Alberto Garzón, líder de IU desde hace algo menos de cuatro años, saltó una barrera y multitud de suspicacias cuando se integró en las listas electorales de Unidas Podemos y ha vuelto a saltar otra, ésta más alta, al lograr que una formación de ideario comunista entre en el Gobierno del Estado, informa en EFE Ángel A. Giménez.

Aunque su educación y formación es malagueña, nació en Logroño en 1985. En Málaga, por tanto, el futuro ministro de Consumo ha forjado su ideología, ya que en las aulas de su Universidad se licenció en Economía. Es, además, máster en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid desde 2011.

Becado por el ICEX e investigador de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla con un proyecto sobre las condiciones laborales de hombres y mujeres en Andalucía, Garzón, que hoy es padre de una niña de algo más de un año y espera su segundo hijo, dio el salto a la política de primera línea en 2015.

De apariencia seria aunque cordial, Garzón, a sus 34 años, ha sido protagonista de la corta historia de Unidas Podemos (antes Unidos Podemos) y lo será también del primer Ejecutivo de coalición de la historia democrática a escala estatal.

El próximo ministro de Consumo es precoz en política: fue el diputado más joven con 26 años, tardó poco en convertirse en coordinador federal de IU y ha necesitado muy poco tiempo también para convertirse en ministro.

Porque si bien IU sabe qué es gobernar, pues ha formado parte de diferentes gobiernos de coalición en comunidades autónomas (el andaluz Diego Valderas fue vicepresidente con José Antonio Griñán y Susana Díaz en San Telmo), e incluso ha tenido alcaldes (Zamora, actualmente), no tiene pasado en los consejos de ministros.

Hasta la semana que viene.

Era entonces un rostro conocido por sus cada vez más asiduas apariciones en los programas de tertulia y contenido político que se pusieron rabiosamente de moda. El 15M elevó el interés por los políticos a cotas altísimas.

También comenzaron a circular a toda velocidad por las redes sociales algunas de sus intervenciones en el Congreso. Todo lo que aprendió en los libros empezó a expresarlo en la tribuna del Congreso o como portavoz del grupo La Izquierda Plural en las comisiones de Economía y Competitividad o en la de Hacienda.

La popularidad necesitaba encontrar una réplica en la jerarquía de una IU que entonces dirigía Cayo Lara. Lo consiguió en 2013 al acceder a la Comisión Ejecutiva Federal. Dos años después fue elegido candidato a la Presidencia del Gobierno.

La de Garzón es una carrera que va muy rápido y que no para de subir, aunque las dificultades no han faltado.

La lógica impuso que el candidato en las elecciones de 2015 fuera el líder de IU, y lo consiguió un año más tarde en una Asamblea en la que no faltó la tormenta.

Podemos era entonces una corriente muy potente en niveles de popularidad, y a la postre, en número de escaños: las elecciones de diciembre de 2015 dieron a Pablo Iglesias un grupo parlamentario propio con más de 70 escaños y a Garzón le dejaron borrosamente dentro del Grupo Mixto.

La Asamblea de IU que le alzó a la Coordinación Federal abordó ese dilema, una vez se constató que habría repetición de elecciones: o subirse al carro de Iglesias o seguir un ritmo propio.

Garzón apostó por lo primero en contra de las sensibilidades de un gran sector de IU, incluido el propio Cayo Lara.

Tanto apostó que incluso un mes antes firmó con Iglesias el que se dio en llamar «el pacto de los botellines»: ambos anunciaron, en mayo del 16, el acuerdo por el que Podemos e IU harían listas conjuntas.

Y lo ilustraron en una sala de teatro madrileña brindando con un botellín de cerveza.

Garzón fue de cinco en la lista de Madrid en las primeras elecciones a las que se presentó con Podemos, algo que desairó al sector de Izquierda Unida más renuente a la alianza. Argumentaban las voces de este sector que IU se terminaría diluyendo.

Desde entonces, el futuro ministro ha intentado delimitar claramente sus contornos y moverse con autonomía, y a la vez no dar la sensación de que así podía salirse de la unidad de la confluencia.

Lo demostró en las negociaciones para formar Gobierno de coalición con el PSOE en julio del año pasado: llegó a entrar en las negociaciones con un papel mediador, situándose entre un Sánchez y un Iglesias muy distanciados entonces. Si hubo desavenencias, apenas se notaron.

Las relaciones Podemos-IU no son sencillas y dependen demasiado del contexto político. Tras los comicios del 10N y durante las discretísimas negociaciones reanudadas entre Sánchez e Iglesias, personalidades de IU lamentaban que Garzón estuviera desaparecido.

A finales de ese mes de noviembre, con motivo de la publicación del que es su último libro hasta la fecha (ha escrito varios), afirmó a Efe que estaba dispuesto a ser ministro, si bien no lo consideraba un objetivo prioritario.

Lo fuese entonces o no, lo sea ahora o no, la realidad es que será ministro.