La Audiencia Nacional ha dictado auto de procesamiento contra José Antonio López Ruiz, alias ‘Kubati’, de 65 años, y José Miguel Latasa Getaria, alias ‘Fermín’, de 69 años, por el asesinato de dos guardias civiles el 26 de julio de 1986. El Juzgado de Instrucción número 2 considera que existen indicios suficientes para imputar a los dos históricos ex presos de ETA la autoría de la muerte del teniente Ignacio Mateu Isturiz y del agente Adrián González Revilla, quienes fallecieron al explotarles una bomba-trampa cuando inspeccionaban un dispositivo con el que se habían lanzado granadas contra el cuartel de Aretxabaleta.

El juez les cita a declarar para el próximo día 18 y les requiere para que en el plazo de un día presten una “fianza solidaria” por un importe de un millón de euros para asegurar las responsabilidades civiles en las que podrían incurrir en caso de ser declarados culpables. Además, les retira el pasaporte, les prohíbe salir de España y les obliga a comparecer semanalmente en el juzgado o en dependencias policiales.

De este modo, ‘Kubati’ se enfrentaría a un atentado cometido hace casi 32 años y que podría llevarle de nuevo a prisión después de haber salido en libertad el 15 de noviembre de 2013. López Ruiz cumplió 26 años de condena de los 1.210 a los que fue condenado por ser autor de 13 asesinatos, entre ellos los de la ex dirigente de ETA, Dolores Catarain ‘Yoyes’, y otros 16 asesinatos frustrados. Actualmente ejerce como portavoz y rostro visible del colectivo de presos de ETA, el EPPK. Por su parte, José Miguel Latasa Getaria salió en libertad en diciembre de 2013 tras haber sido condenado a 477 años de prisión por varios asesinatos. ‘Fermín’ rechazó la violencia. Hace unos años tuvo n intento de suicidio que obligó a su ingreso de urgencia.

‘Kubati’ y ‘Fermín’ podrían volver a la cárcel, de la que salieron en 2013 tras cumplir 25 años de prisión

Tanto a ‘Kubati’ como a ‘Fermín’ se les procesa por la comisión de dos atentados contra agentes de la autoridad y por un delito de estragos en grado de frustración. En el auto se da por acreditado que existen indicios suficientes para imputarles la autoría del atentado que acabó la vida de Mateu Isturiz y González Revilla. Se asegura que todos apunta a que fueron ellos quienes instalaron el dispositivo con dos tubos con los que se lanzó dos granadas contra el cuartel de Aretxabaleta. El dispositivo estaba instalado en la ladera del monte Izturrieta, cercano al acuartelamiento. A escasos metros del sistema rudimentario se habían ocultado dos artefactos más. El primero de ellos, se detalla, habría explosionado con temporizador poco después, sin que provocará daños al no haber acudido aún los agentes. Los dos guardias civiles que acudieron al lugar después murieron al hacer explosión el tercero de los artefactos.

Reabierto en cuatro ocasiones

Este caso se reabrió el 9 de enero de 2017 después de haber sido cerrado hasta en cuatro ocasiones sin que se procesara a nadie. La primera vez que se cerró fue en julio de 1988, dos años después del atentado, cuando tras investigar el caso la Justicia procedió a cerrarlo sin haber adoptado ninguna medida. Once años más tarde, el 7 de noviembre de 1997 se reabrió el procedimiento tomando declaración a López Ruiz, ‘Kubati’, y Latasa Getaria, ‘Fermín’ pero sin que derivara en ninguna medida contra ellos. Hubo que esperar hasta 2011 para que en octubre de ese año y a instancia del Ministerio Fiscal -y en base a un informe de la Guardia Civil- se volviera a reabrir el caso, pero en esta ocasión para imputar a otros dos posibles autores, Juan María Gabirondo y Francisco Cabello, para volverse a cerrar.

Finalmente, el 9 de enero del año pasado y gracias a un nuevo informe elaborado por el Servicio de Información de la Guardia Civil, nuevas pruebas permitieron reabrir el caso al considerar que los indicios aportados permitían vincular el atentado con el ‘comando Goiehrri-Kosta’ y con él a ‘Kubati’ y ‘Fermín’. El informe policial concluía que por el modo de actuación, las características del atentado y del dispositivo empleado, permitían constatar “en un modo evidente que el único comando al que se podría atribuir la autoría era el comando Goiherri-Kosta. Un comando que actuó en Guipúzcoa entre octubre de 1984 y noviembre de 1987. ‘Kubati’ formó parte de él desde el comienzo, señala el auto, actuando como “responsable”.

Los nuevos indicios aportados por el Servicio de Información de la Guardia Civil han sido clave para reabrir el caso por cuarta vez

Los indicios que según el auto vinculan a este comando con el atentado de Aretxabaleta son su hostigamiento con la Guardia Civil, contra la que realizó ocho atentados. También  la modalidad de lanzamiento de granadas fue empleado en cuatro ocasiones así como el sistema de explosión “reclamó”, en otras cinco. Se cita incluso que en otro de los atentados cometidos por ‘Kubati’, como fue el asesinato de Dolores González Catarain, ‘Yoyes’ también se recurrió al sistema de artefacto-trampa activado mediante alivio de presión o tracción”, empleado en la huida, como el que se utilizó en Aretxabaleta.

Huellas dactilares

Se afirma además que a pesar de que ese mismo día se produjo otro atentado en Ordizia, por el que fueron condenados los miembros del comando, se considera que es “compatible espacial y temporalmente” que los miembros del comando también fuesen los autores del atentado de Aretxabaleta, El informe policial también revela que las huellas dactilares encontradas en los dos tubos empleados en el atentado corresponden con las de López Ruiz ‘Kubati’ y Latasa Getaria. Por todo ello concluye que al menso indiciariamente se les puede responsabilizar del atentado en el que fallecieron los dos agentes del Grupo Antiterrorista Rural (GAR).

El relato de los hechos que se aporta en el auto de procesamiento afirma que los tubos lanzagranadas instalados en la ladera había dos granadas anticarro que se activaban mediante temporizador. Fueron disparados a las 6.40 horas de aquel 26 de julio de 1986, sin apenas causar daños en el cuartel. Sin embargo, en el lugar donde fueron instalados, en un camino que daba acceso, los terroristas habrían escondido, a 30 metros de los tubos, un artefacto-trampa preparado para explotar a los 75 minutos de lanzar las dos granadas, -y compuesto de 2,5 kilos de Goma 2-. Explotó sin que nadie hubiera acudido aún al lugar. El auto señala que los dos procesados instalaron un tercer artefacto enterrado a tres metros y medio de distancia de los tubos compuesto de 2,5 kilos de Goma 2. Fue el que los dos agentes pisaron provocando la explosión.