Cinco años y siete meses lleva el fundador de WikiLeaks, la gran plataforma filtradora de documentos secretos, en la embajada ecuatoriana en Londres. Julian Paul Assange (Townsville, 1971) es ya ecuatoriano, como había solicitado en septiembre pasado. Así lo ha confirmado la ministra de Exteriores, María Rosario Espinosa, que califica de “insostenible” la situación del activista, australiano de nacimiento. Con nuevo pasaporte, ¿ahora qué puede pasar?

Cuando entró disfrazado de motero, con lentillas verdes y su cabellera blanca teñida de pelirrojo, el 19 de junio de 2012, en el Reino Unido pre Brexit gobernaba David Cameron, la UE peleaba con la crisis bancaria y Hillary Clinton era secretaria de Estado en una Administración Obama, donde un Trump presidente parecía pura política ficción. Pidió asilo político y se lo concedieron dos meses después. Ahora presume como ecuatoriano en su Twitter con la camiseta de la selección.

Han cambiado algunos líderes, siguen las estructuras de poder que denuncia Wikileaks y permanece aún más inalterable su entorno en las oficinas de Knightsbrigde. “Lo peor que pueden hacer es dejarme aquí porque no dejo de trabajar”, ha declarado en reiteradas ocasiones. Efectivamente WikiLeaks sigue publicando documentos, que hacen temblar hasta a las agencias de inteligencia más sofisticadas. En 2010 el Pentágono llegó a tener a 120 personas escrutando lo que hacía esta plataforma y tratando de frenar sus filtraciones.

Es como estar en la Estación Espacial, sin luz que guíe tu reloj interno”, ha reconocido Julian Assange

Desde aquel día de junio de 2012 Assange solo ha estado al aire libre las pocas veces que sale al balcón a leer algún comunicado a sus seguidores. “Es como estar en la Estación Espacial sin luz que guíe tu reloj interno”, ha reconocido Assange en las entrevistas. Hace tiempo se hizo con una pequeña lámpara de rayos V que le ayuda a no parecer translúcido. Ni siquiera puede recibir atención hospitalaria. Tiene pendiente un escáner por una dolencia en el hombro pero no ha obtenido permiso de los británicos para salir por esta razón.

En noviembre de 2015 un psicólogo aseguraba que su condición se iba deteriorando con fases depresivas, según puede leerse en un amplio retrato publicado por The New Yorker. En varias ocasiones se ha temido por su salud. “¿Qué importa lo que yo esté viviendo? ¡Lo que importa es la lucha política!”, clamaba ante Lady Gaga, una de las personalidades a las que ha permitido acceso directo.

El fundador de WikiLeaks decidió refugiarse en la embajada de la República de Ecuador cuando agotó todos los recursos legales en el Reino Unido para evitar su extradición a Suecia, donde dos mujeres presentaron demandas contra él por acoso sexual. En concreto, le reprochaban no haber utilizado preservativo, aunque se lo exigieron tras mantener relaciones sexuales. Las dos acudieron a hacerse la prueba del VIH y a denunciar. “Suecia es la Arabia Saudí del feminismo”, suele decir Assange sin reparos. Corría el verano de 2010 y WikiLeaks estaba en pleno auge.

Suecia emitió una orden europea de captura y por ello actuó la justicia británica. Sin embargo, desde el pasado 19 de mayo, tras prescribir parte de la causa y otra parte no avanzar por falta de pruebas, Suecia ya no le reclama.  Sin embargo, sí lo hace el Reino Unido por violar las condiciones de la prisión preventiva al no presentarse ante el juez el 29 de junio de 2012.

El temor de Assange va más allá: Assange está convencido de que si se entrega a la justicia británica, EEUU activará una orden de extradición y le aplicarán la Ley de Espionaje, que data de hace 100 años, por filtrar documentos comprometedores para EEUU con el riesgo de una pena de cárcel de por vida. Es curioso que medios internacionales como The New York Times, que difundieron informaciones filtradas por WikiLeaks, no estén igualmente expuestos. “Nunca en la historia de EEUU se ha actuado contra un editor por publicar información verdadera. Sentaría un precedente para actuar contra organizaciones de noticias”, reconocía Ben Wizner, abogado de la ACLU, a The New Yorker.

Nunca en la historia de EEUU se ha actuado contra un editor por publicar información verdadera. Sentaría un precedente”

A Manning, hoy Chelsea Manning tras su cambio de sexo, le condenaron a 35 años por hacer llegar a WikiLeaks los llamados papeles de Afganistán (julio de 2010) y de Irak (octubre de 2010). Sobre Afganistán eran 77.000 documentos desclasificados que revelaban la muerte de 20.000 afganos. Acerca de Irak se dieron a conocer 400.000 documentos, que demostraban el uso sistemático de torturas y por primera vez daban una cifra de muertos, 109.000, la mayoría civiles. El Pentágono acusó a WikiLeaks de poner en peligro la seguridad de las tropas de EEUU.

De abril de 2010 data el video titulado Collateral Murder, difundido por Wikileaks, donde puede verse cómo soldados de EEUU matan a varios civiles, entre ellos un cámara de Reuters. Obama le perdonó al final de su mandato, después de que Manning intentara suicidarse dos veces.

Assange ha visto pasar por los poco más de 300 metros cuadrados del piso de la legación ecuatoriana tres embajadores: Ana Albán, quien le recibió y con quien terminó llevándose bien; Juan Falconí, que apenas estuvo 21 meses, y ahora convive con Carlos Abad, a cargo desde hace dos años y medio.

Desde el piso londinense, descuelgan el teléfono pero no atienden peticiones de entrevistas y derivan a Quito, donde la jefa de la diplomacia ha reconocido esta semana que el 20 de diciembre Ecuador había solicitado al Reino Unido que acredite a Assange como funcionario diplomático ecuatoriano. La demanda fue rechazada. También se están explorando otras vías, “en diálogo con el Reino Unido”, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y se ha apelado a un tercer país para que intervenga como mediador.

Nadie debería pretender que concederle la nacionalidad ecuatoriana sea una solución”, dice un portavoz británico

Para el gobierno británico todo sigue igual. “Conceder la nacionalidad ecuatoriana no cambia de ningún modo el estatus legal de Julian Assange en el Reino Unido. Julian Assange ha violado los términos de su libertad condicional establecidos en 2012 y escogió entrar en la embajada de Ecuador por voluntad propia. El Gobierno de Ecuador sabe que el modo de resolver la situación es que Julian Assange deje la embajada para hacer frente a la justicia”, asegura un portavoz. “Nadie debería pretender que concederle la nacionalidad ecuatoriana sea una solución para este asunto de antiguo”, añade.

También aclara el Gobierno británico que su política es ni confirmar ni desmentir que se haya hecho o recibido una petición de extradición hasta que no se haya hecho un arresto en relación con esa petición. Durante los primeros años la vigilancia de Scotland Yard para evitar la fuga era intensiva. Hasta octubre 2015 el coste rondaba los 10,5 millones de libras. Desde entonces, para reducir gastos, se redujeron los efectivos y se hace de forma encubierta. A su vez Assange y su equipo vigilan a los que les vigilan con cámaras desde la legación. Al principio, estaban obsesionados con un posible asalto.

Al presidente ecuatoriano Rafael Correa le ha sucedido Lenín Moreno, también de Alianza País, pero con un perfil más moderado. Ecuador sigue comprometido en la protección de Assange, como demuestra ese intento, fallido de momento, por lograr la inmunidad diplomática.

“El actual gobierno sí quiere distanciarse de Correa en el tema de la corrupción, por ejemplo, y en un estilo más dialogante con otras fuerzas políticas, empresarios y periodísticas. Pero en política exterior preserva constantes del periodo anterior. El discurso anti imperialista se mantiene. Se evita una crítica abierta a Venezuela. El tema de Assange les permite, en contra de las críticas de Correa, decir al mundo: no claudicamos y defendemos los valores internacionalistas”, explica Carlos Malamud, investigador especializado en América Latina del Real Instituto Elcano.

“A los ecuatorianos no les gustó cómo se inmiscuyó en el referédum catalán. El presidente Lenín Moreno le amonestó y ahora tiene un perfil más bajo. El compromiso puede haber sido: no intervienes en temas internacionales, y nosotros redoblamos los esfuerzos para acelerar la salida de la embajada”, afirma Malamud, quien no cree que acabe en Ecuador. “Para las aspiraciones de Assange, Ecuador parece poca cosa. Londres es un escaparate internacional”, añade el experto.

Sabremos cómo actuar si vuelve a hablar de Cataluña”, dice el presidente de Ecuador, Lenín Moreno

Su actividad a propósito de Cataluña ha sido frenética y disparatada. Hay días que llegó a publicar tuits sobre el proces cada 13 minutos. Muchas veces era información errónea. Llegó a comparar la actuación de las fuerzas de seguridad en el referéndum ilegal del 1-O con la represión en Tiananmen. En su última visita a Madrid, el presidente Lenín Moreno, dijo a ABC: “Sabremos cómo actuar si vuelve a hablar de Cataluña”.

“Assange ha transformado mucho la imagen que tiene o la identidad que ha construido en los últimos meses. Ha pasado de ser un ‘héroe de la transparencia y la información al mundo’ a una figura vinculada a movimientos nacionalistas (como Cataluña) e incluso en la esfera pro-rusa (con lo que ello conlleva hoy en día). De abrir la información al mundo a no entender lo que realmente ahora comunica”, señala Alex Rayón, profesor de Big Data en la Universidad de Deusto.

Incluso en su encierro en ese pequeño pedazo de tierra ecuatoriana en Londres ha logrado estar en el foco de la atención mundial. Se deja ver con Pamela Anderson, o con Noam Chomsky, ha colaborado con RT, y su plataforma, pese a los bloqueos de bancos y servicios financieros, recauda millones de dólares al año.

Gracias a estos fondos, continúan publicando filtraciones como los emails del Congreso Nacional Demócrata que tantos dolores de cabeza crearon a Hillary Clinton, a quien Assange desprecia como encarnación de todo contra lo que lucha. Desvelaban los tejemanejes internos a favor de la ex secretaria de Estado y en contra de Bernie Sanders. La sospecha, que indigna a Assange, es que llegaron a través del Kremlin. “Adoro a WikiLeaks”, llegó a decir Trump en la campaña. Sin embargo, su fiscal general, Jeff Sessions, aseguró que Wikileaks era su objetivo número uno.

El equipo jurídico de WikiLeaks explicaba en el documental Hacking Justice (El juez y el rebelde) de Julián Pancorbo y Clara López Rubio cómo EEUU lleva años preparando el procedimiento con un gran jurado contra la plataforma y su fundador. Aunque Trump es imprevisible, y hay algunos medios en EEUU que especulan con que perdonaría a Assange, parece que no tiene todas las garantías. Mucho se ha especulado con su simpatía al presidente de EEUU, o al líder ruso, Vladimir Putin, lo que niega el activista.

En este documental se retrata la actuación del juez español Baltasar Garzón en el equipo jurídico de Julian Assange. Consideran que el cerco se estrechó más aún, según la jurista guatemalteca Renata Ávila, cuando WikiLeaks ayudó a llegar hasta Moscú a Edward Snowden, ex empleado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que desveló secretos de la inteligencia de EEUU.

Las variadas formas de privación de libertad que sufre Assange constituyen una forma de detención arbitraria”, ha reconocido la ONU

El juez Garzón ha sido clave para lograr que el Grupo de Trabajo de la ONU sobre detenciones arbitrarias dictaminara a favor del activista. Según expuso Christophe Pechoux, portavoz del panel, “las variadas formas de privación de libertad que ha sufrido Julian Assange constituyen una forma de detención arbitraria”. Apelaba al Reino Unido y Suecia a acatar la decisión, lo que no hicieron. Antes, Assange había lanzado un órdago al prometer entregarse si perdía esta baza.

En El juez y el rebelde, Garzón argumenta que Assange está en un limbo jurídico, en una especie de Guantánamo, aunque cuenta con el buen trato de los funcionarios ecuatorianos, y el apoyo incondicional de su equipo. “Gran Bretaña tendría que atender el derecho de asilo. Su argumento es que ha sido el Tribunal Supremo el que ha tomado una decisión, que prima sobre el derecho de asilo. Pero el derecho humano de asilo está ahí. Son compatibles estas dos acciones. Hay que encontrar la fórmula”, señala Garzón en esta cinta. “Assange está perseguido por revelar abusos de poder”, concluye el juez.

Así se ve Assange, como una especie de Robin Hood del siglo XXI, un libertador, cuyo escenario es el globo terráqueo. “Lo que pretende WikiLeaks es que los ciudadanos accedan a la información de los grandes consorcios del poder mundial”, asegura. Empezó a hackear en la adolescencia y descubrió el poder que da manejar información. Con su madre salió huyendo de un padrastro mesiánico, que pertenecía a una secta enloquecida, y desde la adolescencia ha sido un nómada. Sus hijos viven con nombre secreto, y dice que lo que no perdona es haberse perdido cómo han crecido estos años.

“Estamos en conflicto con el mayor imperio que haya existido nunca. Sobrevivir ya es excepcional”, afirma Assange, siempre temeroso de ser atrapado o envenenado. En el documental Risk de Laura Poitras dice que no se ve cómo un mártir. “No somos mártires pero asumimos riesgos. Si no luchas por lo que crees, ya estás perdiendo”.  ¿En qué cree Assange? Esa es la cuestión.