El movimiento de Junts per Catalunya y Roger Torrent, proponiendo a Jordi Turull como candidato a la investidura este mismo jueves, supone un doble reto. En primer lugar al juez Llarena, que le había citado este viernes para comunicarle su procesamiento y las posibles medidas cautelares que se le puedan aplicar. Pero también a la CUP, que se ve forzada a decidir entre hacer correr el reloj hacia las elecciones o investir al candidato más antipático que se les podía plantear. Turull fue uno de los elementos clave para que el Tribunal Supremo acabara condenando a tres años de prisión a ocho de las personas que rodearon el Parlament el 15 de junio del año 2011.

Fue en el marco de las movilizaciones del 15-M, que también prendió con fuerza en Barcelona. El movimiento ‘Aturem el Parlament’ propuso ese día un escrache contra la cámara catalana, que se disponía entonces a aprobar “los presupuestos antisociales más graves de la historia”, según denunciaban los manifestantes. Los Mossos no pudieron controlar a la multitud, que acabó irrumpiendo en el Parque de la Ciudadela e impidiendo físicamente el acceso de los diputados al edificio. Se hicieron barreras humanas, hubo momentos de tensión, insultos y se denunciaron pintadas en la ropa y algún escupitajo. El presidente Artur Mas tuvo que llegar en helicóptero al edificio.

El caso llegó a juicio en el año 2014 y contó con el testimonio de todos los implicados. La fiscalía, la Generalitat de Convergència i Unió y el propio Parlament, presidido por la convergente Núria de Gispert, pidieron cárcel para 20 de los identificados en las protestas. Ni ERC, ni el PSC, ni ICV apoyaron esa petición. Por supuesto tampoco lo hizo la CUP, que se mostró especialmente virulenta con la posición del gobierno catalán. Jordi Turull, junto al hoy denostado Santi Vila, fue uno de los testigos clave de la fiscalía en el caso. También habló en los medios: dijo que los indignados habían intentado un “golpe de Estado encubierto” y que la jornada fue un “festín de los violentos contra todo lo que veían con corbata”.

El hoy candidato a presidir la Generalitat recordó en sede judicial cómo tuvo que abandonar el Parlament para ayudar al diputado ciego de CiU Josep María Llop. Según recuerdan las crónicas de la época, Turull colaboró con la Audiencia Nacional y admitió haber sentido “miedo y desconcierto” porque “no sabía cómo iba a acabar aquello”. Recordó que una chica les llegó a amenazar directamente: “Os voy a matar”. También que posteriormente fueron acorralados en la puerta de un garaje, donde intentaron robar el perro guía de Llop.

Turull calificó de ‘despropósito’ el fallo de la Audiencia Nacional que absolvía a 19 de los 20 acusados y apoyó el recurso de CiU ante el Supremo

En la primera sentencia de la Audiencia Nacional, que absolvió a 19 de los 20 acusados, los magistrados subrayaban las inconsistencias de la versión de Turull: “No se aprecia que los diputados fueran acorralados, ni que estuvieran en la puerta de un garaje, ya que estaban separados de las fachadas más próximas. Las personas que se interpusieron a su paso, discutieron entre ellos qué hacer. Los diputados y sus acompañantes, con buen criterio, se retiraron y no intentaron seguir su camino. Desde luego, no se hallaban en un portal ni en un garaje, como dijeron los testigos, luego la secuencia que ellos relataron no se corresponde con la grabación”.

La absolución sentó muy mal en CiU. Le sentó muy mal al propio Turull, que llegó a declarar que la sentencia era un “despropósito” e insistía en que los manifestantes “cruzaron la línea de la violencia”. Turull era entonces el portavoz y presidente del grupo parlamentario de CiU en el Parlament, que impulsó el recurso del fallo en el Tribunal Supremo, junto a la Generalitat y a la propia Fiscalía. El Alto Tribunal desdijo a la Audiencia y condenó a ocho de los 20 procesados a tres años de prisión.

‘Nosotros no olvidamos’

“Hola Jordi Turull. Hace cuatro años fuiste testigo de la fiscalía y colaboraste con ella para que la Audiencia Nacional condenara a 3 años de cárcel a nuestros compañeros por el Bloqueo al Parlament del 15 de junio de 2011. Nosotros no olvidamos”, escribía este martes en Twitter la sección de estibadores del sindicato CNT. El mensaje lo retuiteaba Ciro Morales, uno de los condenados que esperan a la resolución de los recursos que de momento han retrasado su entrada en prisión.

El propio Morales escribía otro mensaje dedicado a la CUP, a la que se confiesa cercano políticamente: “De nada nos vale a las condenadas por el “Asedio al Parlament” que nos intentéis legitimar si sois capaces de entronizar a uno de los peores declarantes contra nosotras en la Audiencia Nacional, el señor Jordi Turull. No sólo es el programa, también son las personas”.

La CUP, que ha sido el partido más crítico con la posición de la Generalitat y el Parlament en los sucesos de 2011, ha llegado a promover boicots a sesiones plenarias cuando la institución anunció que recurriría la absolución de la Audiencia Nacional. Y el partido ha participado en todas las manifestaciones de apoyo a los condenados por las protestas, que el pasado 30 de enero ironizaban con la permisividad que los ex convergentes, entre ellos Turull, mostraban con los manifestantes que ese día también rodearon el Parlament provocando momentos de tensión, esta vez para apretar por la investidura.

Este jueves, a las tres de la tarde, las bases de la CUP deben decidir la posición de su partido en la sesión de investidura de este jueves. Si seguir forzando la máquina y rechazar un programa que ya han tachado de autonomista y poco ambicioso cuando lo encabezaba Jordi Sànchez, o investir a Jordi Turull, que durante años se mostró a favor de llevar a prisión a los manifestantes a los que se han dedicado a apoyar desde 2011.