“Hasta el último minuto hay tiempo para el diálogo. Si el Gobierno español quiere negociar, podemos hablar de todo”. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha tendido la mano al Ejecutivo este lunes durante la manifestación de la Diada. En una primera valoración en la calle, Puigdemont ha instado a Moncloa a “reflexionar” y a “mirar lo ocurrido en las calles” durante la movilización nacionalista, destacando la “paz, convivencia y alegría” que ha reinado durante la manifestación. Lo ha hecho tras una convocatoria en la que las entidades soberanistas han sacado a la calle a un millón de personas según la Guardia Urbana, 350.000 según la Delegación del Gobierno.

Puigdemont “bendecía” así el giro iniciado horas antes por el presidente de la ANC, Jordi Sánchez, quien ha afirmado en declaraciones a RAC1 que los independentistas estarían dispuestos a suspender la convocatoria del 1-O si el Gobierno se aviene a negociar un referéndum pactado y legal.

El president ha hecho hincapié en la heterogeneidad de los manifestantes, “de todas las edades y con todo tipo de lenguas”, para subrayar la “normalidad más absoluta” y la reivindicación de que “la gente tiene ganas de votar”. En este sentido ha reiterado “el compromiso” del Govern para que “puedan votar”, y ha instado al Gobierno español a negociar en este sentido. No obstante, se ha mostrado pesimista sobre las opciones reales de este diálogo: “Es muy difícil que puedan cambiar ahora su lógica de pensamiento único, mediante el cual todo lo que ha pasado aquí no ha pasado o es gente fanatizada”, ha lamentado.

“Pese a todos los augurios que querían que pinchásemos y con el compromiso insobornable con que los catalanes hemos decidido encarar la situación: de forma pacífica y democrática”. “¿Qué más tenemos que hacer para mostrar que el pueblo de Cataluña queremos votar?”, ha preguntado el presidente, y ha recordado que el problema es político.

Antes de salir a las calles, Puigdemont ha asegurado que no tiene “miedo” a ser detenido por desobedecer al Estado en la organización del referéndum. En una rueda de prensa desde el Palau de la Generalitat con medios de comunicación internacionales, acompañado del conseller de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia, Raül Romeva, Puigdemont ha evitado cargar contra aquellos ayuntamientos que “legítimamente han optado por no colaborar” en el 1-O.

Según el president, aunque haya ayuntamientos que no cedan los locales de votación municipales para poder votar en el referéndum, suspendido por el TC, habrá “una inmensa mayoría” de ciudadanos que van a poder votar “en sus colegios habituales”. Pero “allí donde el lugar tradicional de votación no sea el habitual, va a haber una alternativa idéntica” en términos de “accesibilidad”, ha garantizado.

Ante la prensa internacional presente en la sala de prensa del Palau de la Generalitat, ha subrayado que “los catalanes van a votar el próximo 1-O”, aunque se ha mostrado “abierto” a “acordar un referéndum si el Gobierno español” quiere, si bien ha subrayado que “no hay ningún tipo de contacto” en este sentido. Puigdemont ha asegurado que no tiene miedo a ser detenido porque “esto no se va a producir”, ya que el Govern no está cometiendo “ningún delito” que esté tipificado en el código penal español.

“Si sale a votar un 5%, para mí este referéndum no es válido”, ha dicho sobre la participación del 1-O Puigdemont, que ha añadido que “si el ‘sí’ es un voto de una enorme solidez” merecerá ser tenido en cuenta. Si gana el ‘sí’ a la independencia, ha remarcado, el independentismo se habrá “ganado el derecho a ser escuchado” en Europa: “Estas graves dificultades que tenemos para poder hablar con el señor Juncker, por ejemplo, seguramente por las presiones de la diplomacia española, deberían desaparecer”.