Primero fue la reclamación de selecciones deportivas catalanas -generosamente regadas por la Generalitat de Jordi Pujol-. Después se hizo famoso como líder del colectivo que impulsó las pitadas al Rey en las finales de la Copa a las que llegaba el Barça. En los últimos meses han sido los escraches a trabajadores públicos y privados por no utilizar el catalán, convenientemente publicitados y magnificados en las redes sociales.

Ahora, Santiago Espot ha decidido sacar rendimiento de esos esfuerzos y la popularidad alcanzada entre ámbitos independentistas con un partido político que aspira a presentarse en las próximas elecciones catalanas. Será su tercera incursión en la arena política, esta vez con un nombre de innegables raíces culés, Força Catalunya, y la promesa de imprimir al proceso independentista el carácter del que a su juicio adolecen los actuales líderes de JxCat y ERC. «Necesitamos políticos con carácter y sin los tics del vencido», argumenta en el lanzamiento de su nuevo proyecto.

Lengua, cultura y deporte en la mejor tradición de la ultraderecha

La lengua promete ser eje central en el discurso del nuevo intento político de Espot. Bajo el lema de la frase atribuida a Tácito: «La marca del esclavo es hablar la lengua del amo», advierte que renunciar al catalán abre la puerta a «renunciar a cualquier cosa» y se pregunta si «seremos tan cobardes y mezquinos como para no dejar la herencia de nuestro idioma a las futuras generaciones».

El proyecto de su nuevo partido, Força Catalunya, es diáfano en materia cultural: «La tomadura de pelo de la multiculturalidad ha dejado a la cultura catalana en la categoría de una cultura más, situándola dentro del rango de cualquier cultura extranjera llegada de nuevo y sin ningún arraigo con nuestro país» afirma Espot en la presentación de los ejes políticos de su proyecto.

La política deportiva es fundamental para el hombre que se lanzó a la fama como defensor de las selecciones deportivas catalanas y lanzó su segundo partido junto a un ex presidente del Barça: Joan Laporta. En su programa, Força Catalunya defiende que «todas las naciones aprovechan el deporte para hacer política, y los catalanes no seremos una excepción. El deporte catalán ha de ser un modelo de patriotismo».

En materia educativa, Espot advierte que «la regeneración educativa solo es posible se rehacemos la política, liberándonos de la colonización española y francesa, tanto en el ámbito político como en el cultural y lingüístico» y defiende una política educativa que permita «formar el carácter». Por su puesto, la política económica se reduce a denunciar el «espolio económico» que sufre Cataluña a manos del Estado Español y propone como solución un nuevo estado independiente para garantizar que todos los recursos «se quedan aquí».

El nuevo intento de asalto a la primera línea política llega después de unos meses de intensa presencia en las redes sociales, donde Espot se ha erigido en defensor de los derechos de los catalanoparlantes. Lo hizo al protagonizar un escrache en un centro médico de atención primaria, después de que una usuaria denunciara en las redes sociales la «humillación» que había supuesto para su hija ser atendida por la médico de guardia en español. Espot convocó a sus seguidores en las redes y se presentó en el CAP con una decena de personas para exigirle al director del centro el cese inmediato de la facultativa.

Visto el éxito de la hazaña, el líder independentista repitió experiencia, esta vez colocándose en primera persona como denunciante, con una dependienta del Corte Inglés como denunciada. Y la denuncia surtió efecto, aparentemente, ya que el propio Espot aseguró haber recibido una llamada del director de comunicación de los grandes almacenes para disculparse por el «incidente».

El pasado como activista y delator

No es la primera vez que Espot se enorgullece de ejercer como delator en defensa del catalán. En 2010 denunció de forma anónima a 3.000 comercios catalanes por rotular en castellano. Al menos eso aseguró él mismo después, explicando orgulloso que «lo hemos hecho para que respeten el catalán».

La hazaña se produjo entre dos hitos clave para el activista separatista: las dos finales de la Copa del Rey que convirtió en actos de rechazo al monarca. En 2009 y 2012 aprovechó las finales entre Barcelona y Athletic de Bilbao en Mestalla y el Calderón para repartir por las gradas 10.000 silbatos en cada partido y, tras ello, supo proclamarse víctima: El resultado fue una multa de 90.000 euros ratificada por la Audiencia Nacional a petición de la Fundación Danaes.

Dos fracasos políticos en el zurrón

Paralelamente, Espot mantenía sus aspiraciones políticas. En 1999 y tras dejar la Plataforma Pro Seleccions se presentó a las elecciones al Parlament como candidato por Tarragona del Partit Espinaltià y sus resultados fueron nefastos. Cosechó 122 votos en su provincia y su formación se quedó en 799 votos en toda la comunidad autónoma.

En 2011, unió su primera marca propia política, Catalunya Acció, a la Solidaritat Catalana per la Independència (SI) de Alfons López y Héctor López Bofill, una escisión de ERC que acabaría sirviendo de catapulta política de Joan Laporta. Ese año, Espot ganó las primarias del nuevo partido para ser el alcaldable por Barcelona, pero su decisión de presentarse en solitario provocó la marcha del único activo de la entidad, Laporta, y le llevó a su segundo desastre en las urnas. Sólo consiguió 6.802 apoyos, un 1,12% del total, y la coalición, que había logrado cuatro diputados autonómicos apenas unos meses atrás, acabó desapareciendo en la práctica.