Es mediodía en la barcelonesa Plaça Universitat. Centenares de personas corean Inde-Inde-Independència. Un grupo de estudiantes despliega una pancarta aprovechando un par de árboles de la plaza, en letras rojas y negras: “Que no ens suspenguin la Democracia” (que no nos suspendan la democracia). Cuando terminan de colgarla, la gente alrededor aplaude enfervorecida. Y mientras les hago una foto, en medio del bullicio, una señora que da palmas con el bolso agarrado bajo el sobaco le pregunta a su amiga:

– ¿Por qué no aplaudes?
– ¿Pero es a favor o en contra?
– A favor, a favor
– Ah, ¡entonces vale!

Aclarado el malentendido, las dos se ponen a aplaudir al unísono a los muchachos del cartel. Normal que la señora dude de si está o no a favor de que suspendan la democracia, porque estos días en Barcelona hay mucha confusión con la definición de democracia. Aparece un helicóptero y ahí nadie duda, todos gritan, mirando al cielo: “¡Fora las forces d’ocupació!”

Un grupo de independentistas cuelga una pancarta en Barcelona.

Un grupo de independentistas, en Barcelona.

En el otro extremo de la plaza, tres chicas envueltas en una estelada corean uno de los cánticos más repetidos en las manifestaciones que recorren Cataluña el 2-O: “Prensa española manipuladora”. Las graba un cámara finlandés mientras su compañera se prepara el micro para un directo con Helsinki. Cuando termina el directo, que a diferencia de un compañero de Antena 3 al que la plaza le increpaba, ella sí ha podido hacer en paz, me acerco sonriente a entrevistarlas yo también:

-Hola, soy periodista, de la “prensa española manipuladora”, ¿tenéis un segundo?

Se echan a reír.

– Qué momento más tenso, dice una.

Me cuenta que es aragonesa y estudia tercero de Biomedicina en la Universidad de Barcelona. Y que es independentista, pero solo un poco.

– Estamos aquí para protestar por lo que pasó ayer
– ¿Contra el referéndum ilegal?, pregunto extrañada.
– No, no. Me da igual que fuera legal o no, pero estamos aquí para protestar por la violencia brutal contra la gente desarmada. Ayer hubo escenas que no son normales de la Europa del siglo XXI. Yo no quería independencia, no fui a votar, pero ahora me parece necesaria. Me habéis convencido.

Se lo dice a sus dos amigas, que sí que votaron, y ambas intervienen en la conversación para preguntarme por qué la prensa española no ha dado las imágenes de la violencia. Supongo que no han visto mucha tele últimamente. Hablan de la chica que grabó un vídeo en el colegio en el que intervino la Policía denunciando que le habían roto todos los dedos, y de un señor al que han oído que le dio un infarto y el niño que han oído que casi se ha quedado paralítico. Les pregunto que cómo se han enterado de todo eso y me cuentan que por whatsapp, que ayer echaba humo.

– Algunas de esas historias ya se han desmentido, son bulos que circulan por la red, les digo.
– ¿Si quieren que nos quedemos en España por qué nos pegan?
– ¿Queréis que Puigdemont declare ya la independencia?, les pregunto yo, que soy la que entrevista.
– No lo sé, yo estoy aquí por lo de ayer.

E insiste que no se refiere al referéndum. Sino a los whatsapps. Se despediden muy cortesmente camino del mogollón y retoman donde lo dejaron: “¡Prensa española manipuladora!”

En un mesón gallego de la Ronda de Sant Antoni que está pegando a la plaza, ya no se oyen los cánticos no hay ni rastro de esteladas. Pero la resaca del referéndum también está por todas partes. “Creo que han engañado a mucha gente prometiéndoles algo que no es posible”, dice en alto un señor que bebe ribeiro en la barra. “Porque sin España Cataluña no sería más rica, sino más pobre, sería la ruina, ¿qué pasaría con las pensiones?”.

Es de Lugo, lleva más de medio siglo viviendo en Barcelona y trabajó 45 años en la Autoridad Portuaria. “No quiero independencia, pero ayer no fui a votar que no porque era ilegal”, puntualiza. No sabe si alguien de su familia participó en la consulta independentista. “En casa nunca hablamos de política, se vive mejor así”, me cuenta tras darle otro sorbo a su copa, mirando mi libreta. “Apunta ahí que tengo miedo, porque lo tengo, a que Puigdemont mañana declare la independencia y Cataluña no pueda pagar las pensiones”.

“Lo peor que podía haber hecho el Gobierno contra el independentismo fue entrar a palos en los colegios”

La camarera, que es de Hospitalet, se suma a la conversación, que se ve que ya la tenía empezada con el del ribeiro cuando aparecí. “Lo peor que podía haber hecho el Gobierno contra el independentismo fue entrar a palos en los colegios. Yo soy española y catalana, antimadridista, porque soy del Barça, pero española. Y hoy te digo de verdad que me da vergüenza decirlo”.

El resto del bar está sentado en las mesas del comedor, ajenos al telediario de La 1 en el que aparece Mariano Rajoy diciendo que aquí no ha pasado eso de lo que todo el mundo habla. Nadie le escucha.

Pon otra cosa, dice el gallego: “Vergüenza es lo que se está haciendo la Generalitat con la educación. Igual que no veo bien que a un niño se le bautice hasta que sea mayor, por si quiere ser ateo, no entiendo que los hagan independentistas desde la guardería”. La camarera de Hospitalet bromea con otro cliente que está en la esquina:

– A partir de la semana que viene vas a tener que hablarme en catalán, le dice.
– Con mis hijos ya hablo catalán, bueno, si hablaran, porque ahora están todo el día piqui piqui con el móvil.

Llegando a la Rambla conozco a Ashim. Es un tendero indio que lleva una de las tiendas de souvenirs en la que además de figuritas de flamencas y equipaciones del Barça para los turistas, también hay banderas. Ayer vendió 10 rojigualdas y 5 esteladas. Las grandes, 7 euros. Las pequeñas, 5. No le extraña que vendiera más banderas españolas que independentistas el día del referéndum porque “la de Cataluña aquí ya la tiene todo el mundo, he vendido muchas estos años”, explica. Lleva tres décadas viviendo en España y él también está preocupado por la independencia: “Creo que sería muy malo para el negocio. Desde los atentados en la Rambla ya vendo un 70% menos y si empieza a haber problemas políticos los turistas van a dejar de venir”. Y añade: “Y solo vendiendo banderas de un lado y de otro no me da para vivir”.