El giro a la derecha del PP del que ahora reniega Pablo Casado no fue una improvisación para las elecciones del 28-A. El giro estratégico al que los populares achacan en gran medida la pérdida de más de la mitad de sus escaños se selló en las primarias de julio. El heredero de Aznar venció a la heredera de Rajoy con la promesa de defender por fin sus ideas «sin complejos». Al subir a aquel escenario a celebrar su victoria por 451 votos más que Soraya Sáenz de Santamaría, un Casado flamante declaró «el PP ha vuelto». Se deducía de sus palabras que el partido se había ido y hasta que llegó él andaba acomplejado. No intuía el nuevo líder del Partido Popular que tras ese giro conservador los que se estaban a punto de irse eran 3,6 millones de votos.

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