A nadie le extrañó. Mikel lo tenía todo para emprender el camino y recorrerlo hasta la cima oscura; la tradición familiar, los principios marcados a fuego desde niño y la oratoria y la literatura para darles forma y difundirlos. Lo había visto hacer desde que llegó al mundo. De alguna manera fue en su casa donde todo comenzó, donde ETA dio sus primeros pasos. El germen de la banda lo plantó, junto a otros históricos como Julen Madariaga o José Luis Álvarez Emparanza, -‘Txillardegi’-, su padre, Rafael, en los últimos años del franquismo. A su hijo le bastó ver y escuchar y seguir el legado de lucha iniciado por su aita. El Albisu Ezenarro diseñó e ideó la primera ETA, la antifranquista, y el Albisu Iriarte, el hijo de Maite y Rafa, planificó la estrategia ‘política’ de la banda durante más de una década de democracia sangrienta.

Mikel Albisu (San Sebastián, 7 de junio de 1961) pudo haber sido sólo un escritor, un autor de teatro o un artista de las letras. Pero su vocación convivía con el pulso al franquismo que libraba su padre y que marcaría su vida desde el día que nació. Aquella contaminación política en el pequeño Mikel fue casi inevitable. Con apenas un mes de vida, el 18 de julio de 1961 por la mañana su padre ultimaba el que es considerado uno de los primeros atentados de ETA. El propósito era hacer descarrilar un tren que llegaba a la capital guipuzcoana a celebrar el ‘Día del Alzamiento’ repleto de combatientes franquistas. El plan no funcionó pero el régimen no dudó en activar una redada que se saldó con decenas de detenidos, entre ellos Rafael Albisu Ezenarro, uno de los cabecillas. Meses después, un consejo de guerra lo condenó a 20 años de prisión.

El pequeño Mikel alcanzó la adolescencia sin padre durante, como sus tres hermanos, y en un ambiente de socialización de la ETA que su padre había contribuido a fundar en 1959. Antes había participado en la creación de su precedente; el movimiento Ekin, en 1952.

El alias del cuento

Con 22 años, dejó de ser Mikel Albisu para pasar a ser ‘Mikel Antza’, el alias con el que a partir de entonces sería conocido por la policía. Fue el seudónimo que empleó en el certamen de cuentos ‘Ciudad de Irún’ en el que venció con su obra ‘Suzko gezi bat bezala’ (Como una flecha de fuego)  en 1983. Después vendrían más obras, más teatro, colaboraciones literarias… y comunicados terroristas.

Aún faltaba mucho para eso. La fama de Mikel, ‘Mikel Antza’, estaba a punto de asomar y no gracias a sus libros. Para entonces las amistades e influencias del entorno más afín a la banda merodeaban con naturalidad en su vida. La primera vez que entró en prisión lo hizo como transportista y de visita. El hijo de Rafael Albisu conducía la furgoneta del artista y su banda. El día de San Fermín de 1985 en la cárcel de Martutene (San Sebastián) estaba programada la actuación de uno de los cantautores más en boga en aquellos años 80 de revuelta y agitación política en Euskadi; Imanol. Todo estaba bien planeado, los dos miembros de ETA que cumplían condena en su interior, Joseba Sarrionaindia e Iñaki Pikabea se esconderían en los altavoces del grupo y se fugarían ocultos en ellos. Todo salió según lo previsto. Aún hoy en las verbenas de Euskadi se baila con alegría desenfrenada tamaño éxito al son del ‘Sarri, sarri’ de Kortatu.

Su padre, Rafael Albisu, fue uno de los fundadores de ETA. Fue condenado a 20 años en 1961. Su hijo Mikel recibió la misma condena en 2004

Fue la particular graduación de ‘Mikel Antza’ y su línea roja vital hacia la clandestinidad de la que no regresaría hasta 33 años después, el pasado martes 22 cuando recuperó la libertad. En aquel 1985 Sarrionaindia, Pikabea y ‘Antza’ huyeron a Francia, al país que había comenzado a cooperar en la lucha antiterrorista pero aún sin gran empeño. Fue un tiempo de semilibertad en el ‘exilio’ en el santuario etarra venido a menos. Se instaló en París, incluso se matriculó en la Universidad de Nanterre y profundizó en su pasión literaría y artística, pero siempre sin perder el contacto con el entorno de ETA.

‘Antza’ no tardó en llamar la atención de los entonces dirigentes de la banda. Su capacidad estratégica, su formación y su ascendencia familiar le convertían en un valor seguro. En 1987, apenas dos años después de haber huido de San Sebastián, ya formaba parte del círculo de confianza de Ignacio Gracia Arregi, ‘Iñaki de Rentería’, y del entonces número dos de ETA, José Luis Alvarez Santacristina, ‘Txelis’.

Doce años en la cima de ETA

Fueron tiempos en los que al mando de ETA se encontraba Josu Urrutikoetxea, el militante de mayor peso al que la policía aún hoy busca. En 1989 una operación policial logró arrestar a ‘Josu Ternera’ y activar la escalera de ascensos internos en el organigrama de ETA: ‘Txillardegi’ le sustituiría y ‘Antza’ sería nombrado nuevo responsable del aparato internacional de la banda. Tenía sólo 28 años.

Fue cuestión de tiempo que la escalera de relevos en la organización volviera a subir peldaños. Sucedió en 1992, tras el arresto de ‘Txelis’ en la operación de Bidart que descabezó ETA y dio paso a la jefatura más larga en ETA. La ocupó ‘Mikel Antza’ durante doce años, desde 1993 y hasta su detención en 2004. Doce años en lo que no dudó en moldear la banda terrorista a su modo, con su estrategia y sello particular.

La ETA que sólo cometía atentados debía incorporar un perfil e influencia política clave en la “construcción nacional” de Euskal Herria. El nuevo número 1 de ETA no tardó en conocer y estrechar relación con otra histórica de la banda, Soledad Iparragirre, ‘Anboto’, que se convertiría en su pareja y con quien tiene un hijo. Pronto se convirtieron en la pareja con más poder en ETA, él dirigiría el aparato político y estratégico y ella el de las finanzas.

Sustituyó a ‘Txelis’ al frente de la banda en 1993. Su pareja, ‘Anboto’ ocupó la dirección de finanzas de la organización terrorista

Durante la larga década de ‘Antza’ en la cumbre de ETA los atentados no cesaron y la presión al poder se intensificó con acciones como el largo cautiverio de José Antonio Ortega Lara o el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Acciones que cambiaron el apoyo social en Euskadi hacia la banda y su entorno y que ‘Antza’ intentó compensar con acercamientos estratégicos al nacionalismo institucional en el camino hacia la independencia. De él es el plan que fructificó en el Pacto de Lizarra del 12 de septiembre de 1998, en el que ETA firmó un acuerdo con PNV, EA y HB con el que pretendía alcanzar réditos soberanistas a cambio de la paz en una suerte de reedición en Euskadi de los acuerdos de Irlanda. Desavenencias posteriores hicieron que la banda rompiera la tregua indefinida decretada un año antes. Entonces, la ETA de ‘Antza’ reprochó a PNV y EA haber mostrado más interés “por la paz que por la soberanía”.

Una tregua en la que ETA logró sentar al Gobierno de José María Aznar en 1999 para negociar. Lo hizo ‘Mikel Antza’ en persona durante los encuentros celebrados en Zurich (Suiza) y que como todos los anteriores fracasaron.

‘Antza’ y ‘Anboto’

En los doce años como número uno de ETA imprimió su criterio en documentos, comunicados y escritos de la organización. También sobre el control que se debía hacer la banda de las compleja estructura política creada en torno a la izquierda abertzale.

Francia ha sido su hogar todos estos años. Tanto dentro como fuera de la cárcel. Es allí donde ha pasado gran parte de sus 57 años. Una libertad cautiva e intermitente –antes de su última detención fue condenado en rebeldía en tres ocasiones- y siempre bajo la sombra de los cuerpos y fuerzas de seguridad de España y Francia. Su captura fue una sorpresa inesperada. La operación que durante años habían preparado España y Francia y que se puso en marcha el 3 de octubre de 2004 no contaba con incluir en la larga lista de etarras detenidos a ‘Mikel Antza’ y Soledad Iparragirre.

La ‘operación Santuario’ logró un botín inesperado; el arresto de ‘Antza’ y ‘Anboto’ en su casa en Francia, donde vivían con su hijo

La vivienda había sido vigilada meses atrás. En abril de 2004 las dudas sobre la identidad de sus ocupantes hizo abortar la operación. Pero no abandonarla. El 3 de octubre se había marcado con discreción para volver a intentarlo, para volver a descabezar a la cúpula de ETA asentada en Francia. La operación se denominó ‘Santuario’ y había sido preparada con tiempo, paciencia y minuciosidad. En la localidad de Salies de Bearn, ‘Antza’ y ‘Anboto’ hacían vida casi normal, habían logrado pasar desapercibidos, escolarizar a su hijo o incluso hacer la compra en el supermercado de modo habitual. Un policía camuflado incluso llegó a atenderles en el ‘super’ en una ocasión.

Cuando los agentes irrumpieron en la vivienda se encontraron la guinda a la operación, el número uno y la número dos de ETA que completaban el listado de arrestos de una de las operaciones más importantes contra la organización. En ella se llegaron a incautar varios misiles a ETA, de los que ‘Antza’ dijo no saber nada.

La pareja que había controlado ETA durante más de una década acababa de caer. La condena impuesta por la justicia francesa a ambos fue de 20 años, la misma que se impuso a su padre -fallecido en 2012- en el año 1961. La sentencia estableció que Mikel Albisu debería cumplir como mínimo dos terceras partes de la misma. 14 años después, el pasado martes, recuperó la libertad. Agentes franceses lo acompañaron en el avión que lo expulsaba de la Francia que lo acogió siendo un joven de 24 años que acababa de triunfar con la ‘fuga de Martutene’. Ahora entregaba a España un hombre de 57 años, con aspecto envejecido y convertido en un interlocutor de los presos de la organización en el colectivo EPPK.