La sociedad ha tardado mucho en plantarle cara a la violencia machista. La Ley, también. Una historia de un siglo de conquistas que la población más joven empieza a olvidar, según distintos estudios. Del crimen de honor al asesinato machista. Los cambios legales no se han acompañado de los de mentalidad, especialmente entre la población adolescente. Según se deja de jugar con muñecas (casi el 70% en manos de niñas), un tercio de ellas empieza a ver normal que sus compañeros las traten como tal: controlen su vestimenta, sus mensajes o sean directamente de su propiedad.

Durante décadas, las agresiones físicas y psicológicas contra las mujeres fueron toleradas y ocultadas. También por el Estado. El Código Penal franquista admitió hasta 1963 que el marido pudiera matar a su esposa en caso de adulterio. Era una de las muchas prerrogativas que la ley otorgaba al  hombre en una sociedad construida alrededor de la figura masculina, padre, marido, cabeza de la familia…


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El régimen obstaculizó hasta su caída el progreso de la mujer en España. La Constitución y el nuevo Código Civil rompieron con las discriminaciones de género, aunque las españolas tuvieron que esperar hasta bien entrada la primera década del siglo XXI para ver cómo sus derechos se equiparaban a los de las europeas en temas como el divorcio o el aborto.

En 2004, España se puso a la cabeza de la lucha contra el machismo con la Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género, aprobada por el Congreso de los Diputados. Sin embargo, las mujeres siguen siendo asesinadas: más 800 desde 2004, 45 en lo que va de año. Unas estadísticas que no contemplan la violencia fuera de una relación de pareja. Y los comportamientos machistas, visibles e invisibles, siguen en el germen de una sociedad que, pese a sus avances, sigue perdiendo a integrantes de la mitad de su población: sólo por el hecho de ser mujeres.