El presidente francés, Emmanuel Macron, ha abierto algo la mano en su segunda jornada de visita a Córcega, al aceptar estudiar un cierto reconocimiento a la isla en la próxima reforma de la Constitución, pero ha dejado claro que la oficialidad del francés es intocable. Macron ha echado así por tierra las aspiraciones del nacionalismo corso, que se miran en el ejemplo catalán para reclamar un reconocimiento oficial para su lengua.

“No hay un solo idioma en la República que sea tan fuerte como el idioma corso, que se enseña a 34,000 estudiantes” ha afirmado el presidente francés en su cuenta de twitter. Pero ha dejado claro que “El bilingüismo no es cooficialidad. Es el reconocimiento de una peculiaridad en la República. Pero hay un idioma oficial, sedimento de nuestra Nación: el idioma francés” y concluye que “El apoyo al idioma corso debe ser parte de una lógica de apertura y no de discriminación”.

La primera visita de Macron a Córcega, marcada por la victoria del nacionalismo en las últimas elecciones regionales, se ha seguido desde el independentismo catalán como un ejemplo de liderazgo del presidente francés a la hora de asumir la victoria del nacionalismo en una región francesa con fuertes pulsiones independentistas. Un ejemplo que utilizan para destacar el inmovilismo y la negativa frontal al diálogo de Mariano Rajoy. Obvian, sin embargo, que las aspiraciones corsas se verían satisfechas con el nivel de autonomía que el independentismo considera insignificante.

Lo cierto, sin embargo, es que el paso de Macron por la isla de la belleza se ha convertido en una demostración de fuerza de la República frente al secesionismo, con la sombra de la crisis catalana muy presente para todos los actores. Quizá por eso el presidente francés ha hecho coincidir esa visita con el vigésimo aniversario del asesinato a manos de nacionalistas corsos del prefecto Claude Érignac, ante cuya viuda Macron se comprometió a no ceder ante los nacionalistas que abogan por una amnistía para los terroristas corsos a la que el ejecutivo francés se opone frontalmente.

De hecho, Macron dejó claro que no piensa utilizar la palabra “negociación” en sus relaciones con el nacionalismo corso. Un nacionalismo que estos días intenta distanciarse del catalán y su vía unilateral, en la que los medios franceses ven un riesgo real de contagio con un gobierno integrado por la alianza nacionalistas y secesionistas.

El nacionalismo corso se convirtió en las elecciones del pasado diciembre en primera fuerza de la isla con más de la mitad de los sufragios y la promesa de luchar por un estatuto de autonomía para la isla similar al de las comunidades autónomas españolas. Preguntado por el caso catalán, el líder del gobierno regional, Gilles Simeoni, insistía ayer en que los catalanes están en otra fase para dejar claro que su gobierno sólo quiere más autonomía dentro del respeto a la legalidad francesa.