandonado la ciudad y no es frecuente un encuentro del alto mando por razones de seguridad”, añade la experta. A Al Baghdadi se le ha dado por muerto ya antes.

Lo cierto es que Al Baghdadi está desaparecido desde hace tiempo y es posible que siga así. Sus intervenciones han sido escasas, la última, un audio de noviembre de 2016, donde llamaba a ataques contra Arabia Saudí y Turquía. Es el califa invisible y ahora podría derivar en el califa oculto, que volverá a liberar a sus huestes, una imagen que alimenta su aura y nutre de fuerza a sus seguidores. Mientras, su soñado califato está cada vez más lejos de hacerse realidad.

Cuando proclamó el califato, Al Baghdadi les ofreció un lugar donde colmar sus aspiraciones de “dignidad, poder, derechos y liderazgo”. Les dijo: “Yo soy el wali (líder) que os preside, aunque no soy el mejor de entre vosotros, así que si no tengo razón, ayudadme. Si veis que estoy equivocado, aconsejadme y devolvedme al camino correcto, y obedecedme mientras yo obedezca a Alá”. Elogió “la victoria yihadista” que había permitido restablecer el califato. Eran otros tiempos.

El día que se nombró califa labró de alguna manera su final porque mantener un territorio es muy difícil», dice el coronel Rojas

“El día que se nombró califa labró de alguna manera su final porque mantener un territorio es muy difícil y sin territorio no hay califato. Ahora sin el refuerzo entre Irak y Siria, sin ese corredor por los valles del Tigris y el Eúfrates, ya sólo les quedan reductos y los van perdiendo. Acabarán refugiándose en Diyala, una zona orográfica compleja”, afirma el coronel Emilio Sánchez Rojas, investigador del Instituto Español de Estudios Estratégicos .

Según el coronel Sánchez Rojas, Al Baghdadi es una figura carismática que sería reemplazada, pero su desaparición, de confirmarse, tiene lugar en un momento de decadencia del autoproclamado Estado Islámico. “A veces es difícil sustituir a algunas de estas figuras. Abu Mohamed Al Adnani, el cerebro responsable del aparato de propaganda, en septiembre de 2016, dejó un vacío enorme porque era un genio y desde su muerte se han detectado más errores».

La gran aportación de Al Baghdadi es la estrategia de los cuatro círculos, que supone aunar todos los tipos de terrorismo. Estos anillos evolucionan desde un núcleo central (Irak y Siria), después incluye las potencias musulmanas enemigas (Turquía, Irán, Egipto, Arabia Saudí), a continuación los apóstatas en otros países árabes, y finalmente los países europeos. “Aquí van a seguir y se van a potenciar los ataques porque hay células en Europa, que han aprendido de la experiencia de Al Qaeda, muy radicalizadas. Así podrán decir que siguen vivos”, añade el coronel Rojas, quien también advierte de un aumento de la violencia yihadista en el Sinaí, en el segundo círculo.

Según Carola García-Calvo, investigadora en el Real Insittuto Elcano, “la pérdida del líder en las organizaciones terroristas supone un golpe pero tienen una gran capacidad para regenerar liderazgos. La prueba es que Osama Bin Laden desaparece pero Al Qaeda sigue ahí. El Estado Islámico tampoco acabaría sin Al Baghdadi”.

Destaca García-Calvo cómo “más allá de los líderes hay una estrategia: han sido capaces de introducir redes con capacidad destructiva en Europa y se han descentralizado, siguen consignas, se inspiran en una llamada a la acción. Tanto Bin Laden como Al Baghdadi han estado más en la sombra. No se exponían mucho para proteger su vida. Se distinguen por su peso simbólico.

El jeque ‘invisible’

Abu Bakr Al Baghdadi, califa Ibrahim, también conocido como Abu Duaa, doctor Ibrahim, Al Shabah (el fantasma), y el “jeque invisible” (por su costumbre de llevar una máscara cuando se dirigía a sus comandantes), ha vivido inmerso en las sombras y el misterio. Aprendió de la muerte de Abu Musab Al Zarqawi en 2006 lo importante que era para su superviviencia vivir en la oscuridad y fiarse sólo de muy pocos allegados.

Nacido en Samarra (Irak) en 1971, su nombre real es Ibrahim Bin Awwad bin Ibrahim Al Badri Al Qurayshi. Es de la tribu de los Bobadri, afincada en Samarra y Diyala y estaría también emparentado directamente con el Profeta por  los Quraysh, lo que le dio el empujón definitivo para ascender al liderazgo. Hay quienes cuestionan este parentesco. Fue primero designado líder del Estado Islámico de Irak en 2010 y se erigió en califa del autoproclamado Estado Islámico en 2014.

Proviene de una familia religiosa, con varios imanes y profesores del Corán, y su formación universitaria se focalizó en la jurisprudencia, historia y cultura islámica. Su vocación religiosa le diferencia de líderes de Al Qaeda como Osama bin Laden, que procedía del mundo de los negocios de la construcción, o Ayman Al Zawahiri, que es cirujano.

Hay pocos testimonios de personas cercanas a Al Baghdadi en su infancia o juventud. En general coinciden en retratar a una persona callada y seria. Al-Monitor habló con Ajmad en 2015, quien decía conocerle bien. “El jeque Ibrahim era alguien muy normal, como tú o como yo. No había nada raro en su vida, y solíamos jugar al fútbol juntos. Estaba obsesionado con marcar goles y se ponía nervioso si no lo conseguía”, decía Ajmad.

Estaba obsesionado con marcar goles y se ponía nervioso si no lo conseguía», decía Ajmad, un amigo de juventud, en ‘Al Monitor’

Sobre su vida personal se sabe que tiene dos o tres esposas, según un amplio perfil publicado en The Cairo Review of Global Affairs. Primero se casó cuando terminó su licenciatura con Israa Rajab Mahal Al Qaisi, madre de su primer hijo, nacido en 2003. En 2010 o 2011 tomó una segunda esposa, Saja Hamid Al Dulaimi. Saja Hamid pertenece a una familia de yihadistas. Viuda de un comandante del Jaish Al Rashideen (ejército de los guías), su padre también militó en el IS y murió en combate con tropas sirias en septiembre de 2013. Se cree que Al Baghdadi tiene cinco o seis hijos.

“Cuando EEUU invadió Irak, decidió tomar las armas y luchar. Cambió mucho después de eso”, añadía Ajmar. Abu Ahmad, quien aseguraba conocer a Al Baghdadi desde los 90, contó a Al Monitor también cómo en tiempos universitarios el califa se acercó a Ismail Al Badri, que le puso en contacto con los Hermanos Musulmanes. Se hizo miembro del Ikhwan (Hermandad) y seguidor de Sayyid Qub, pero se apartó en 2000 porque creía que eran gente de palabras y no de acción.

Cuando EEUU invadió Irak, decidió tomar las armas y luchar, cambió mucho después de eso», afirma Ajmad

Según Hasham Al Hashemi, autor de Inside Daesh, Al Baghdadi se convirtió al salafismo en 2003. “Estaba influido por Abu Mohamed al Mufti al Aali, principal ideólogo de los yihadistas en Irak”, comentaba Hashemi. Fue evolucionando hasta ser fundamentalista de Al Qaeda. En esa transición fue crucial su paso por las cárceles de EEUU en Irak.

Como relatan Mónica García Prieto y Javier Espinosa en La semilla del odio, editorial Debate, Camp Bucca, adonde trasladaron a los presos tras el escándalo de Abu Ghraib, se convirtió “en el Harvard de la radicalización iraquí y en la cuna del Estado Islámico de Irak y del Levante”. Citan a un alto cargo del ISIS, que en un artículo publicado en The Guardian subraya: “Si no hubiesen existido prisiones norteamericanas en Irak, hoy no habría Estado Islámico. Bucca fue una fábrica. Nos hizo a todos nosotros. Construyó nuestra ideología”.

Allí había llegado Al Baghdadi en 2004. Le arrestaron cuando visitaba a un amigo afiliado a Al Qaeda. Aún no era miembro de la organización. Según Hashemi, “en Camp Bucca, Baghdadi, conocido allí como Abu Duaa, absorbió la ideología yihadista y allí se codeó con dirigentes destacados. Hizo contactos. Admiraba a los oficiales de Sadam por sus conocimientos militares y ellos se dejaban guiar por sus conocimientos coránicos”.

Abu Omar, uno de sus amigos en Camp Bucca, también recordaba cómo seguía dándole al balón. “Le llamábamos Maradona. Destacaba más con la pelota que por sus discursos, nada comparado con Abu Musal Al Zarqawi”, decía en Al Monitor.

Al salir de Camp Bucca, se hizo miembro de Al Qaeda y trabajó con el jeque Fawzi Al Jobouri, uno de los intelectuales de Al Qaeda en Irak que derivó a Siria y le aconsejó que perfeccionara la labor mediática de la organización. Se doctoró en 2006, justo el mismo mes en que matan a Al Zarqawi. Tras su muerte, se creó el Estado Islámico de Irak, primero afiliado a Al Qaeda y dirigido por Abu Omar Al Baghdadi, su primer emir.

En ese momento vuelve a Siria a ocuparse de los combatientes que iban de Siria a Irak. Ya estaba de nuevo en Irak cuando en 2010 matan en un ataque aéreo de EEUU a Abu Omar Al Baghdadi y el Consejo de la Shura le nombra su sucesor. Pesó su origen, emparentado con el Profeta, lo que consideraban importante en la estrategia del grupo. Se convierte así en el líder de uno de los grupos terroristas más sanguinarios del mundo, que abandera y promueve ataques en su califato y más allá.

La batalla final será en Bagdad. Quería revivir la gloria del califato Abasida, así que el mensaje al enemigo es que Bagdad es suyo», comenta un acólito

Eligió el nombre de Al Baghdadi, aunque es de Samarra, porque se cree que su objetivo es Bagdad. “La batalla final será en Bagdad. Quería revivir la gloria del califato Abasida así que el mensaje al enemigo es que Bagdad es suyo”, comentaba uno de sus acólitos en Al Monitor.

Primero intenta revivir el Estado Islámico de Irak, luego da pasos hacia la expansión a Siria, una vez muerto Osama Bin Laden, reemplazado en Al Qaeda por Ayman Al Zawahiri. Y en julio de 2014 proclama el califato. En tres años sus combatientes luchan por los restos de ese imperio soñado en una Mosul sitiada.

“Al Baghdadi es un subproducto de la invasión iraquí. La mayor parte de las radicalizaciones se dan en prisión. Cuando entró en la cárcel no era un radical violento. La guerra de Irak fue un gran fiasco”, afirma el coronel Sánchez Rojas. Es la visión que trasladan en su libro Mónica García Prieto y Javier Espinosa. “La invasión ilegal de Irak generó un gran caos…. Irak lleva en guerra desde entonces. Siria es su réplica. Queda por saber si se hizo a propósito o es una monumental torpeza”, afirma Espinosa.

Al Baghdadi es un subproducto de la invasión iraquí… La guerra de Irak fue un gran fiasco», señala el coronel Sánchez Rojas

El terrorismo del autoproclamado Estado Islámico sobrevivirá a Al Baghdadi, especialmente en Europa, en Occidente. «Desde hace tiempo Europa está en el punto de mira. Esto responde a la gran movilización yihadista de los últimos años. Hasta 5.000 europeos se han enrolado en las filas del Estado Islámico, y algunos han retornado. Otros no han podido salir pero simpatizan con sus objetivos. La organización les anima a atentar contra el enemigo en su propio territorio», señala García-Calvo.

Para el coronel Baños está claro que “se acelerará el ritmo de los atentados, serán más frecuentes porque Europa, en concreto Reino Unido, Francia, y si acaso Roma, por su simbolismo cristiano, es su objetivo ahora”.

Baños explica que el Estado Islámico sobrevivirá a su líder porque “no es una causa sino una consecuencia de otras causas. Se concibe como grupo insurgente revolucionario que busca devolver sus privilegios a los suníes en Siria e Irak. El Estado Islámico es uno más de los actores en este complicadísimo escenario”.

Hay una guerra en la que juegan por derivación las potencias regionales, Arabia Saudí e Irán, y por extensión EEUU y Rusia. Con o sin Al Baghdadi, la partida de ajedrez sigue en pie. Los atentados, también continuarán. Desde las tinieblas, Al Baghdadi y sus sucesores y leales, con califato o sin él, seguirán librando una batalla ideológica y sangrienta, en la que los perdedores son siempre los civiles, musulmanes y cristianos. Más allá de Al Baghdadi persisten el odio y el terror.