Un meme recurrente en las noches de Eurovisión. Un nombre que es en sí mismo una clase de historia. Una denominación que debía ser provisional pero que pesa como una losa desde 1995. Fue la única solución a la que se avino Grecia para que la autodenominada República de Macedonia pudiera participar en las instituciones internacionales. Hace 23 años que este territorio balcánico se tuvo que contentar con una ensalada de siglas para existir a nivel global: Antigua República Yugoslava de Macedonia. O FYROM, por su abreviatura en inglés (Former Yugoslavian Republic Of Macedonia).

Existir con matices. El país siempre ha usado el nombre FYROM por obligación. Y nunca ha renunciado a reclamar como oficial y reconocido el de República de Macedonia. Sin embargo, esa aspiración ha truncado su carrera por unirse tanto a la OTAN como a la Unión Europea. Grecia ha amenazado históricamente con vetar los procesos de adhesión internacional de su vecino si éste no renunciaba a la nomenclatura ‘Macedonia’, sin más adjetivos, que el país heleno entiende como una reivindicación nacionalista sobre la totalidad del antiguo reino de Macedonia, que se extendía principalmente por el norte de Grecia y la región de Salónica, pero también por Bulgaria, el sur de la actual Macedonia y algunas zonas de Albania.

Esa Macedonia histórica es la de Alejandro Magno, que 2.341 años después de su fallecimiento sigue marcando decisivamente la vida política de este rincón de Europa, desde el que expandió su imperio hacia el sur y hacia el este. Pero no hacia el norte. De hecho, es probable que Alejandro Magno jamás llegara a pisar los terrenos sobre los que hoy se levanta Skopje, la capital de la FYROM, plagada de monumentos en su honor, instalaciones con su nombre y símbolos que, según mantiene el gobierno griego, tratan de apropiarse del legado histórico de una herencia compartida por un imperio que nació en el Egeo y llegó casi hasta la India.

Extensión del imperio macedonio en su época de mayor extensión, en el siglo IV a.C.

Extensión del imperio macedonio en su época de mayor extensión, en el siglo IV a.C.

La polémica por el nombre se recrudeció especialmente entre 2006 y 2017, durante los mandatos nacionalistas del VMRO-DPMNE (Organización Revolucionaria Interna de Macedonia – Partido Democrático por la Unidad Nacional de Macedonia), que puso en práctica la estrategia de la ‘Antikvizatzija’, basada principalmente en construir monumentos o renombrar los ya existentes para reclamar el legado de Alejandro Magno como fuente histórica directa del actual país. También se aplicó esta estrategia a infraestructuras públicas, como el aeropuerto de Skopje o la autopista E-75, que conecta a la capital con Grecia. Ambos fueron rebautizados con el nombre de ‘Aeropuerto Alejandro Magno’ y ‘Autopista Alejandro Magno’.

Viandantes en la plaza principal de Skopje, donde los gobiernos nacionalistas han erigido en los últimos años figuras mitológicas del antiguo reino de Macedonia para reclamar su herencia sobre el actual país.

Viandantes en la plaza principal de Skopje, donde los gobiernos nacionalistas han erigido en los últimos años figuras mitológicas del antiguo reino de Macedonia para reclamar su herencia sobre el actual país. EFE

El movimiento fue un desafío intolerable para Grecia, que en el año 2008 vetó el ingreso de Macedonia en la OTAN alegando que los nacionalistas del país vecino estaban difundiendo mapas en los que incluían a Salónica y el norte de Grecia dentro de una ‘Macedonia unida’, que el propio Gobierno apoyaba estas teorías y que en la capital se había sustituido la cruz blanca de la bandera griega por una esvástica. El 95% de los griegos manifestó entonces estar a favor del veto. Sólo un 1% lo rechazaba. Según la prensa helena, tanto Francia como España apoyaron «firmemente» al gobierno de Atenas en su oposición a que la FYROM entrara en la OTAN bajo esa denominación provisional, como pretendía Estados Unidos.

El fracaso y el resurgir de ‘Macedonia Norte’

La crisis diplomática obligó a abrir una nueva ronda de negociaciones, tuteladas por el diplomático norteamericano Matthew Nimetz, que lleva dedicado exclusivamente a este caso desde 1994. El texto propuesto a las partes en aquel momento incluía el mantenimiento del nombre ‘República de Macedonia’ en el interior del país, pero el nombre oficial de ‘República de Macedonia Norte’ en el exterior y en sus relaciones bilaterales con el resto del mundo. También este sería el nombre que aparecería en el pasaporte de sus ciudadanos, tanto en inglés como en francés. Al mismo tiempo, ni Grecia volvería a bloquear la integración de ‘Macedonia Norte’ en organismos internacionales, ni ninguno de los dos países seguiría adelante con sus reclamaciones territoriales sobre el otro.

La propuesta fue vista en Macedonia como una vaguedad que necesitaría «serios cambios». Al gobierno griego no le parecía mal, hasta que un cable filtrado de la embajada norteamericana en Atenas desveló que el acuerdo había sido diseñado por el gobierno de Estados Unidos como un guiño hacia Skopje. La reacción pública en el país heleno fue enorme y afloraron las críticas contra el Ejecutivo por «tolerar la interferencia norteamericana» en un asunto que afecta directamente al orgullo nacional.

En las protestas organizadas en Atenas contra la negociación se pueden leer mensajes como el de este escenario: 'Macedonia significa Grecia'.

En las protestas organizadas en Atenas contra la negociación se pueden leer mensajes como el de este escenario: ‘Macedonia significa Grecia’. EFE

Las conversaciones, con ligeros períodos de deshielo, quedaron en vía muerta hasta el 31 de mayo de 2017, cuando el socialdemócrata Zoran Zaev, partidario de impulsar definitivamente una solución al conflicto, consiguió desalojar del poder al nacionalista VMRO. La cuestión del nombre está siendo central en su mandato. Y no es para menos: es el principal lastre que frena el acceso a la Unión Europea de un país al que la Comisión ha reconocido sus esfuerzos y avances en todos los ámbitos desde que presentase su candidatura en 2004. Sin el obstáculo de la denominación, probablemente estaría en el mismo vagón que Serbia y que Montenegro, que esperan unirse al espacio comunitario en el año 2025.

Zaev ha encontrado sintonía desde su victoria en Alexis Tsipras. Consolidada con gestos de tremendo valor simbólico, como acudir durante las navidades a Salónica -la segunda ciudad griega más importante- para cenar con su alcalde, Yiannis Boutaris, cerca del puerto. «No represento a la diplomacia nacional ni a la estrategia del país», dijo el regidor tras el encuentro, «pero pienso que esta gilipollez se tiene que acabar».

Y se pusieron a ello. El 17 de enero ambos países retomaron las negociaciones bajo el paraguas de la ONU. Y el día 24, Zaev y Tsipras se reunieron en Davos para mostrar su compromiso político con la resolución del problema, que pasaba entonces por cinco opciones propuestas por las Naciones Unidas y que ambas partes deben valorar:

  • Republika Nova Makedonija [República de Nueva Macedonia]
  • Republika Severna Makedonija [República de Macedonia Norte]
  • Republika Gorna Makedonija [República de la Alta Macedonia]
  • Republika Vardarska Makedonija [República de Vardar Macedonia]
  • Republika Makedonija (Skopje) [República de Macedonia (Skopje)]

La propuesta aceptada por ambos gobiernos fue la de ‘Severna Makedonija’, aunque la decisión final está en manos del pueblo, que debe votar en referéndum este domingo 30 de septiembre. El ‘Sí’ solo será vinculante si la participación supera el 50%, lo cual no parece sencillo cuando la oposición e incluso el presidente de la República han llamado públicamente a boicotear una consulta que consideran «humillante» para el país.

Durante este tiempo, sin embargo, el Gobierno dio carpetazo a la política de apropiación histórica y ordenó dos cambios de calado. El ‘Aeropuerto Alejandro Magno’ pasó a llamarse ‘Aeropuerto Internacional de Skopje’ y la ‘Autopista Alejandro Magno’ se llamará ahora ‘Autopista de la Amistad’. «Esto es un avance importante», reaccionó el ministerio de Exteriores griego, que valoró positivamente la inclusión de los matices que eliminan las aspiraciones expansionistas.

La posibilidad de que Grecia ceda a la inclusión de la palabra Macedonia en el nombre de su país vecino ha generado protestas multitudinarias. En la imagen, una celebrada en Atenas el pasado 4 de febrero.

La posibilidad de que Grecia ceda a la inclusión de la palabra Macedonia en el nombre de su país vecino ha generado protestas multitudinarias. En la imagen, una celebrada en Atenas el pasado 4 de febrero. EFE

La luz que aparecía al final del laberinto semántico ha tenido obstáculos en el camino. También dentro del propio gobierno griego, encabezado por la Syriza de Tsipras…en coalición con el nacionalista ANEL. Tanto Salónica como Atenas han vivido manifestaciones masivas contra cualquier concesión que incluya la palabra ‘Macedonia’ en el nombre del país vecino. Y alguna terminó en disturbios y graves enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes.

Tsipras ha hecho todo lo posible para evitar un frenazo como el de 2008. Pero ha tenido enemigos dentro, y sobre todo fuera del gobierno: en todas las manifestaciones ha habido una fuerte presencia de clérigos de la poderosísima iglesia ortodoxa griega. «La Iglesia no puede permanecer callada y pasiva, especialmente cuando los intereses nacionales de nuestro país están amenazados», ha dicho esta misma semana el arzobispo Ieronymos II, máxima autoridad eclesiástica.

El posible acuerdo ratificado, además, también tendrá enemigos externos. Mientras que los nombres ‘Macedonia Norte’ y ‘Alta Macedonia’ contentan a parte de la sociedad griega, generan un fuerte rechazo tanto en Bulgaria como en Albania, también herederos de la Macedonia histórica, y a los que estas denominaciones interpelan directamente. La caja de matrioskas de los Balcanes siempre guarda un problema dentro de otro.