Han pasado ya más de 25 años desde que la caída de la Unión Soviética dejó huérfanos de referente a los millones de personas que por todo el mundo abrazaban entonces la ideología comunista. «El reloj del comunismo ha dejado de funcionar», afirmó el escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn, crítico acérrimo del régimen soviético. Pero en la calle Olimpo de Madrid, donde se levanta la sede del Partido Comunista de España (PCE), se afanan cada día por demostrar que aún hoy tienen mucho que aportar a la sociedad.

Cuando se cumplen 100 años de la revolución que alumbró el primer régimen comunista del mundo, el secretario general del PCE, José Luis Centella, afirma que pese a los posibles errores de aplicación, «el ideal no ha fracasado» e insiste, en una entrevista concedida a El Independiente, que los postulados comunistas son hoy tan necesarios como entonces.

Pregunta.- ¿Qué significa hoy ser comunista?

Respuesta.- Ser comunista hoy significa, básicamente, lo mismo que significaba en 1917. Es intentar cambiar el mundo, cambiar una sociedad injusta por un mundo donde las diferencias sociales no se establezcan en función de las diferencias económicas; donde no haya explotados, ni un capital que se enriquezca por el beneficio de explotar a los trabajadores. En definitiva, crear una sociedad socialista. Los objetivos son los mismos, aunque cambie la coyuntura y la realidad sobre la que actuamos.

P.- ¿Y cómo responde a quienes consideran hoy, cuando han transcurrido más de 25 años de la caída del régimen soviético, que se trata de una ideología del pasado o fracasada?

R.- Los problemas las desigualdades, las injusticias que existen en el siglo XXI son las mismas que las que había en los siglos XIX o XX. La experiencia de la aplicación de estas ideas en la Unión Soviética durante una etapa ha podido realizarse con mayor o menor acierto, mayor o menor fracaso. Pero la idea del comunismo sigue siendo no solo válida sino necesaria. Esa idea que existe de que el comunismo ha fracasado es un intento de la ideología dominante en este momento para acallar la que puede ser su alternativa. La verdad es que el mundo hoy no es más justo ni habitable que cuando se hundió la URSS. El socialismo ha demostrado que es capaz de cambiar la realidad.

La idea de que el comunismo ha fracasado es un intento de la ideología dominante por acallar su alternativa»

P.- ¿Los comunistas de hoy hasta qué punto tienen como referente a los revolucionarios de 1917?

R.- Somos hijos de la revolución soviética y estamos orgullosos. Evidentemente, el mundo en el que vivimos no es el mismo, pero hay elementos que curiosamente vuelven a estar de actualidad. Uno de los elementos fundamentales a la hora de que el Partido Bolchevique consiguiera el apoyos de gran parte de la clase obrera, del pueblo, fue su propuesta de paz. Rusia estaba en medio de una guerra y el Partido Bolchevique enarboló la bandera de la paz. Eso hoy es aplicable. Hoy el Partido Comunista, frente a los que intentan resolver los problemas de la humanidad bombardeando Siria, bombardeando Afganistán, llevando la guerra a muchos sitios, defendemos la paz. Una paz que puede ser costosa, como lo fue para  Lenin y para el Partido Bolchevique, pero que era fundamental para poder desarrollar sus ideas. Por eso los comunistas hoy defendemos la paz. También son un referente a la hora de intentar construir una sociedad donde el reparto de la riqueza se efectúe con una función social. Y también son un referente en lo relativo al derecho de las mujeres. Que en aquel momento un partido que defendía la llegada de la clase obrera al poder lo hiciera posible, sigue siendo una referencia pese a las diferencias de los momentos históricos.

P.- Pero lo cierto es que la URSS acabó colapsando, ¿cómo valoran esa caída? ¿No supuso un fracaso?

R.- No sé si llamarlo fracaso, pero es verdad que se produjo una derrota de un modelo de desarrollo del comunismo, del cual hay que aprender. Uno de los elementos de los que hay que aprender fue que no se desarrolló una democracia soviética. Y no me refiero a una democracia parlamentaria, porque tampoco es un modelo de democracia el que tenemos en los países occidentales. Me refiero a que no se desarrolló un modelo de democracia participativa y se produjo cierta separación entre la clase obrera y los dirigentes. También hubo elementos como el no ser capaces del desarrollo de la economía productiva, que hizo muy difícil su capacidad de competir. De los errores hay que aprender para mantener por encima de ellos el ideal. Lo que no ha fracasado es el ideal. Ha podido haber un problema de aplicación de la lucha soviética pero el ideal no ha fracasado.

P.- Entonces, algunos de los pecados que se cargan sobre el comunismo soviético, como las actitudes totalitarias, la violencia contra el disidente, etcétera…¿deben entenderse como errores particulares y no como fallos del sistema?

R.- El principal problema del comunismo soviético es que lo que en un principio nació bajo la idea de «todo el poder para los soviets», que era la base de la revolución, fue derivando en otro sistema político donde los soviets no eran precisamente un elemento participativo. Uno de los grandes problemas fue el abandono de la democracia soviética. Pero yo comparo la democracia soviética con el modelo occidental y éste tampoco es democracia. La URSS puede cargar con pecados bastante graves en su desarrollo. Pero el desarrollo de un modelo económico y de sociedad puede tardar siglos. Los errores del sistema comunista deben entenderse como parte de su desarrollo, como también los tienen otros sistemas, pero no pueden intentar utilizarse errores coyunturales para acabar con una ideología.

Los errores del sistema comunista deben entenderse como parte de su desarrollo»

P.- Buena parte de esos pecados del comunismo soviético han sido cargados sobre la figura de Stalin. ¿Qué opinión le merece?

R.- La figura de Stalin se puede valorar desde dos ámbitos. Desde el ámbito histórico, Occidente tiene que darle las gracias por participar en la II Guerra Mundial, porque se puede decir que si la cruz gamada no cuelga hoy de muchos balcones del mundo es, más que por las potencias capitalistas, por la entrada en la lucha de la URSS. La unión Soviética contribuyó a la derrota de nazismo en la IIGM. Desde un ámbito más ideológico, lo cierto es que la postura política, la forma de gobernar el Partido Comunista de Stalin corrompió y desvió el desarrollo de una democracia soviética hacia un sistema personalista que truncó el desarrollo democrático. Stalin no era el más lenilista de los líderes que aspiraban a suceder a Lenin.

P.- Pero el papel de Stalin en la guerra también genera controversia, porque firmó un pacto de no agresión con la Alemania nazi y sólo se involucró en la guerra cuando Hitler invadió el territorio ruso.

R.- No soy yo el que dice que Stalin salvó a Europa del nazismo. Y lo hicieron los propios líderes europeos. De todos modos, hay que tener en cuenta que en la Europa de entreguerras cada país jugó un papel diferente. La Europa occidental actuó queriendo contentar a Hitler de distintas maneras, dejándole actuar en la Guerra Civil española o permitiéndole anexionarse Austria o Checoslovaquia. En ese punto, Stalin jugó más como un líder nacionalista, que quiso proteger a su país, librarle de la guerra, firmando un pacto de no agresión. Desde un punto de vista internacionalista su actitud puede ser criticable, pero en ese momento actuó como líder nacionalista.

P.- Una de las grandes cuestiones a las que tuvieron que enfrentarse los líderes soviéticos fue el asunto de las nacionalidades. Primero, con una postura muy favorable a la libre determinación de los pueblos, pero que, con el tiempo, fue cambiando, al menos en la praxis. ¿Cómo encajarían asuntos como el de Cataluña en la ideología comunista?

R.- Desde el inicio, el Partido Bolchevique fue partidario de que los pueblos tuviesen el derecho a la libre determinación y somos partidarios de este derecho. Dicho eso, el Partido Bolchevique defendió la unidad de la URSS. Del mismo modo, nosotros, como comunistas, somos partidarios de que Cataluña es el estado español, porque creemos que un pueblo junto tiene más posibilidades de desarrollo, pero eso no es contrario a que los pueblos tengan derecho a independizarse.

P.- Fuera de la URSS, entre los otros modelos de comunismo que se han llevado a cabo, ¿alguno ha sabido plasmar ese ideal comunista?

R.- No hay ningún país en el mundo que aplique el modelo. Cada uno va adaptándose a sus circunstancias, que no son válidas para todos. Estamos viviendo experiencias diferentes de intentos de aplicación, como China, que algunos quieren calificarla como un capitalismo, pero nada más lejos de la realidad. China, Vietnam, están desarrollando proyectos del socialismo. También Cuba. Pero es una realidad muy difícil y complicada de llevar adelante en un mundo dominado por el capitalismo.

P.- ¿Qué le debe nuestra sociedad a la Revolución Rusa?

R.- A la Revolución Rusa y a todo el sistema que se desarrolló posteriormente le debemos gran parte de nuestros derechos sociales. El capitalismo no habla de esos derechos y los países capitalistas no los hubiesen reconocido sino hubiera un espejo en el que se miraban sus ciudadanos y que les llevaba a demandar esos derechos. Ese espejo era la Unión Soviética. Desde su desaparición estamos asistiendo a una pérdida de derechos. En la URSS hay que ver ese elemento, que actuaba como contrapeso del capitalismo.

P.- ¿Una ruptura como la que representó la Revolución Rusa sería posible a día de hoy?

R.- No. Hoy es posible y necesaria una revolución que tenga otros parámetros. Una revolución hoy necesitaría una gran participación social, una fuerte implicación de la gente, que se fuera organizando para ir poco a poco conquistando esferas de poder y, desde ahí ir promoviendo los cambios necesarios.

Hoy no sería posible una revolución como aquella, tendría que tener otros parámetros»

P.- ¿Es más difícil ser comunista en la actualidad?

R.- Siempre ha sido difícil ser comunista en un mundo capitalista y es normal. Si uno se plantea acabar con el capitalismo es normal que el capitalismo se revuelva. Pero no es más difícil que a principios del siglo o en la guerra civil.

P.- ¿Hasta qué punto Podemos, que comenzó hablando de revolución, ha recogido la tradición comunista?

R.- Escucho muy poco hablar a Podemos de revolución. Y menos de socialismo. Nosotros, en este caso, que trabajamos con Podemos en el grupo de Unidos Podemos, no entendemos que esté en el ámbito de una perspectiva comunista más allá de que algunos compañeros han pasado por las juventudes comunistas. Podemos plantea una postura que pretende una regeneración por la democracia, una apuesta por un nuevo proceso constituyente, pero yo no les escucho hablando de revolución.