Fueron los ojos más fiables de la RDA en España. Hablaban y miraban como un alemán pero observaban como un vasco. Fue repudiado primero y contratado después en secreto. Vivió a medio camino entre su Bilbao natal y la Berlín que lo vio morir. Fue la fuente secreta de los servicios secretos de la Alemania comunista, del temido Ministerio de Información de la RDA, la Stasi. Se le asignaron misiones discretas de información bajo la tapadera de las visitas que hacía a su familia en Euskadi. Sus valiosos informes fueron en gran medida la mejor información que el régimen alemán dispuso sobre cómo vivía nuestro país a finales de los 70 y durante los años 80. Su nombre no hacía sospechar su origen, era de Bilbao pero se llamaba Fritz Rudolf Fries. Nació en 1935 en la capital vizcaína, de padre alemán y madre vasca, del entorno de Amorebieta.

En realidad, fue el destino de su padre lo que le llevó a ver la luz por primera vez en aquel agitado País Vasco de preguerra civil. El que estaba llamado a ser el informante más fiable sobre la situación de violencia terrorista en nuestro país, y de ETA en especial, a finales de los 70 y durante la década de los 80, pronto huiría junto a su familia de la posguerra española. Con sólo siete años la familia de Fritz regresó a Alemania. El lo hizo no sólo con el idioma español aprendido, sino con la experiencia de una guerra vivida y el vínculo familiar vasco que años después se convertirían en un útil tesoro.

El regreso a casa de los Fries no fue tranquilo. Su instalaron en Leipzig, en 1942, en plena Segunda Guerra mundial, donde el joven Fritz viviría el horror del bombardeo de la ciudad un año después y del fusilamiento, poco después, de su padre, destinado en Italia, a cargo de los partisanos italianos. Fritz se graduó en Filología Hispánica y Románica y comenzó su andadura como escritor sin un futuro claro. La obra, ‘El camino a Oobliadooh’, publicada en 1966, no gustó en la RDA por no trasladar los valores adecuados. Fue expulsado de la Academia de las Artes y forzado a ganarse la vida de otro modo.

Con siete años su familia regresó a Alemania. Su dominio del idioma y vínculos con España le facilitaron ser informante «no oficial»

Fue entonces cuando comenzó a explotar su conocimiento del español. Se hizo traductor de las grandes obras de autores españoles (‘La Celestina’, ‘El lazarillo’, obras de Calderón, Lorca o Cortázar). A comienzos de los 70 Fritz necesitaba más ingresos. Accedió a convertirse en informante, en “colaborador no oficial” del Ministerio de Seguridad de la RDA, de los temidos servicios secretos, la Stasi.

Sin «conciencia de clase»

En 1976, 1977 y 1981 se le autorizó a viajar a España. Incluso se le llegaron a financiar los viajes con el propósito de redactar informes a su regreso sobre la situación por la que atravesaba nuestro país. Previamente la Stasi le instruyó y aleccionado sobre cómo actuar, sobre cómo trabajar. Comenzó con pequeñas misiones. En la Stasi dudaban aún de él por no haber alcanzado por el momento el “punto de vista de clase” necesario al mantener aún “principios burgueses-humanistas”.

Sus informes pudieron ser los más valiosos sobre la situación en España que durante años recibió la Stasi. Comenzaron abordando la situación política en su conjunto en el periodo postfranquista y terminaron por incluir información sobre la amenaza terrorista en nuestro país. “Frich era un escritor muy respetado, era un hombre perspicaz, inteligente y muy leído. En realidad mantuvo algo así como un diálogo de sordos con los servicios secretos que aún desconfiaban de él por no haber desarrollado una suficiente conciencia de clase”, asegura Ibon Zubiaur, autor del informe que sobre “ETA y otras bandas españolas en el archivo de la Stasi” ha elaborado para el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo.

El informe del Centro memorial desmonta el «mito» de vínculos y colaboración entre la RDA y ETA

Zubiaur asegura que la Stasi tuvo grandes dificultades para tener informantes en nuestro país y que Fritz se convirtió en el más valioso. Los informes sobre la situación en España eran, en su opinión, “de baja calidad”. Para elaborar el documento presentado hoy en Bilbao, Zubiaur ha analizado miles de archivos de la Stasu y ha realizado una selección de alrededor de 1.200 documentos en los que se incluye información que el Ministerio de Información de la RDA almacenaba hasta que fue desmantelado en 1989. Todos ellos han sido escaneados y se incorporarán al archivo del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo.

Zubiaur señala que algunas de las informaciones que se atribuyen a Fritz son confusas y llamativamente erróneas para alguien que conoce bien España y el País Vasco. “En 1981 en uno de los informes se llega a decir que el pueblo español apoyó el golpe de Estado y que incluso aparecieron pintadas diciendo que ‘el pueblo está contigo’, en lo que parece ser una confusión evidente del oficial que redactó la información que trasladó Fritz”.

Olvidado

El informante de la Stasi murió en 2014 aquejado de una grave enfermedad degenerativa que lo incapacitó y olvidado y en soledad después de que en 1996 hiciera pública su colaboración durante años con la Stasi. El mismo reconoció en público que su pretensión siempre fue colaborar en un “acercamiento diplomático entre España y la RDA” aportando un “relato concienzudo de la situación de España tras la muerte de Franco”.

En uno de sus informes, elaborado en enero de 1978, Fries subraya que entonces en España el verdadero conflicto era “el problema autonómico”. Destaca que el euskera “ya se enseña de nuevo” y que el PNV se consolida y ETA “pierde apoyos”. Es esta la primera referencia a ETA que aparece en sus documentos, donde hasta entonces la información referida al PCE, el PSOE o el papel de la Iglesia habían sido protagonistas. En 1981 ya señalaría que “el problema del terrorismo de ETA está muy presente” en España.

Tras desvelar en 1996 su infiltración en la Stasi cayó en desgracia hasta su muerte en 2014 aquejado de una enfermedad degenerativa

Posteriormente, el archivo de la Stasi va sumando referencias a la situación del terrorismo y en especial de ETA. En ellas se alude a las conversaciones del Gobierno de España con la banda en Argel y se apunta que “ETA no supone peligro ni riesgos de seguridad para la RDA y sus aliados ni cabe esperar de ella actividades hostiles”. A mediados de los 80 un informe de la Stasi apunta que “gracias a la política nacionalista llevada a cabo por ETA para obtener un estatuto de autonomía para las provincias vascas esta organización goza de un gran potencial de apoyo y de simpatizantes”.

Otros dos particulares informantes sobre ETA figuran en los archivos, ‘Taler’ y ‘Bruno’, Klaus Croissant, condenado por su colaboración con el Ejército Rojo, y Masao Adachi, dirigente del Ejército Rojo japonés: “La pretensión de que un terrorista japonés y un abogado alemán pudieran aportar información relevante sobre ETA suena casi descabellada”, reconoce Zubiaur.

Dos ‘informantes’ terroristas

Sus informes formaron parte del amplio archivo que sobre la situación de España en su conjunto y del fenómeno terrorista en particular acumulaban los servicios secretos del a RDA. En ellos, según ha recordado hoy Zubiaur, figuraba información fundamentalmente de ETA, pero también del Grapo, de Terra lliure y de otros grupos de extrema derecha o de la violencia del Estado como los GAL. Zubiaur considera que tras analizar abundante documentación durante el último año “el mito” de la colaboración entre la Stasi y ETA se cae, “no hubo contacto ni colaboración directa”.

Señala que no se puede afirmar que hubiera ningún tipo de apoyo y que el único caso de cierta implicación lo ha encontrado en un episodio ocurrido en septiembre de 1980 cuando tres miembros de ETA viajaron a Berlín para encontrase con colaboradores de Carlos, ‘El Chacal’, el conocido terrorista venezolano actualmente en prisión en Francia. “Según la información de la que disponía la Stasi acudieron en busca de apoyo logístico y un lugarteniente de ‘Carlos’ les habría facilitado armas y lo que hizo la Stasi es taparse un ojo, hacer la vista gorda”.

En su estudio concluye que en la RDA el fenómeno terrorista no interesó hasta finales de los años 70. No consta apenas información sobre episodios graves como el atentado contra Carrero Blanco o el ‘Proceso de Burgos’ contra militantes de ETA, “la información comienza a fluir más a finales de los 70 y hasta el año 1985, pero es una información muy desigual y de una calidad regular”. Ni la preocupación por ETA ni la calidad de la información que sobre el fenómeno terrorista almacenó en sus 117 kilómetros de estantes con archivos parece que fue tan relevante como en ocasione se ha asegurado., los vínculos internacionales entre la banda terrorista y los servicios de la RDA apenas tuvieron relevancia pese a lo asegurado en ocasiones por el aparato de propaganda internacional de ETA.