Con la consolidación de las redes sociales y los blogs como un muro de las lamentaciones personal exhibido al público han comenzado a emerger poetas en cada esquina del mundo digital. Lanzar versos y palabras a la web con ademán de convertirse en un influencer de las palabras parece ser un ejercicio fácil de ejecutar, incluso con mucho éxito para algunos. Se nos han olvidado los pareados, los alejandrinos y las décimas, ahora todo rima y suena bien, y si habla del desamor, mejor.

Ahora, en la sección de poesía de las librerías, una puede encontrar una gran cantidad de poemarios, de escasas páginas, con portadas atractivas y bonitas ilustraciones. Cosa impensable hace diez años, la poesía parecía casi olvidada, un reducto literario dedicado a escritores tristes incapaces de escribir una novela.

Todo ha cambiado, el bullicio que genera un recital de un autor o autora conocido puede llenar salas y auditorios, y no es gratis, se paga. ¿Qué le ha pasado a la poesía? Este florecer de autores nuevos, jóvenes y con ganas merece un reconocimiento, pero también una discriminación, entre lo bueno y lo no tan bueno. 

«Creo que lo que ha pasado es que cierto tipo de poesía que algunos llaman urbana o tardoadolescente ha llegado para las legiones de lectores adolescentes que la aprecian y consumen. Igual que en narrativa existe el concepto Young Adult, esta nueva poesía es con la que se inician los lectores más jóvenes y que a mi juicio representan firmas como Rupi Kaur, Elvira Sastre o Irene X«, afirma Luna Miguel, poeta y periodista.

En la poesía no vale todo, como en ningún otro aspecto de la literatura, ni de la vida. Cabe guardar las formas, las maneras y la métrica, aunque no siempre. A veces vale la pena echar la vista atrás, fijarse en los que nos precedieron. «Mi adolescencia la pasé leyendo a José Ángel Valente, Alejandra Pizarnik, Vicente Aleixandre, Elena Medel, Allen Ginsberg… Como inspiración me sirvieron varias cosas: pero la que más, la lectura compulsiva», Luna Miguel.

En El Independiente hemos hecho una selección de aquellos poetas jóvenes que vale la pena leer y poner atención. Aquellos que tienen dejes clásicos, metáforas exigentes y alguna rima que no esgrima.

Rupi Kaur

Nació en Panyab (India) en 5 de octubre de 1992. Compagina la poesía con la ilustración, dos de las principales características de sus libros, sus dibujos y textos. A los cuatro años se mudó con su familia a Canadá, allí ha vivido hasta ahora. Comenzó a escribir en el instituto y en 2014 publicó su primer libro, Milk and Honey, que superó los 2,5 millones de copias vendidas en todo el mundo. El feminismo, la migración y la pérdida son los temas principales de su trabajo poético.

Luna Miguel

Es de los 90 y del 90, de Madrid. Es periodista, además de poeta. El pasado año publicó su primera novela, El funeral de Lolita, pero a su espalda ya tiene seis poemarios editados y no con poco éxito. La tumba del marinero y El arrecife de las sirenas son sus dos libros de poemas más brillantes.

Raquel Vázquez

Nació en Lugo en el año 1990, es licenciada en Filología Hispánica y desde que comenzó a escribir no ha parado de ganar premios. De sus ocho poemarios publicados, cinco de ellos han sido premiados. En 2013 consiguió el Premio Poesía Joven Gloria Fuertes con el libro Luna Turbia y este año 2019 se ha llevado el Premio Joven Loewe de Poesía, por los versos de Aunque los mapas.

Sergio C. Fanjul

Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es periodista y escritor. Compagina su día a día en El País con la escritura creativa y la poesía. En el 2008 ganó el Premio Asturias Joven de Poesía. Es capaz de adaptar el lenguaje al contexto más actual, mezclando palabras y significados para construir textos brillantes.