El equipo de redes, al frente del cual se encuentra el vicesecretario de Comunicación y portavoz del PP, Pablo Casado, es el autor del hashtag «hispanofobia» con el que este miércoles, desde la cuenta del partido en Twitter, recordaron toda la lista de agravios del nacionalismo e independentismo contra el resto de España. La iniciativa no sólo levantó una polvareda en la red sino incluso en el propio partido en el Gobierno, donde la mayoría de sus dirigentes desconocía la campaña y el contenido de la misma. El hecho de que les pillara con el pie cambiado, unido a la consigna de no hacer nada que se pueda considerar provocador para no alterar más los ánimos de un independentismo echado a la calle, hizo torcer el gesto a más de un dirigente popular, uno de los cuales confesó a El Independiente que dicha campaña «no me gusta» al tiempo que buscaba a los responsables de la misma.

Tal es la cautela de los populares en el tema catalán que el fin de semana pasado se exhortó a los presidentes autonómicos y alcaldes del partido que no promovieran ninguna moción contra el desafío independentista sin contar con el apoyo de socialistas y de Ciudadanos, para no ahondar en la brecha que se abrió en el Congreso de los Diputados cuando el PSOE votó en contra de un texto presentado por Albert Rivera.

Con los mismos pies de plomo sopesan si debe asistir alguien de la dirección nacional al acto que el PP catalán celebra este sábado en Badalona, en vísperas de la consulta ilegal. El principal miedo es calentar más la calle ante el temor de que el fin de semana próximo haya disturbios en distintas localidades catalanas promovidas por los antisistema de la CUP. La situación ha retraído a Génova a sus cuarteles de invierno, dejando toda la iniciativa al Gobierno. Incluso el hecho de que Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal estuvieran este lunes de viaje en Estados Unidos les fue bien para no convocar el tradicional comité de dirección con el que arrancan la semana.

Pero tampoco el martes, en una reunión que el coordinador general del PP, Fernando Martinez Maíllo, mantuvo con algunos de sus vicesecretarios se trató este asunto.

A la estupefacción en el cuartel general de los populares se unió una reacción en la red donde no faltaron los partidarios, pero, sobre todo, los que arremetieron con dureza contra el PP para recordar desde sus pactos con la Convergencia de Jordi Pujol a los distintos casos de corrupción en que están implicados ex dirigentes y cargos de este partido. De hecho, satisfizo a unas bases mucho más duras respecto a la cuestión catalana, que a unos dirigentes y miembros del Gobierno que quieren llegar al 1-O sin sorpresas.

El equipo de redes, que depende de Casado, actúa bastante por libre. Lleva dos semanas lanzando cinco vídeos y 30 tuits y «memes» diarios y «este es uno más». «Nos vamos a adaptando a lo que los independentistas hacen, y como van subiendo el tono, nosotros también contestamos», afirman desde el PP. Parece que ni siquiera Casado conocía su contenido. No es la primera campaña polémica, aunque lo cierto es que no les ha faltado material con el que documentar todas las manifestaciones insultantes con las que nacionalistas e independentistas han intentado marcar distancias con el resto de España.

A pesar del disgusto que ésta creó, no se retiró de Twitter. En el vídeo aparecen Jordi Pujol, Marta Ferrusola, Oriol Junqueras, Gabriel Rufián y Carme Forcadell. además de catedráticos o historiadores nacionalistas que muestran su desprecio hacia España o hacia los que no hablan catalán. Recuerdan el inefable documento de la extinta Convergencia i Unió titulado La España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva, o cómo se ha perseguido a padres por pedir educación en castellano para sus hijos; sin olvidar cómo Junqueras glosaba que los catalanes, genéticamente hablando, son más próximos a los franceses que al resto de españoles o los ataques en Cataluña a las sedes del PP, PSC y Ciudadanos.

Lo cierto es que el hashtag «hispanofobia» tuvo éxito en el PP madrileño y de Extremadura, por ejemplo, que se hicieron eco de la campaña, quizá ignorando que no había recibido el visto bueno del grueso de sus dirigentes ni del departamento de Comunicación de Génova.