El jefe de gabinete de Mariano Rajoy, el catalán Jorge Moragas, ha dejado su puesto, convirtiéndose en la primera víctima de los pésimos resultados obtenidos por el Partido Popular en las elecciones catalanas. El nuevo destino del político popular, cuyo cese se ha aprobado este viernes en el Consejo de Ministros, será el de la embajada española ante la ONU.

Moragas, uno de los ideólogos de la estrategia de los populares en Cataluña, llevaba seis años como jefe de Gabinete de Rajoy. Además, es diputado nacional por Barcelona.

Según ha explicado a Europa Press, tomó esta decisión hace un año tras la formación del segundo gobierno de Mariano Rajoy con la intención de dar «un cambio profesional importante» y «dejar la primera línea de la política». Moragas ha admitido que también pesa en su decisión «razones personales y familiares» y que ha meditado este paso junto al jefe del Ejecutivo, con el que acordó llevarlo a cabo después de las elecciones autonómicas en Cataluña.

En todo caso, y por mucho que desde el gabinete de Presidencia se insista en que el relevo «estaba ya planeado hace mucho tiempo» y hoy «tocaba el nombramiento», es imposible desvincularlo del fiasco electoral de este jueves. Recuerdan otras fuentes monclovitas consultadas por El Independiente que «ya intentó ser embajador en Washington y se lo burló Morenés».

Rechazó dos ministerios que le ofreció Rajoy pues Exteriores no estaba entre ellos

Moragas, uno de los hombres de más estrecha confianza de Rajoy, aspiró a ser ministro de Exteriores tras las elecciones del 26-J. El presidente le llegó a ofrecer dos ministerios alternativos, pero no aceptó ninguno de ellos y prefirió seguir en la «sala de máquinas» de Presidencia, desde donde ejercía una gran influencia. Sin embargo, había perdido pie en Génova donde tuvo mando en los comités electorales de los comicios generales de 2015 y 2016, para luego irse diluyendo.

En todo caso, era considerado un «peso pesado» del PP catalán, y el hundimiento le perseguirá como causa de su marcha a Nueva York, un destino, por cierto, nada desdeñable para este embajador de carrera.