Con rotuladores negros y amarillos, Estefanía decidió dibujar un policía y un sol gigante. Podía haber pintado cualquier cosa mientras esperaba a su madre, pero ya que estaba en comisaría optó por un agente de pelo rubio. El color verde lo usó para que el suelo fuera césped y así poder pintar en medio del folio una flor roja, solo una, solitaria pero esperanzadora.

El 65% de las mujeres víctimas de la violencia de género acude a la Policía acompañada de sus hijos. Mientras ellas formalizan la denuncia, los agentes entretienen a los menores con juguetes y papel y lápices de colores para que pinten.  El dibujo de Estefanía está en una exposición en el Ayuntamiento de Valencia  junto a los trabajos de otros niños de entre 5 y 12 años que también llegaron con su madre al Grupo de Atención a los Malos Tratos (GAMA) de la Policía Local. Sus dibujos están expuestos para visibilizar el sufrimiento de los más pequeños, a menudo olvidado en los casos de violencia machista. Y harían falta mucho más que lápices de colores para poderlos ayudar.

Desde 2013, ascienden a 178 los menores que han quedado huérfanos en España por sus padres, parejas o ex parejas de sus madres

Los menores no solo son testigos del horror, también víctimas. Ocho niños han sido asesinados en lo que va de año por la pareja de su madre o su propio padre. Desde 2013, ascienden a 178 los menores que han quedado huérfanos en España y a 23 los que han sido asesinados por la persona que más debía quererlos y protegerlos, como el último caso en Alzira donde un padre degolló a su hija de dos años presuntamente como venganza porque su madre quería separarse. 

Desde 2015, los niños son considerados por la ley como víctimas de violencia de género por vivir en un hogar donde hay maltrato, pero los expertos reivindican que se dote de más recursos a juzgados y policía para poder atenderlos mejor. “Estar en un contexto de violencia tiene consecuencias muy graves para los menores”, explica Carmela del Moral, analista jurídico de Derechos de Infancia en la ONG Save the Children. “Estamos hablando de repercusiones en el desarrollo social y cognitivo, problemas de inseguridad y de aislamiento, de autoestima, de fobias, ansiedad, insomnio”. En el 80% de los casos de violencia en el hogar los hijos presencian las agresiones a sus madres y hasta ahora no existe un protocolo específico con el que tratarlos cuando sus madres denuncian las agresiones.

No hace falta que hayan sufrido la violencia contra ellos directamente para que les afecten en su desarrollo. “Los niños que son testigos de abusos no solo pueden sufrir somatizaciones, trastornos del sueño, de la alimentación, depresión, etc”, afirma Valentín Martínez-Otero, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UCM. “Además, el menor puede interiorizar el modelo de violencia machista. Las consecuencias pueden ser muy graves y duraderas. Por ello, es fundamental la evaluación de los menores víctimas de este tipo de violencia y asegurar un ambiente libre de esta violencia. Con carácter preventivo, hay que promover una educación antimachista desde la temprana infancia”.

En los últimos dos años, se han incorporado medidas para proteger a los menores, “pero todavía hay mucho que mejorar”, añade Del Moral. “Ahora, cuando en un divorcio hay una acusación de violencia de género el juez tiene que posicionarse y justificar por qué da un régimen de visitas u otro y debe hacerlo basándose en el interés del menor, pero los datos no reflejan el impacto de esa reforma”. Y añade: “La custodia no se debería dar nunca a un padre acusado de violencia de género. Un maltratador no puede ser un buen padre. A la hora de decidir el régimen de visitas hay que primar la seguridad del menor frente al derecho del padre a estar con su hijo. Todavía nuestro sistema judicial no está preparado para escuchar a los niños”.

A la hora de decidir el régimen de visitas hay que primar la seguridad del menor frente al derecho del padre a estar con su hijo

Desde Save the Children insisten en que lo importante es prevenir y detectar los casos antes de que nada vaya a más. “La ley de violencia de género ha sido un gran avance para poner en el foco la violencia contra la mujer, que ha pasado de ser considerada un asunto privado a un asunto público, pero en la violencia contra la infancia todavía no se ha dado ese salto. Aún se considera en muchas situaciones que es un asunto familiar, cuando en realidad es un asunto público”, añade Del Moral. “No se puede tener al menor repitiendo cinco veces -en cinco declaraciones distintas- qué ha pasado en su casa porque supone que el menor reviva el trauma”, advierte Del Moral. “Los equipos psicosociales deberían tener una formación específica para saber escuchar a la infancia. Hay poca formación en el sistema judicial para tratar niños en casos de abusos. Hay que saber entender sus palabras, lo que te cuentan sin contar y evitar la revictimización. Hacérselo repetir es hacérselo revivir”.

“Hay que singularizar, personalizar, todo lo posible la atención a los menores, en función de sus características y circunstancias”, recuerda Martínez-Otero.  “Además, para evitar que niños y adolescentes pasen por procesos de valoración innecesarios, hay que tener en cuenta las evaluaciones previas y dejar que se expresen. Solo así se puede actuar lo antes posible y neutralizar en lo posible las consecuencias negativas derivas de la violencia”.

Hay que saber escuchar a los niños víctimas de malos tratos la primera vez y no hacérselo repetir, porque es hacérselo revivir”

Asimismo, las madres que acuden a denunciar con niños necesitan, según Save the Children, un apoyo específico con una perspectiva de infancia que va desde el acompañamiento a los juzgados, al cambio de colegio, con especial atención al apoyo psicológico de los menores con personal especializado. También faltan medios para proteger a los menores en los colegios. “Se descarga sobre los profesores demasiada presión que puede hacerles plantearse si es conveniente o no denunciar cuando hay sospechas, pero siempre es mejor una falsa alarma que un arrepentimiento posterior por no haber puesto en marcha los mecanismos de protección del menor en riesgo”, advierte Del Moral, que pide a las administraciones públicas mayor coordinación para fomentar la prevención y detección de casos antes de que sea demasiado tarde.

Al año se producen unas 4.000 denuncias de casos de violencia contra menores en el ámbito familiar. A juicio de los expertos, esta ley debería ser similar a la que existe sobre violencia de género y garantizar unos estándares mínimos de atención a los niños en las diferentes comunidades. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), también pide diligencia a los responsables políticos para impulsar una ley orgánica que ayude a erradicar la violencia contra la infancia, tal y como aprobaron en septiembre los grupos parlamentarios en una Proposición no de Ley (PNL) en el Congreso de los Diputados. El Gobierno deberá presentar el año próximo un borrador para la protección de la infancia y el Ministerio de Sanidad ya está trabajando en un texto nuevo. “Necesitamos crear un clamor popular de que esta ley hace falta para dar una solución integral a la violencia contra los niños en todos los ámbitos”, apunta Del Moral. “En la protección de la infancia ha habido siempre mucho consenso y poca contundencia”.

Hacen falta mucho más que lápices de colores para atender a un niño que llega a una comisaría de policía o un juzgado. El dibujo que hizo Estefanía está colgado en la exposición Las Otras Víctimas para recordárnoslo.