Lleva desde el 20 de agosto en huelga escolar. Su nombre, Greta Thunberg. A sus 15 años ha llamado la atención de políticos, medios y ciudadanos suecos con su protesta contra la pasividad generan frente al cambio climático. Así seguirá hasta el domingo, jornada electoral en Suecia.

«Soy demasiado joven para votar. Pero la ley me obliga a ir al colegio. Quiero que me escuchen», comenta Greta Thunberg sobre sus razones para saltarse las normas. El colectivo ecologista We don’t have time (no nos queda tiempo) se ha hecho eco de su protesta desde el primer día.

La iniciativa de Greta, que da cuenta en su cuenta de Instagram y Twitter de su jornada en imágenes, ha ayudado a concienciar a los suecos sobre el cambio climático, después de sufrir el verano más caliente desde hace 262 años.

La niña, convertida en una auténtica heroína para partidos como Los Verdes, está ayudando a que la agenda política vaya más allá que la inmigración, la criminalidad y el populismo emergente.

«Estoy muy impresionada por la valentía y la determinación de Greta», ha declarado Janine Alm Ericson, diputada de Los Verdes, que superan en los sondeos el 6% y pueden ser decisivos en un previsible gobierno en minoría.

Mientras tanto, los Demócratas Suecos, la ultraderecha anti inmigración, se han burlado de las alarmas lanzadas por los Verdes y les han acusado nada menos que de populismo. En los sondeos están al alza, rondando el 20% de apoyos.

Con gran estrategia, Greta Thunberg se ha plantado junto al Parlamento sueco con una pancarta que dice «Huelga escolar por el cambio climático». En los últimos días de la campaña electoral los focos se han fijado en esta escolar espabilada y resolutiva. A su lado tiene planfletos en los que argumenta su posición.

Si a los adultos no les importa mi futuro, a mí tampoco», argumenta Greta para justificar su absentismo

«Nosotros los niños a veces no hacemos lo que nos decís que hay que hacer. Hacemos como vosotros. Si a los adultos no les importa mi futuro, a mi tampoco. Mi nombre es Greta y estoy en noveno grado. No voy a ir al colegio por el cambio climático. Seguiré así hasta la jornada electoral, el 9 de septiembre».

En Suecia ir al colegio es obligatorio, así como ella sabe perfectamente está violando la ley. A sus padres no les hace gracia que haya adoptado una medida tan drástica, pero respetan su decisión.

Su padre reconoce que la toma de conciencia ecologista de Greta les ha cambiado la vida. De no saber apenas sobre el cambio climático, él da ahora conferencias y escribe artículos sobre el tema. La madre, cantante de ópera, ha renunciado a volar en avión.

Las páginas en redes sociales de We Don’t Have Time recibieron 20.000 ‘me gusta’ el primer día de la huelga escolar de Greta. Cada día llegan miles de comentarios de personas de todo el mundo que, en su mayoría, elogian a Greta por su decisión.

Greta Thunberg empezó a interesarse por el cambio climático en el colegio. «Nos decían que iba a cambiar nuestra vida y que amenazaba nuestro futuro. Cuanto más leía, más pensaba: ‘Si esto es tan serio, ¿por qué no hablamos de ello y tratamos de solucionarlo?».

Suecia no es un país modelo

Suecia tiene fama de ser uno de los países modelo en relación con la lucha contra el cambio climático. Cumple con los objetivos de París y acaba de aprobar una ley, considerada de las más ambiciosas del mundo, por la que dejará de usar el carbón en 2045.

Sin embargo, Greta asegura que Suecia no es el paraíso verde que muchos imaginan. «Suecia no es un país modelo. La gente en Suecia emite 11 toneladas de CO2 per capita. Estamos en el octavo puesto según la WWF», señala la quinceañera en una carta difundida en sueco y en inglés.

Han fallado otros caminos, otras vías para influir en la sociedad y en la política. Necesitamos actuar y decir: ‘Basta ya'», dice Benjamin Wagner

A Greta le han acompañado algunas personas que se han unido a su causa. Entre ellos, un profesor, Benjamin Wagner, que se presenta como «Profesor en huelga por el clima». Según Wagner, «han fallado otros caminos, otras vías de influir en la sociedad y en la política. Necesitamos actuar y decir: ‘Basta ya'».

Greta, que padece Asperger, dice que este síndrome le ha ayudado a abrir los ojos a cuestiones como el cambio climático. En su manifiesto, señala: «Lo que hagamos o no, justo ahora, afectará a toda mi vida, y las vidas de mis niños y de mis nietos. Quizá me preguntarán por qué no hicimos nada, y por qué aquellos que sabían y podían denunciarlo, no lo hicieron».