Luis Bassat, uno de los grandes publicistas españoles de las últimas dos décadas del siglo pasado, fue el hombre escogido por Pasqual Maragall para pilotar las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Presente en el proyecto olímpico desde antes incluso de que Barcelona fuera nominada, recuerda con melancolía esos tiempos en que todos “tirábamos del carro en la misma dirección” y lamenta la división actual en la sociedad catalana.

Pregunta.- ¿Qué tal ha envejecido Barcelona’92?

Respuesta.- Barcelona no veía el mar, estaba fea, gris. Con los Juegos Barcelona se puso guapa y se enseñó al mundo, y gustó. 25 años después Barcelona se ha convertido en una ciudad turística de primer nivel y ahora el Ayuntamiento se plantea cómo controlar el turismo. El éxito ha sorprendido a propios y extraños.

P.- Más allá de la evolución de la ciudad, ¿cuál es el recuerdo emocional de las Olimpiadas?

R.- El recuerdo sigue totalmente vivo. Pero hay dos sentimientos: orgullo de lo que hicimos y un cierto sentimiento de añoranza. Hace 25 años fuimos capaces de ir todos juntos, todos los partidos políticos, toda la gente de todas las clases sociales, fue algo único. Hay este doble sentimiento de orgullo y de una cierta melancolía de un momento en el que todo el mundo tiró del carro en la misma dirección.

Hace 25 años fuimos capaces de ir todos juntos, todos los partidos políticos, toda la gente de todas las clases sociales, fue algo único»

P.- Dos de las claves del éxito fueron la masiva participación de voluntarios y la colaboración privada. ¿Se podría recuperar eso ahora?

R.- No estoy seguro. Se dieron circunstancias muy particulares. Barcelona no había tenido algo tan importante desde la Expo del 29, un evento que moviera tanto dinero y tanta gente. Coincidieron muchas cosas positivas; ojalá se pudiera repetir, ojalá surgiera una cosa que hiciera que todos los barceloneses nos volviéramos a arremangar por un mismo proyecto.

P.- ¿Echa de menos en la sociedad catalana actual gente con el liderazgo que en su día tuvieron personajes como Leopoldo Rodés o la capacidad de gestión de un Josep Miquel Abad?

R.- Creo que sí. La sociedad civil actual está muy callada, o mejor dicho, una parte está muy callada y otra no. Creo que la política ha divido a los catalanes. Ahora hay catalanes que piensan de manera diferente unos de otros. Entonces todos los catalanes -no era solo la gente de Barcelona- se preocuparon sólo de que aquello fuera un éxito. La gente no me preguntaba ‘¿quedarás bien, o quedará bien Barcelona?’. Me preguntaban ‘¿quedaremos bien? ‘. Ahora la gente está pensando en otras cosas y la independencia ha enfrentado a familias enteras.

P.- ¿Qué ha pasado para que ese sentimiento de orgullo con el que cerramos los Juegos se haya transformado de esta manera?

R.- Hemos sufrido una crisis tremenda, muchísima gente ha sufrido mucho. Y en el momento de la crisis alguien atribuyó todos los males a otros. El Madrid nos roba es un eslogan que tuvo efecto en Cataluña e hizo que mucha gente en Cataluña pensara que la culpa de lo que pasaba estaba fuera. No voy a hablar de política, pero es relativamente fácil echar la culpa de lo que te pasa a los otros. Esto sucede en todas partes y aquí ha sucedido más. En los años olímpicos la gente me felicitaba por ser catalán -“qué modernos y europeos sois”-, ahora me critican que somos separatistas, que solo pensamos en nosotros. El ser catalán era visto como algo envidiable y se ha convertido en algo despreciable.

Me parece deleznable la demonización de Samaranch; sin él Barcelona no hubiera tenido Juegos Olímpicos»

P.- ¿Cómo ha vivido el proceso de demonización de la figura de Juan Antonio Samaranch?

R.- Los políticos catalanes han demostrado tener muy mala memoria. Sin Samaranch los Juegos Olímpicos no se hubieran celebrado en Barcelona. Se pudieron hacer porque Samaranch lo soñó, porque fue el presidente del COI y movió votos de todo el mundo para que Barcelona pudiera ganar nada menos que a París. Samaranch debería tener una calle importante de Barcelona y sin embargo acaban de borrar su nombre de la escultura que conmemora los Juegos a la entrada del Ayuntamiento. Me parece deleznable, no es solo falta de memoria, es una cierta maldad. Podemos estar en contra de su papel en el franquismo, pero fue una persona importantísima para Barcelona y Barcelona debería estar agradecida a Samaranch.

P.- ¿Cuál fue el papel del Rey Juan Carlos en la candidatura?

R.- El Rey lo apoyó de manera indiscutible. Tras la ceremonia de inauguración me llamó para felicitarme y agradecérmelo por el enorme esfuerzo que había hecho para que estos Juegos tuvieran lugar.

P.- Otro personaje fundamental fue Pasqual Maragall.

Ha habido ciudades que han perdido nominaciones porque sus vecinos no querían los Juegos»

R.- Desde luego. Motivó a la ciudad. Me encargó una campaña de publicidad antes de que nominaran a Barcelona para conseguir que los barceloneses sintieran los Juegos como una cosa propia, que estuvieran entusiasmados con tener unas Olimpiadas. Ha habido ciudades que han perdido nominaciones porque sus vecinos no querían los Juegos. Pasqual motivó a los barceloneses, la prueba es que más de 100.000 se apuntaron para trabajar como voluntarios; finalmente fueron 58.000 personas las que trabajaron gratis antes, durante y después de las Olimpiadas. Fue espectacular.

P.- ¿Cómo fue el proceso de preparación de esa ceremonia tan nueva?

R.- Al principio dije que no y le confesé a Maragall que no quería hacer la ceremonia inaugural porque me parecían horribles. Y Pasqual me pidió una ceremonia diferente, que fuera como la publicidad de Barcelona, de Cataluña y España ante el mundo. Y utilicé en las ceremonias todo lo que había aprendido del mundo de la publicidad. Le dimos una extraordinaria importancia a la música, fiché a José Carreras como director musical. Gracias a él, a Manuel Huerga y a Pepo Sol conseguimos que nos escribiera la música del mar Mediterráneo Ryuichi Sakamoto, que acababa de ganar el Oscar a la mejor música con El Pequeño Emperador; o los himnos de Angelo Badalamenti, que había hecho la música de Twin Peaks; fuimos a buscar la mejor gente del mundo para tener un éxito mundial. Y no nos costó.

P.- Fue muy celebrada la incursión de la ópera, el himno de Caballé y Freddie Mercury.

R.- No había ningún país que tuviera, como nosotros, a José Carreras, Plácido Domingo, Alfredo Kraus, Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles, Teresa de Berganza… Le preguntaron a Julio Iglesias si no estaba molesto porque no le hubieran ofrecido participar en la ceremonia de los Juegos Olímpicos y contestó con magnífica inteligencia: en música popular no somos nada en el mundo, en cambio en ópera no hay ningún país del mundo que tenga todas las figuras que van a actuar en las Olimpiadas. Por eso escogí ópera, me interesaba dar una buena imagen de España al mundo.

En un sondeo nos reprochaban la impuntualidad; pues bien, la ceremonia empezó a las 8 en punto de los tres relojes atómicos del mundo»

P.- La imagen de España entonces no era precisamente envidiable.

R.- Hice un sondeo entre las sedes de Ogilvy del mundo para ver qué pensaban de Barcelona y España, y el resultado fue bastante decepcionante, nos conocían poco y mal, y una de las cosas que nos reprochaban era la impuntualidad. Pues bien, la ceremonia empezó a las 8 en punto de los tres relojes atómicos que hay en el mundo. Se les dijo a todos los corresponsales y locutores para que dejaran constancia.

P.- En esos años previos a las Olimpiadas, la Generalitat de CiU fue muy poco entusiasta con el proyecto olímpico.

R.- Alguna gente no es que no fueran entusiastas, pero se aprovecharon de la audiencia mundial de los Juegos Olímpicos para hacer su campaña de Freedom for Catalonia. Nosotros pensamos que no era el momento para reclamar una libertad que yo nunca he creído que nos faltara. Pero en este país hay libertad de expresión, la había entonces y la hay ahora.