La figura del concejal de Ermua secuestrado y asesinado por ETA hace veinte años, Miguel Ángel Blanco, se ha convertido en motivo de controversia en el ayuntamiento de Madrid, cuya alcaldesa, Manuela Carmena, se niega a homenajearle contra la petición, no sólo del PP, sino del Movimiento contra la Intolerancia. El argumento de Carmena de que poner una pancarta alusiva en una fachada donde cuelga desde hace meses un enorme cartelón de «refugees welcome» –sustituida temporalmente por la bandera arco iris para dar la bienvenida a los casi dos millones de personas que participaron en el World Pride y precedida mucho antes por dos carteles que condenaban la violencia machista–, supondría «primar a una víctima sobre otras», ha creado un profundo malestar entre los populares, que ayer contrarrestaron la falta de respaldo municipal con una propia que colgaron de la fachada de la sede nacional del PP.

Horas más tarde, Carmena anunciaba la celebración, el miércoles, de una concentración para «recordar a todas las víctimas del terrorismo» siguiendo la petición de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) que ha exhortado a todos los ayuntamientos de España a convocar un minuto de silencio en memoria del edil asesinado hace veinte años y que la alcaldesa extiende a todas la víctimas.

Monedero, marca el camino

Acaso sea presa del difícil juego de equilibrios del ayuntamiento de la capital de España, donde las fuerzas políticas que la auparon se muestran críticas con esta conmemoración. Sólo hace falta ver el tuit que Juan Carlos Monedero redactó a media tarde de este lunes sobre Blanco, haciéndose eco de unos informes policiales que apuntan a que el PP, presuntamente, hizo facturas falsas de actos de la «escuela Miguel Ángel Blanco» que vincula a la red Gürtel. De esa forma, el ideólogo de Podemos deja claro qué opina de los homenajes al edil que ETA secuestró y asesinó cuarenta y ocho horas después.

 

Tal y como dijo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y confirman los homenajes que se le están haciendo en toda España, «el espíritu de Ermua significó un cambio muy importante en la visión de muchas cosas por parte de mucha gente». El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco constituyó un punto de inflexión en la reacción social contra ETA y en la unidad de las fuerzas democráticas. La movilización de aquellos dos días, que fue la duración del ultimátum que los etarras dieron al Estado de Derecho antes de proceder a darle un tiro en la nuca, no tuvo precedentes en España, hasta el punto de convertirse en símbolo de la lucha contra la barbarie.

Por ello, la negativa de Carmena se ha convertido en un caballo de batalla en Madrid. El PP y Nuevas Generaciones desplegaron ayer un enorme cartel en la fachada de su sede nacional en el que, sobre una enorme fotografía del edil asesinado, reza el lema «sigues dejando huella». En estos días los populares celebrarán distintos actos que culminarán el sábado en Bilbao con asistencia de Rajoy. Este martes será en Ermua, la población de Vizcaya de la que era concejal y que dio nombre al espíritu de unidad de los demócratas y acuñó el lema «Basta ya» de resonancia internacional.

Aznar y Mayor Oreja han sido invitados al acto principal de homenaje, pero no a tomar la palabra

El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez Almeida, afirmaba en un corrillo con periodistas este lunes que no hay ni una asociación de víctimas que haya criticado «los homenajes a Blanco», con lo que el argumento de la alcaldesa «es falaz». Almeida participará junto con Cifuentes en distintos actos durante los próximos días. El principal será el despliegue de sendas pancartas el miércoles en la sede del Gobierno autonómico en la puerta del Sol y en el edificio de los despachos del grupo municipal popular del ayuntamiento, en la céntrica calle Mayor.

Ese mismo día habrá un acto en su memoria en el Teatro Real, cita que no deja de ser controvertida puesto que la Fundación Miguel Ángel Blanco, que también preside Mar Blanco, ha convocado al entonces presidente del Gobierno, José María Aznar;  al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y al presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, pero no han sido invitados a tomar la palabra.

Un punto de inflexión

María del Mar Blanco, hermana del concejal asesinado y presidenta de la Fundación de las Víctimas del Terrorismo, ha subrayado que cuando se recuerda a Miguel Ángel «recordamos a todas y cada una de las víctimas, pero sobre todo es recordar todo lo que supuso su secuestro y asesinato, el espíritu de Ermua, esa movilización ciudadana, esa concienciación cívica y democrática en la lucha contra el terrorismo, cómo los ciudadanos y, muy especialmente, la sociedad vasca consiguió quitar el velo del miedo, cómo la primera vez que la sociedad dio un paso al frente para enfrentarse de manera democrática a los terroristas; es recordar que tras su asesinato comenzaba el principio del fin de ETA, aunque duró catorce años y fallecieron 76 víctimas inocentes más, por primera vez la sociedad y todos los partidos, a excepción de Herri Batasuna se unieron contra ETA. Es recordar todo lo que se avanzó en la lucha por su derrota».

Si entonces «no cedimos al chantaje ni el Estado de Derecho se doblegó frente al terror, tenemos que mantener nuestro nivel de exigencia y conseguir su disolución incondicional a los que tanto daño han hecho», agregaba Mar Blanco al tiempo que mostraba su convencimiento de que el ayuntamiento de Madrid no va a rectificar su posición por entender que «el silencio siempre ha sido cómplice en el País Vasco».

El alcalde Valencia se desmarca de Carmena para colgar el jueves un cartel del político asesisnado

No todos los autodenominados «ayuntamientos del cambio» han tomado la misma decisión que la regidora de la capital de España. El alcalde de Valencia, Joan Ribó, se ha desmarcado clarísimamente y aceptado poner una pancarta en la fachada del consistorio tras la petición en este sentido de los grupos del PP y de Ciudadanos. Bajo el lema «Miguel Ángel Blanco, 20 años con él y con todas las víctimas», que colgará el día de su asesinato, un 13 de julio, los valencianos homenajean al reguero de víctimas que ha dejado ETA durante más de cuatro décadas.

Posición confusa del  PSOE

Más incompresible resulta la posición del PSOE, renuante, confusa y, cuando no, ambigua. Por ejemplo, en el ayuntamiento de Bilbao, los socialistas se han negado, junto al PNV, a instalar un monolito que recuerde no solo su asesinato sino la mayor manifestación celebrada jamás en la capital vizcaína en repulsa por el mismo. En algunos municipios de Cádiz también ha habido negativas por parte de los socialistas mientras que en Valladolid, gobernada por el portavoz del PSOE, Óscar Puente, se va aponer el nombre del político asesinado a una calle de la localidad.

Además, el PSOE se sumará al acto de hoy en Ermua y la presidenta socialista, Cristina Narbona, cada vez con más protagonismo contra la inveterada costumbre de que los presidentes del partido no tenían más papel que el honorífico, admitió este lunes que Blanco «merece un reconocimiento» distinto porque «su muerte jugó un papel extraordinariamente importante en todo lo que sucedió después».