Richard Phillips tenía 27 años cuando ingresó en prisión. Se le acusaba de asesinato en un tiroteo sucedido en Detroit en 1971, por el que fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Nunca confesó el crimen y durante más de cuatro décadas declaró que preferiría morir en prisión que aceptar la autoría de un crimen que no cometió. Pasó 45 años en la cárcel y ahora las autoridades de Michigan reconocen que su condena se basó «casi por completo» en el falso testimonio de un testigo. Phillips, por tanto, recibirá una indemnización que pague por su vida malgastada en la cárcel: un millón y medio de dólares.

Como informa el New York Post, Phillips comenzó a ver la luz cuando se encargó de su caso la Innocence Clinic de la Universidad de Michigan, que repasó todas las declaraciones de los implicados en el caso y acabó demostrando la no implicación del condenado en el tiroteo de 1971.

Según las leyes de Michigan, los presos cuya inocencia se demuestre en base a nuevas pruebas tienen derecho a 50.000 dólares de indemnización por cada año pasado injustamente tras los barrotes. A Phillips le corresponderían por tanto más de 2 millones de dólares, pero sólo recibirá el pago por 30 años porque en este tiempo cumplió otra sentencia paralela, por un robo, cuya inocencia también reclama pero que el Estado no le ha reconocido todavía.

«Volver a la sociedad es muy difícil para los presos falsamente condenados», ha declarado la Fiscal General de Michigan, Dana Nessel: «Tenemos la obligación de proveer una compensación justa a estos hombres por el daño que han sufrido».

Durante los 45 años que pasó en prisión, Phillips se dedicó a la pintura y produjo multitud de cuadros que ha vendido posteriormente tras su regreso a la vida civil. Tras ser exonerado en 2018, confesó que lo primero que hizo fue ir a una tienda de alimentación para «sorprenderse» de la cantidad de zumos de naranja distintos que había en el mercado. Antes de ingresar en prisión, Phillips trabajaba como mecánico.