Fue uno de los cientos de Antidisturbios de la Policía Nacional que participaron este domingo en el dispositivo con el que el Ministerio del Interior intentó neutralizar el referéndum de autodeterminación. Destinado en Barcelona, este agente -bajo la condición de no revelar su identidad- relata a ‘El Independiente’ en primera persona cómo vivió el operativo de más de 16 horas en el que intervino. “Nos sentimos traicionados por los Mossos. Nuestros jefes no nos dijeron hasta la mañana del día 1 que nos íbamos a encargar de las urnas”, asegura. Y añade: “Fue el día más triste de mi carrera profesional. No se me olvidará la cara de terror de los niños”.


“El domingo se había quedado a las 7 de la mañana para hacer un briefing en el que nos iban a explicar qué íbamos a hacer en el operativo. En días anteriores había mucho nerviosismo entre los jefes, se notaba en el ambiente. Hasta ese día no tuvimos conocimiento de que íbamos a hacer el tema de urnas. Todo el mundo pensaba que lo iban a hacer los Mossos y, de buenas a primeras, el domingo por la mañana, se nos comunicó que nosotros nos íbamos a encargar de las urnas y la entrada en colegios…

En esa reunión se nos dijo que teníamos que tener mucha prudencia, mucha mano izquierda y evitar en todo momento la violencia. También nos informaron de que en los colegios habría poca gente, que sería una actuación pacífica y que no iba a haber problemas. Terminamos y salimos en convoy en dos grupos de 50 personas cada uno para dirigirnos al primer colegio. Ya cuando llegamos se nos empezó a increpar. La primera sorpresa fue que en la entrada había niños y mayores y entre 200 y 300 personas. Nosotros contábamos con que iba a haber poca gente y que estarían en actitud pacífica. Llegamos al sitio y la gente empezó a insultarnos. Los niños nos miraban con cara de terror. En el momento que fuimos a entrar se pusieron violentos, hubo empujones y empezó a montarse el jaleo. Entraron los de Información, cogieron las urnas y en la furgoneta comenzaron a darles patadas y a increparnos…

Caímos en la trampa como tontos; cuando entrabas en los colegios había fotógrafos y prensa internacional”

Fue el primer colegio que hicimos. De ahí fuimos a otro de Barcelona, más violento aún. Allí escuché a gente del servicio de Información, que iban de paisanos grabando, comentar que era muy difícil entrar y la respuesta que se dio -supongo que desde arriba- fue que había que entrar de una u otra forma. Entró el otro grupo mientras el mío le hacía la cobertura y allí hubo cargas y bastante jaleo. Los compañeros consiguieron requisar urnas. Insisto, nosotros en un principio no sabíamos a lo que nos enfrentábamos en realidad, pensábamos que era otra cosa. Llegamos allá pensando que había cuatro gatos y, sin embargo, había un montón de gente en los colegios y la actitud no era pacífica. Una vez que entraba la Policía para llevarse las urnas, la gente se alteraba, se ponía violenta y se resistía. Se ha podido ver por televisión…

Nosotros estamos acostumbrados a alteraciones del orden público y actuamos con mucha proporcionalidad; no le vas a pegar a personas mayores y niños, está claro. Llega un momento en que te insultan, te escupen… Yo no defiendo la violencia, pero ha podido haber un poquito de exceso según se ve en algunos vídeos. También tengo que decir que hay compañeros de los Mossos que están totalmente indignados con lo que ha pasado. Hasta ahora teníamos sólo un poco de rivalidad, pero las cosas ya no van a volver a ser igual que antes. Se ha provocado una ruptura entre las policías. Hay Mossos que sabían que tenían que cumplir y no han podido. Mandaron a una pareja de Mossos a un colegio donde había más de mil personas. Eso no sale en ningún medio de comunicación. Ellos le preguntaron al jefe y éste les dijo que es lo que había y que había que estar ahí…

Nos habían dicho que en los colegios habría poca gente, que sería pacífica y que no habría problemas”

Los policías nacionales y los guardias civiles nos sentimos muy traicionados por los Mossos d’Esquadra y un poco vendidos por nuestros jefes. Es imposible entrar en un colegio sin violencia, llevarte las urnas y sin pegar un palo. Es imposible. Yo me siento como muchos de mis compañeros: engañado. Se les fue de las manos. Yo pienso que en muchos colegios no se debió haber entrado por la cantidad de gente que había. Se tendría que haber intentado identificar a las personas de otra forma. Es lo que pensamos muchos compañeros, pero había una orden desde arriba de que había que entrar como fuera…

Hicimos cuatro desalojos en total y apoyamos a otros grupos que venían de fuera para garantizar el orden público. En ningún momento hubo cambio de planes. Había que entrar a toda costa en los colegios. De hecho yo escuché algún comentario por teléfono en el que se decía: ‘Hay que entrar, hay que entrar’. Caímos en la trampa como tontos, porque cuando entrabas en los colegios había fotógrafos y medios de prensa internacionales. Blanco y en botella. Sabían qué iba a pasar. Parece que estaban coordinados por el Gobierno catalán. Peor imposible…

A muchos Mossos les han faltado cojones para enfrentarse a sus jefes, por eso les hemos llevado plumas blancas en señal de cobardía”

Hubo altercados todo el día. Por cualquier sitio que íbamos por Barcelona en la furgoneta nos increpaban. Y terminamos sobre las 12 de la noche, desde las 6 de la mañana que empezamos a trabajar. Nos sentimos muy traicionados por los Mossos d’Esquadra, pensábamos que contaríamos con ellos. Y por parte de los jefes no se nos contó la verdad. Hasta el último momento no se nos dijo que íbamos a ir a quitar urnas. Después dicen que si las cargas fueron desmedidas. Nosotros no tuvimos ese problema. Fue el peor día de mi carrera profesional con diferencia. No sólo yo. Es que nos metieron en la boca del lobo. Cualquiera que tuviera un poco de luces… ¡Cómo te vas a meter en un sitio donde hay gente votando! Nadie pacíficamente va a dejar que se lleven las urnas. No sé quién pensó el operativo. La gente estaba muy rabiosa. Nos echaron a la gente encima. Esto va a suponer un antes y un después en Cataluña. Hay un odio increíble hacia nosotros, como se ha visto en Calella…

El que se comiera el marrón de coger las urnas tenía todas las de perder. Los que hemos salido perdiendo hemos sido nosotros y ganando los Mossos, que ha sido la ‘policía del pueblo’ y nosotros los traidores y los malos. Insisto, no pensábamos que nosotros íbamos a encargarnos de las urnas. Pensábamos que íbamos a apoyar a los Mossos y éstos se iban a ocupar de ello. En colegios a los que fuimos aparecían Mossos de paisano, con cámaras, grabando y viendo el operativo que hacíamos a 150 metros. No se enfrentaron con nosotros ni nos dijeron nada. En otros operativos de otros grupos, según han comentado compañeros por Whatsaap, identificaron a un Mosso por darle una patada a una furgoneta…

Hay un antes y un después; muchos compañeros lo comparan ya con lo que sucedía en el País Vasco”

La gente estaba abatida cuando terminamos por un servicio que a nadie le gustó. Esto no es un Real Madrid-Barcelona, ni una manifestación. Como decía uno, aquí no hemos ido a por los de la CUP, los que no montan bronca. Había familias, niños… Incluso nosotros tratábamos de tranquilizarlos diciéndoles que no pasaría nada. La gente pensaba que venía el diablo. Tampoco entiendo que haya podido haber cerca de mil heridos…

Esto quedará. Hoy [por el lunes] han ido a la comisaría de Les Corts de Barcelona para llevarles a los Mossos unas plumas blancas, como símbolo de la cobardía por no haber tenido cojones de enfrentarse a sus jefes y acatar la ley. El ambiente está bastante caldeado. Sólo tienes que poner la televisión y ver cómo nos tratan. Hemos intentado hacer nuestro trabajo lo mejor que hemos podido, no nos hemos extralimitado y vemos que de buenas a primeras la gente te mira mal, te insulta. Ha habido un antes y un después. Mucha gente lo compara ya con lo que pasaba en el País Vasco”.