Brexit es Brexit. Es el mantra que más ha repetido la primera ministra británica, Theresa May, sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Para los más de tres millones de ciudadanos europeos en el Reino Unido y el millón largo de británicos en la UE Brexit es incertidumbre con mayúsculas. Entre ellos están los 131.335 españoles censados, aunque se estima que son cerca del doble, que se sienten también atrapados en el limbo del Brexit.

“Queremos que os quedéis. Siempre he dicho bien claro que queremos proteger vuestros derechos”, dijo May al presentar esta semana su “generosa” propuesta para los europeos residentes en suelo británico. May aludió a Gibraltar como parte del Reino Unido donde se aplicarán los acuerdos. La UE estableció que lo que concierne a Gibraltar ha de pactarse con España.

El gobierno británico garantiza el estatus de “inmigrante asentado” a quienes lleven viviendo allí más de cinco años a partir de una fecha de corte aún por fijar. Establece un periodo de gracia de dos años a quienes lleguen después de esa fecha. Introduce un sistema de identificación, que habrán de solicitar incluso los 150.000 que ya tienen residencia permanente.

El ministro británico para el Brexit, David Davis, que se opuso a un carné británico, asegura que lo que precisarán los europeos “no es un carné sino una documentación que acredita que tienes esos derechos, como una partida de nacimiento”, según explicó en el Parlamento. Davis ha publicado en la prensa española que “las miles de enfermeras y estudiantes en el Reino Unido merecen mirar el futuro con certidumbre”.

El negociador en jefe de la Unión Europea, Michel Barnier, pide “más ambición” al gobierno de May

Para los representantes de la UE, que ha puesto sobre la mesa garantizar el statu quo de todos los ciudadanos afectados, el plan se queda corto y las limitaciones son “preocupantes”, en palabras de Guy Verhofstadt, uno de los negociadores. Michel Barnier, el jefe de la delegación europea, pidió “más ambición” a May. Coinciden con esta visión British in Europe y The3million, que representan a los ciudadanos afectados, y califican de “patética” la oferta.

Según Salvador Llaudes, investigador del Real Instituto Elcano, “si bien no es el peor documento que podrían presentar, porque parte de la tesis de que hay que hacer justicia, en la práctica es demasiado engorroso y difícil de entender”. Expone en 22 páginas un plan que dista mucho de la clarísima propuesta de apenas cuatro páginas de la UE. “Ha molestado en la UE, con razón, que no se aluda al planteamiento de Bruselas”, señala Llaudes, y llama la atención que se aluda a “derechos recíprocos” para los británicos, cuando en el texto de la UE se les ofrece conservar todo lo que ya tienen.

Luz Villarrubia es cofundadora y portavoz de Surviving Brexit, una plataforma creada a finales de octubre en la que confluyen ya más de 4.600 españoles en el Reino Unido. Su página de Facebook es una muestra de las preocupaciones del colectivo. “El diablo está en los detalles. Hay que fijarse en la letra pequeña”, señala Villarrubia, que lleva 24 años en el Reino Unido. “Vivimos en la incertidumbre más absoluta”, concluye.

En su comunicado, Surviving Brexit  destaca que la oferta de May “no mantiene los derechos que tenemos hasta la fecha, nos deja de nuevo en un limbo legal y no respeta a quienes ya han obtenido un certificado de residencia”. Otra cuestión relevante es que demandan que los ciudadanos europeos en el Reino Unido estén sujetos a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia, o en su defecto a un organismo de arbitraje formado por ambas partes.

La propuesta de May”no mantiene los derechos actuales, nos deja en un limbo y no respeta a quienes ya tienen la residencia”, dice Surviving Brexit

Villarrubia, psicoterapeuta, confirma cómo “el impacto emocional es muy fuerte para quienes ven en riesgo su forma de vida”. Lo ha sufrido Eva Barja, abogada con más de 15 años en suelo británico. “Desde el 23 de junio del año pasado me he sentido en un limbo. Dan la información de forma sesgada y con cuentagotas. No duermes. Pasé una temporada en vela constante. Esto afecta a tu presente y a tu futuro”, explica Eva, que prefiere camuflar su identidad real.

“Hasta el Brexit estaba muy afincada aquí. Me sentía como en casa, pero el meteorito del Brexit nos ha vuelto la vida del revés. Ahora nos sentimos ahogados”, señala Eva, que se siente muy española pero habla con acento británico. Tras una vida fuera de España, ahora se plantea seriamente “dar el salto” y retirarse en su país de nacimiento.

“Lo que pone May sobre la mesa es deficiente y muy impreciso. Lo peor es que en lugar de quedar salvaguardados por el Tribunal Europeo de Justicia quedaríamos a merced de la legislación británica, es decir, del gobierno de turno. Una oferta seria es lo que propone la UE”, remarca la letrada, quien cree que el gobierno de May “es oportunista y elitista, y culpa a los inmigrantes de las deficiencias del sistema”.

Quienes llevan más tiempo en el Reino Unido, y cuentan con permiso de residencia incluso como Eva, son quienes muestran más desilusión. “Nos ha causado un gran impacto el Brexit: impacto psicológico, social, laboral, incluso fisiológico. En mi caso personal, he sentido un gran vacío interior. Una gran decepción”, señala María Ramsay, que trabaja como jefe de cabina en el sector de la aviación y reside en suelo británico desde hace casi tres décadas y también ha tramitado la residencia.

El proceso para solicitar la residencia permanente es costoso en términos de tiempo y requiere presentar una gran cantidad de documentación como nóminas, declaraciones de impuestos, o seguros. Cuesta 65 libras y suele demorarse la respuesta al menos dos meses. Para muchos el gasto es mayor porque requieren asesoría legal. “En broma decía a quienes lo hemos hecho estos meses que estamos financiando el Brexit”, dice María.

“Después de trabajar y pagar impuestos durante 28 años, estoy muy desilusionada. Sientes como si no te quisieran en ninguna parte. Pagas los impuestos pero no puedes decidir. El referéndum debería haber sido consultivo. Es una imposición totalitaria”, añade Ramsay.

Sientes como si no te quisieran en ninguna parte. Pagas los impuestos pero no puedes decidir”, afirma María Ramsey

Activista de la causa, dedica horas a documentarse sobre las consecuencias del Brexit y colabora en Surviving Brexit y otras platafaformas afines. Expone datos contundentes sobre los beneficios que aportan los ciudadanos europeos al Reino Unido. Su contribución tributaria es de unos 2o.000 millones anuales, según un estudio publicado en Economic Journal, mientras que las devoluciones que obtienen apenas llegan a las 4,40 libras por ciudadano por semana.

El 60% tiene carrera universitaria y para conseguir gente con esa formación el gobierno habría de invertir 6.800 millones de libras. “Si yo fuera del gobierno británico, querría que vinieran más europeos. Somos una mina de oro”, remarca. Su esperanza nace de su confianza en la justicia y en la Unión Europea. Ha visto también con satisfacción cómo el gobierno español ha tratado de echar una mano.

La mayoría de los españoles que ahora se encuentran en el Reino Unido son jóvenes, entre 20 y 39 años. El 59% tiene empleo y sólo el 5% está en el paro. Trabajan en tres sectores principalmente: administración pública, salud y educación: bancos y finanzas, y restauración, según la Oficina Nacional de Estadísticas. Aunque están censados 131.335, se estima que el número real es de más del doble porque son numerosos los que no se registran en los consulados. Muchos reconocen que en sus empresas les instan a no dar su opinión de forma pública sobre el Brexit y por ello hablan off the record o protegen su identidad.

No es el caso de Inés Torroja, de 38 años, investigadora, que lleva un año en la Universidad de Sheffield. Confirma que “hay mucha incertidumbre porque nadie concreta lo que va a pasar”. Relata que lo positivo es que la universidad, anti Brexit confesa, “hace todo lo que puede y más” por ayudar a los europeos que trabajan allí. “Los que estamos más cualificados contamos con más apoyo”, señala Torroja, quien sigue pensando que su sitio está en España, aunque las oportunidades son mucho peores en su sector.

El Brexit te lleva a replantearte todo. Hace poco más de un año tenía claro que quería quedarme… ahora pienso más en el regreso”, dice Manuel

“El Brexit te lleva a replantearte todo. Hace poco más de un año tenía muy claro que quería quedarme aquí y me sentía como en casa. Ahora pienso con frecuencia en el regreso”, comenta Manuel Fernández, informático en los 40. Cree que la propuesta de May sólo es un punto de partida en la negociación y reconoce que hay cierta xenofobia encubierta. Aún así elogia a la sociedad británica por la solidez de sus instituciones y por su diversidad. “Hasta sus horarios son más lógicos”, añade Manuel, que lleva ya seis años fuera de España.

Pese al mensaje oficial, que insiste en el deseo de ofrecer certezas, los españoles consultados coinciden en que reina la incertidumbre. Según Luis Sevilla, gerente de 47 años, “la incertidumbre lo es todo con respecto al Brexit, pero es algo que también están sufriendo los británicos”. Sevilla, que considera limitada la oferta de May, quiere quedarse en el Reino Unido por cuestiones laborales. “La decisión del Brexit no ha modificado mi deseo de seguir aquí, pero sí me ha enfadado con los británicos. Al final es una cuestión contra la inmigración y nada más. No se ha valorado nada más”, concluye.

Hay quienes son muy pragmáticos, como Alfonso Martínez, experto en ciberseguridad, que si bien señala que lo que propone  May “concuerda con la actual política de visados” y es “muy pobre”, es una situación que se da en muchos otros países. “Lamentablemente es algo común para los inmigrantes. Es un sistema que te hace sentir inferior y te coloca en desventaja, pero no sólo lo hace el Reino Unido”, afirma Alfonso, quien cree que “no hay limbo legal” porque él recibe información de su situación de forma regular.

Inmigrantes asentados, inmigrantes de la Unión Europea, son denominaciones nuevas para los que se sentían ciudadanos con casi plenos derechos, salvo el voto en las generales. Uno de los colectivos que defiende los derechos de los más de 300.000 británicos en España, EuroCitizens, lo deja claro: “Un inmigrante asentado no es lo mismo que un ciudadano y lo que ofrece May supone una pérdida de derechos y beneficios”. Entre ellos, la reunificación familiar, reducciones en las tasas universitarias, y lo que es muy importante: quienes dejen el país más de tres años pierden los derechos como “inmigrante asentado”.

May rebaja los derechos de sus propios ciudadanos, algo insólito”, se queja Michael Harris, portavoz de EuroCitizens

Según Michael Harris, portavoz de EuroCitizens, “es lo que tienen los ciudadanos no comunitarios y lo plantean un año después… Lo peor es que la UE ha ofrecido un plan detallado y consultado con los ciudadanos y es May quien rebaja los derechos de sus propios ciudadanos, algo insólito”.

Una de las claves, para Harris, es que muchos británicos que viven en la UE ya llevan muchos años, y cuando se sobrepasan los 15 se pierde el derecho de voto. “No tenemos importancia política. No contamos, ni siquiera podemos decir que seamos chivos expiatorios”.

Muchas parejas de españoles y británicos padecen especialmente el Brexit. Silvia Velasco y su marido están muy enfadados desde que ganó la opción de la salida de la UE y eso que en St.Albans, donde residen, el Remain (quedarse en la UE) se impuso por más de un 60%. “No tuvimos opción de decidir y vamos a ser los más afectados. No es fácil coger la maleta y empezar de cero. Además, mi marido sería un inmigrante en España”, comenta Silvia, asistente de profesorado, desde 1999 en el Reino Unido.

Ha decidido ir más allá de solicitar la residencia y ha iniciado el proceso de naturalización, más costoso, unas 2.000 libras esterlinas. “Estamos en medio y va a ser un tira y afloja. Me quedo más tranquila si consigo la nacionalidad. Es más seguro que la residencia. Así la próxima vez voto. Si hay un nuevo referéndum, podré decidir”, concluye con humor inglés.