Cada miércoles de sesión de control al Gobierno se convierte en una suerte de plató para Gabriel Rufián, portavoz de ERC. Si no aparece con una impresora «republicana» lo hace, como hoy, con una camiseta de Harry Potter y sale del Hemiciclo murmurando «Mordor, Mordor», que pertenece a otra obra literaria muy distinta a la del niño mago.

Especialista en frases lapidarias, ha espetado al ministro de Justicia, Rafael Catalá, que el referéndum día del 1-O «no te hace independentista, te hace demócrata, valiente y antifascista». Fiel a su estilo de luchador antifranquista, como si aquel tiempo político le perteneciera, ha defendido que lo que pretende el secesionismo «es recuperar el país que le robaron hace 80 años», no se sabe muy bien si como referencia a la declaración de independencia que hizo Companys desde el balcón de la Generalitat hace 83, o del golpe de Estado de franco hace 81.

Preguntaba el diputado republicano por las detenciones «políticas» en Cátaluña, a lo que el interpelado, Catalá, ha negado la existencia de tales para recordar a continuación que la prevaricación y la desobediencia «son delitos» y que las urnas fuera de la ley no son ejemplo de democracia. «En muchos regímenes fascistas se ha votado y no eran democracias», ha recordado.

Seguidamente, los diputados de ERC han salido del Hemiciclo para dejar claro que no ven el momento de dejar esta Cámara como ha explícitado no pocas veces el propio Rufián.

Cataluña ha vuelto a ser el eje de la sesión de hoy. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha renovado su apoyo al Ejecutivo; la portavoz de Podemos, Irene Montero, estaba interesada por el desmantelamiento de la «policía política» de Interior, y Mikel Legarza, del PNV, sobre el despliegue policial. En fin, nada nuevo bajo el sol.