David Bonvehí reúne hoy a la dirección del PDeCat para analizar los últimos encuentros con Jordi Sánchez y Antoni Morral, líderes de la Crida, sobre la «reordenación» del espacio del JxCat. Nadie cuestiona el liderazgo de Carles Puigdemont. Pero todo lo demás está en el aire. Los dirigentes procedentes de la antigua convergencia defienden la continuidad del PDeCat, y una coalición con la Crida -el partido de Puigdemont y Sánchez- bajo las siglas de JxCat. Pero Sánchez y una parte del propio PDeCat abogan por la disolución del partido heredero de convergencia en una nueva formación bajo el liderazgo absoluto de Puigdemont. Un nueva formación heredera, eso sí, de todos los cargos institucionales y derechos políticos atesorados por el PDeCat.

Paralelamente, el partido que lidera Bonvehí sigue sufriendo además un goteo de bajas -esperadas pero relevantes- de antiguos líderes convergentes. Ayer el ex portavoz en el Congreso, Jordi Xuclà, anunció públicamente que abandonaba la militancia del PDeCat, siguiendo la estela de Marta Pascal y Carles Campuzano, por lo que entienden como excesiva complacencia de Bonvehí a los designios de Puigdemont y la imposición de la Crida.

«Sumamos personas, no partidos, no siglas, no entidades» advirtió ayer el propio Jordi Sánchez en su primera entrevista presencial en RAC1 desde que ingresó en prisión en octubre de 2017. Una intervención pensada para marcar la negociación sobre el futuro de JxCat, en la que Sánchez recordó que «en 1977 ya nos encontramos en un horizonte parecido», cuando las muchas organizaciones creadas en la clandestinidad «se tuvieron que refundir» en nuevos partidos.

Un nuevo partido

«Mi convencimiento, absolutamente alineado con el president Puigdemont, es que este espacio tiene que ser una nueva organización política que tenga la capacidad de incorporar lo mejor de todas las tradiciones políticas que se quieran sumar, de las más antiguas a las más recientes, y que empiece de nuevo» añadió Sánchez, quien dejó claro en todo momento que no hay otra opción que la disolución del PDeCat.

Pero la dirección del partido, representada por Bonvehí, el portavoz Marc Solsona o el secretario de organización Ferran Bel se oponen firmemente a esa disolución. Los tres dirigentes del sector «oficial» del partido retomaron la primera semana de junio las negociaciones con Sánchez bajo la premisa de que «cualquier proceso de ordenación tiene que tener en cuenta al PDeCat y reconocerlo para crear espacio en el que todos nos sintamos cómodos», en palabras de Solsona.

Dos semanas después, Bonvehí y Solsona darán cuentas de esa negociación ante la Ejecutiva, en la que tiene un apoyo mayoritario, confiando en conseguir su apoyo para seguir defendiendo la continuidad de sus siglas.

Pero otros dirigentes de peso como la vicepresidenta, Miriam Borràs, o el presidente del grupo parlamentario, Albert Batet, defienden la disolución del partido para integrarse en una nueva formación liderada por Puigdemont, y aseguran que ese fue el mandato del congreso de 2018, en el que ese sector ejecutó la defenestración de Marta Pascal diseñada por Puigdemont desde Waterloo.

Entre unos y otros, dirigentes como los consellers Damià Calvet y Miquel Buch, que podrían defender la continuidad del PDeCat pero se sienten molestos por el modo en que Bonvehí ha gestionado la negocaición de espaldas a los miembros del Govern. O los ex consellers Jordi Turull y Josep Rull, desconectados de la gestión diaria del partido por su condición de reos, pero con gran ascendente sobre amplios sectores de JxCat, que se sienten igualmente menospreciados.