Bulgaria asumió este lunes la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea, tomando el relevo de Estonia. Sofía será hasta julio de 2018, cuando el poder se traslade a Austria, el eje de buena parte de la política comunitaria. Bruselas teme que sean meses turbulentos: lejos de los focos habitualmente centrados en Polonia y Hungría, en Bulgaria la extrema derecha también ha crecido paulatinamente hasta asentarse como miembro decisivo de la actual coalición de gobierno. Y sus lenguaraces ministros tendrán un papel fundamental en la coordinación europea durante los próximos seis meses.

Se trata de representantes políticos como el viceprimer ministro Valeri Simeonov, capaz de acusar en el Parlamento a los gitanos de ser “monos feroces dispuestos a matar para robar unas levas”, y a sus mujeres de tener “los instintos de una puta callejera”.

Esta ultraderecha, agrupada bajo la marca Patriotas Unidos, tiene 27 de los 240 escaños de la actual Asamblea Nacional, pero sirve de soporte al gobierno conservador del GERB presidido por Boyko Borisov. La coalición la conforman tres partidos de indisimulada tendencia extremista: Attaka, el Movimiento Nacional Búlgaro y el Frente Nacional por la salvación de Bulgaria. El Partido Popular Europeo, al que está afiliado el GERB, ya se refirió en 2014 a la coalición ultraderechista como un “socio intolerable”, según el presidente del PPE en el Parlamento, Joseph Daul. Pero las advertencias, hasta el momento, no han servido de nada.

Patriotas Unidos cuenta, además de con el viceprimer ministro Simeonov, con tres carteras relevantes en el actual gobierno búlgaro: Defensa (Krasimir Karakachanov), Economía (Emil Karanikolov) y Medio Ambiente (Neno Dimov). Y ninguno de sus titulares ha estado exento de polémicas ni de actitudes que comprometen seriamente su idoneidad como coordinadores de la política comunitaria durante la presidencia búlgara del Consejo de la UE.

Dimov, que coordinará el consejo de Medio Ambiente de la UE, dice que el calentamiento global es ‘una manipulación’

Sin ir más lejos Neno Dimov, que presidirá y organizará el consejo de Medio Ambiente de la Unión Europea durante los próximo seis meses, es un negacionista del cambio climático y el calentamiento global. Una posición que no ha dudado en defender en público, antes y durante su desempeño como máximo responsable de la materia.

El ministro de Medio Ambiente, Neno Dimov.

“Los defensores del desarrollo sostenible nos amenazan con el calentamiento global. Las Naciones Unidas no tienen ningún panel dedicado al calentamiento global y sí al cambio climático. Pero el clima cambia constantemente. Esta debería ser la principal prueba de que el asunto es más una manipulación que una preocupación seria”, defendía Dimov en un vídeo publicado en diciembre de 2015 en el que sostenía posiciones negacionistas hablando a cámara durante más de siete minutos.

Para el coordinador europeo de la política medioambiental durante el próximo medio año, el cambio climático no es más que una corruptela. Defiende que el impacto de reducir en un 40% las emisiones en la Unión Europea será mínimo, salvo por los “500 billones de euros” que según sus cálculos se moverán en toda Europa para adaptar tecnologías. “Esta es la clave. Imaginad qué gran negocio será para los Estados, qué enorme redistribución de la riqueza”, añadía en el mismo vídeo.

Y en efecto, el Medio Ambiente no figura entre las prioridades búlgaras de cara a su presidencia rotatoria. Sí lo están las políticas de juventud, la economía digital, la integración de los Balcanes en el proyecto europeo y la “estabilidad y seguridad” de las fronteras contra el terrorismo internacional.

‘La fuerza de las armas’ contra los refugiados

Sobre este último punto, Bulgaria tiene mucho que decir por su rol como principal conexión terrestre tanto con Grecia como con Turquía en la ruta de los refugiados. Y su posición ha distado mucho de ser ejemplar. La retórica de su gobierno es dura, las condiciones de confinamiento de los buscadores de asilo que recalan en Bulgaria han sido ampliamente criticadas y en el país se han llegado a tolerar las patrullas civiles de ultras que vigilan armados las alambradas fronterizas y devuelven en caliente a refugiados, vestidos con uniformes paramilitares y no siempre de forma pacífica.

Bulgaria ha dado especial relevancia a la ultraderecha para lidiar con este problema. De hecho, los ministros Krasimir Karakachanov y Emil Karanikolov, ambos nominados por Patriotas Unidos, formarán parte hasta julio de 2018 del consejo de Asuntos Exteriores de la UE, que reúne a los responsables del ramo de todos los Estados miembro.

El ministro de Defensa búlgaro, Krasimir Karakachanov.

El ministro de Defensa búlgaro, Krasimir Karakachanov.

Karakachanov probablemente defenderá la misma posición que sostuvo el pasado mes de agosto durante una entrevista con el medio alemán Die Welle: “Debemos desplegar fuerzas de la Unión Europea y de la OTAN en Italia y Grecia y defender las fronteras exteriores de la UE por la fuerza de las armas si es necesario”. Karanikolov ha mantenido un perfil más bajo, aunque pilotó en su día los procesos de privatización de grandes empresas estatales herederas de la época comunista y se le relaciona con el súper magnate Delyan Peevski, propietario de la amplia mayoría de medios de comunicación del país.

Lo cierto es que la inmigración es un tema sensible en Bulgaria. Pese a que el país pierde población a pasos agigantados -casi 9 millones de habitantes en 1989 y una previsión de 5.5 millones en 2050- y la juventud emigra en masa, el recuerdo de la ocupación otomana todavía está vivo y no hay especial simpatía hacia las minorías musulmanas, que actualmente representan al 7,8% de la población.

Viceprimer ministro condenado por discriminación

En este sentido y en otros, la figura más polémica con diferencia ha sido la del viceprimer ministro Valeri Simeonov, ex miembro de Attaka y líder fundador del Frente Nacional para la salvación de Bulgaria. “No necesitamos refugiados sin educación. Tienen una cultura diferente, religión diferente, incluso diferentes hábitos diarios. Y gracias a Dios, Bulgaria, hasta ahora, es uno de los países más bien defendidos de la afluencia de inmigrantes de Europa”, dijo este año. El pasado mes de octubre, Simeonov fue declarado culpable de un delito de discriminación hacia las minorías por un discurso pronunciado en el Parlamento búlgaro en 2014, cuando todavía no formaba parte del gobierno.

En un discurso parlamentario, Simeonov llamó a los gitanos ‘monos feroces’ y dijo que sus mujeres ‘tienen los instintos de una puta callejera’

“Es un hecho innegable que una gran parte de los gitanos viven fuera de las leyes, las reglas y las normas generales de comportamiento humano. Las leyes no se les aplican, los impuestos son un concepto incomprensible para ellos. El coste de la electricidad, el agua o la seguridad social se ha sustituido por la creencia de que tienen sólo derechos, pero no obligaciones ni responsabilidades”, dijo Simeonov sobre la comunidad romaní en Bulgaria, una de las más extensas de toda Europa.

Su discurso es buena muestra de una retórica común en el país, pero su nivel de virulencia le ha hecho merecedor de una sentencia prácticamente sin precedentes dentro de un sistema judicial puesto en entredicho, pero que no ha pasado por alto sus exabruptos.

El viceprimer ministro búlgaro, Valeri Simeonov.

El viceprimer ministro búlgaro, Valeri Simeonov.

En su intervención ahora censurada, Simeonov decía de los gitanos que “para ellos el robo se ha convertido en una forma de vida, violar las leyes en un negocio provechoso a expensas del Estado, y la educación de su descendencia consiste en enseñar a los niños cómo mendigar, prostituirse, robar y vender drogas”.

La educación de su descendencia consiste en enseñar a los niños cómo mendigar, prostituirse, robar y vender drogas’, defendía el ahora viceprimer ministro

Durante el encendido discurso, el ahora viceprimer ministro búlgaro se preguntaba cómo una parte de la población que durante la época socialista trabajó “y contribuyó a la creación de bienes públicos”, se ha convertido ahora en “humanoides dispuestos a matar para robar unas pocas levas” y en “monos arrogantes, feroces y presuntuosos, que piden sueldos sin trabajar, bajas sin estar enfermos, pagas para niños que juegan con cerdos en la calle y beneficios de maternidad para mujeres con los instintos de una puta callejera”.

Pese a que el discurso generó la previsible reacción de la comunidad romaní, ONG’s y entidades sociales en los tribunales, nada ha impedido a Simeonov convertirse en uno de los principales activos del actual gobierno, si bien es cierto que ha rebajado el tono de sus intervenciones.

En un giro sórdido, en mayo de 2017 fue nombrado director del Consejo Nacional para la Integración de las Minorías Étnicas en Bulgaria. Una decisión que levantó ampollas a nivel europeo y que fue calificada como “una broma cruel y nauseabunda” por la europarlamentaria sueca Soraya Post, hija de una mujer romaní y una de las principales voces de los derechos de la minoría gitana en el Parlamento Europeo.

Ahora, y quizá como gesto, la organización de la presidencia rotatoria de Bulgaria no le ha incluido en ninguno de los diez consejos especializados que marcarán desde Sofía la agenda europea este 2018.