Es la líder del mundo libre. Palabra de Barack Obama. Y tras 12 años en el poder encara su cuarto mandato con un eslogan electoral que recuerda a los alemanes que Angela Merkel es sinónimo del “éxito” de la primera potencia europea. Su victoria en las elecciones legislativas de este domingo se da por segura en todos los pronósticos.

Superará a Konrad Adenauer dentro de dos años y se equiparará a Helmut Kohl al final de la legislatura. Es hora de dejar un legado como canciller de Alemania y como canciller de Europa.

La buena marcha de la economía, con un paro que ha descendido desde que asumió el poder del 11,2% al 3,8%, la subida de los salarios y el récord en la confianza del consumidor, confirman ese éxito. El 93% de los alemanes reconoce que es feliz con su vida y el 72% está contento con su trabajo, según una encuesta publicada en Der Spiegel. También es cierto que se ha sorteado la crisis gracias a los sacrificios impuestos por las reformas laborales de la Agenda 2010, impulsadas por su antecesor el socialdemócrata, Gerhard Schröder.

Sin embargo, su desafío en Alemania pasa esta nueva legislatura por invertir más en infraestructuras, por ejemplo, en nuevas tecnologías, y abordar problemas como la persistente desigualdad y el envejecimiento de la población. El mayor brete en esta campaña se lo ha planteado a Merkel una limpiadora que le interpelaba en un programa en televisión, preocupada por la escasa jubilación que le espera en comparación con lo que le correspondería en Austria. Una prueba de que, como dice el candidato socialdemócrata Martin Schulz, “a Alemania le va bien, pero algunos alemanes no les va tan bien”.

También Europa necesita su impulso. Educada en la antigua República Democrática, algunos dudan de que sienta Europa como lo hacía su padre político, Helmut Kohl. “Merkel sería una europeísta racional, a quien le gusta resolver problemas, no plantear escenarios”, explica Ulrich Speck, investigador en Bruselas del Real Instituto Elcano. No es una visionaria, en eso coinciden los expertos, pero es una experta gestora y la UE necesita resolver para avanzar.

Jana Puglierin, responsable de programas del German Council of Foreign Relations de Berlín, defiende que Merkel ha sido ya “una canciller europea en sus primeros tres mandatos y lleva la integración europea en su ADN”. Puglierin señala que Merkel ha luchado por evitar el colapso de la UE y del euro, y se ha dado cuenta, sobre todo con el Brexit, que no hay nada que pueda darse por hecho. “Creo que en su cuarto mandato será su prioridad mantener unidos a los 27 y buscará compromisos para lograrlo”, añade.

En su cuarto mandato dará prioridad a mantener unidos a los 27 y buscará compromisos para lograrlo”, dice Puglierin

Merkel se lanzó a la reelección a finales de noviembre de 2016. En el verano de 2015 se quedó impactada por la crisis de los refugiados y su crédito político se resintió por primera vez al crecer el número de alemanes que veía peligrar su seguridad y su bienestar por la llegada de inmigrantes. La victoria del Brexit en el verano de 2016 le impactó porque como muchos alemanes concibe Europa como parte de la esencia alemana. El triunfo de Donald Trump en EEUU aumentó sus preocupaciones, dada su aversión a los populismos.

“Trump ha sido una bendición para la CDU. Frente a un presidente temerario, se agarran a su capitán, Angela Merkel”, mantiene Miguel Otero, investigador principal en el Real Instituto Elcano. Lo cierto es que el propio Obama viajó a despedirse de Merkel, de quien dijo que era la líder del mundo libre y aseguró que votaría por ella si pudiera.

En Europa, tras el susto del Brexit, este año se superaron de momento las amenazas de los populismos en las elecciones de Holanda y Francia. La victoria del europeísta Emmanuel Macron en Francia frente a la ultraderechista Marine Le Pen ha abierto la vía para que se revitalice el motor franco-alemán, que será uno de los desafíos a los que se enfrentará Merkel en la próxima legislatura.

“Aunque Merkel no es el tipo de político con una gran visión, creo que quiere dejar un legado positivo en asuntos europeos clave como refugiados, terrorismo, seguridad exterior, así como avances en la Unión Económica y Monetaria. Con Macron puede trabajar bien, pero antes el presidente francés, más visionario, ha de demostrar que puede impulsar reformas en su propia casa”, señala Fabian Zuleeg, investigador sobre asuntos económicos en el European Policy Centre de Bruselas.

Quiere dejar un legado en asuntos clave como refugiados, terrorismo, y Unión Económica y Monetaria”, señala Fabian Zuleeg

Otero teme que finalmente Macron se pierda en la pompa francesa y a los alemanes les puedan más sus recelos sobre las reformas fiscales y financieras. “Depende mucho de cómo Macron aproveche la oportunidad que le brindará Merkel. Si todo se queda en mero intergubernamentalismo, no habrá avances. Se necesitan autoridades supranacionales y compartir el gasto a nivel comunitario para hacer las reformas”, afirma.

A Jeremy Cliffe, corresponsal de The Economist, le parece que Merkel optará más “por la colaboración en defensa y política exterior ya que hay mucho escepticismo entre los funcionarios alemanes sobre las propuestas de reformar la eurozona de Macron. Quieren que los proyectos de inversión estén ligados a proyectos y no pondrán dinero fácilmente”.

El avance en Europa también dependerá de cuál sea finalmente la coalición de gobierno. Si bien la ganadora está clara, no así quiénes serán sus socios, y entre ellos son los liberales los más recelosos con los avances en la unión fiscal, e incluso sugieren que se debería dejar atrás a Grecia, mientras que los socialdemócratas son los que quieren más Europa. Socios de Merkel en este tercer mandato, como en el primero han sido víctimas de la “socialdemocratización” de Merkel.

Encarnación del centro

Merkel se ha convertido en la encarnación del centro político en Alemania, un país marcado en su ADN geográfico. Un 80% de los alemanes se orienta por posiciones centristas, según una encuesta de Der Spiegel. En 2009 Merkel se retrató como “un poco liberal, un poco social-católica y un poco conservadora”.

Merkel, más allá de los planteamientos de su partido, la Unión Demócrata Cristiana junto a sus aliados bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU), ha hecho suya esa posición moderada y ha desdibujado a sus socios de coalición, los socialdemócratas, estos últimos cuatro años.

Desde ese centro Merkel reina en los sondeos electorales, que dan a su partido (CDU/CSU) entre 34% y 36% de los votos. Como la elección se da por hecha, hay riesgo de un efecto desmovilizador del electorado. La participación en 2013 fue de un 71,5%. Entonces la CDU logró un 41,5% de los votos, un récord desde la reunificación.

A más de 10 puntos por debajo de la CDU, en torno a un 22%, se sitúan los socialdemócratas, liderados por Martin Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo. El resultado rondaría el peor registrado por el SPD hasta ahora, un 23% en 2009, tras la primera gran coalición. Los dos grandes partidos pueden sufrir bajas en los apoyos a última hora, y eso favorecería a la ultraderecha, donde se teme que haya mucho voto oculto.

En primavera, hubo un momento en el que parecía que Schulz podía poner en aprietos a Merkel, pero la canciller dejó que su rival se desgastara sin hacer prácticamente nada, una de las tácticas de Merkel, según algunos observadores.

Muchos votantes no entienden qué hace diferente al SPD de Merkel. La canciller les da estabilidad”, afirma Barbara Hans

“Muchos votantes no entienden qué hace diferente al SPD de Merkel. La canciller les da estabilidad y los alemanes no quieren experimentos”, explica Barbara Hans, redactora jefe en Der Spiegel.  Según Cliffe, de The Economist, “el SPD preferiría seguir en el gobierno, pero la cuestión es si sus militantes lo aceptarán, especialmente si sus resultados son muy malos”.

Las quinielas sobre coaliciones son en esta ocasión reducidas, según las encuestas. Entrarán en el Parlamento federal por primera vez seis fuerzas políticas: los dos grandes partidos (CDU y CSU más el SPD), los Verdes, Die Linke (extrema izquierda), vuelven los liberales, que no lograron superar el 5% en las pasadas elecciones, y se estrenará la ultraderecha de Alternativa para Alemania, proscrito en cualquier pacto. En los sondeos los cuatro partidos pequeños oscilan entre un 8% y hasta un 13%, que podría lograr la ultraderecha.

Los números darían para que se repitiera la gran coalición, una anomalía en principio con la que se ha gobernado Alemania ya ocho de los últimos 12 años. El politólogo Ignacio Sotelo afirma desde Berlín que “lo malo de la gran coalición es que deja al país sin oposición. Al SPD le ha costado votos supeditarse a Merkel y creo que intentarán no repetir. Si se dejan dominar, van al matadero”.

Los liberales, liderados por un carismático Christian Lindner, recuperarán escaños en el Parlamento pero los sondeos anticipan que no serán suficientes para ser los únicos socios del gobierno de Merkel. Sería necesario que también entraran en el gabinete los verdes, en lo que se denomina coalición jamaica por los colores de cada partido (negro, CDU; amarillo: liberales y verdes). En todo caso, las negociaciones, sea cual sea la combinación final, pueden durar semanas o incluso meses.

La mayoría de los expertos consideran un obstáculo casi infranqueable a la hora de redactar un programa de gobierno sus diferencias ideológicas. The Economist considera que sería la mejor opción para Alemania. Sería la primera vez que la Unión, los liberales y los verdes firmen un pacto de gobierno a nivel federal.

Frente a ese gobierno encabezado por Merkel habrá una oposición en el Bundestag radicalmente diferente por la presencia de Alternativa para Alemania, el primer partido ultraderechista que logrará entrar en el Parlamento federal. Según los últimos sondeos, pueden contar con más de 80 escaños (de un total de unos 650). Ya no sólo marcarán la agenda, como lo han hecho en la campaña electoral al presionar con temas como los refugiados o la islamofobia, sino que tendrán voz y voto en la cámara legislativa.

Si Alternativa para Alemania es la tercera fuerza, estará en todas las comisiones y su líder dará la réplica a la canciller”, dice Puglierin

“Si son la tercera fuerza política y lideran la oposición, en el caso de que haya una gran coalición, cada vez que hable Angela Merkel, su líder, Alexander Gauland, será el primero en darle réplica. Podrán nombrar a un vicepresidente del Bundestag, estarán en todas las comisiones, y contarán con un presupuesto de 17 millones de euros solo para personal”, explica Jana Puglierin. Las sesiones parlamentarias serán más broncas y los medios se harán más eco aún de las idas y venidas de este partido que nació anti euro y ahora es islamófobo y con tintes neonazis.

A Merkel han tratado de boicotearle los mítines, con gritos de “fuera, fuera”, sin conseguir inmutarla, y a ellos ha dedicado sus últimos llamamientos electorales al voto. Teme que los indecisos, más de un 25%, se queden en casa o algunos se decanten por Alternativa para Alemania. Encarnan ese populismo nacionalista y excluyente que abomina. El centrismo político de la canciller ha dejado espacio a su derecha y Alternativa lo ha ocupado a las bravas. Schulz también llamó a no votar a los “enterradores de la democracia”.

Tanto Jana Puglierin como Pilar Requena, autora de La potencia reticente, auguran que Merkel va a sorprender en su cuarto mandato. Hay quienes piensan que se verá liberada de la presión electoral, si fuese el último. Quién sabe si lo será. “Alemania no quiere liderar, es una potencia reticente, y los alemanes se sienten cómodos si otros lo hacen pero ellos pueden defender sus intereses. Ha mantenido unida a la UE tras la crisis del euro. Los alemanes tienen claro su anclaje a Europa, y Merkel lo reafirmará, sobre todo si los demás hacen sus deberes”, asegura Requena.

Si bien es una líder reactiva, más que activa, Merkel, amante de los libros de Historia, como Sonámbulos, de Christopher Clark, uno de sus favoritos, sobre la deriva hacia la guerra de 1914, buscará cómo hacerse un hueco entre sus páginas. Una pista da su visión de la libertad. “Es la experiencia más feliz de mi vida. No hay nada que me haya dado más entusiasmo, que me haya llevado más lejos y que me haya hecho más positiva que el poder de la libertad”. Su pasión europeísta es acorde con esa lucha por un mundo libre.