Era su día de descanso, el tiempo acompañaba y nada parecía que fuera a complicar la jornada que había amanecido parcialmente soleada en el centro de Bilbao. Era mediodía, pasadas las 11.30 y acababa de aparcar. Salió del parking del Palacio Euskalduna, por el ascensor, y al día de descanso y recados tranquilos sólo le quedaban unos segundos. «¡¡Al ladrón, al ladrón, al ladrón…!!» fue lo primero que escuchó cuando las puertas del elevador se abrieron. Ante los ojos de Asier, un joven con una mochila a su espalda corría a gran velocidad mirando hacia atrás. Tras él, un hombre ya fatigado intentaba alcanzarle. Había pocas posibilidades de que lo lograra.

A la secuencia le esperaba un final inesperado; la irrupción de una suerte de héroe callejero. Otro hombre, en aparente buena forma física, irrumpe a gran velocidad y se suma a la carrera, cruza los cuatro carriles, las vías del tranvía y en pocos segundos le da alcance al grito de «paarateee, paaarateee, cabrón… ¡soy ertzaina!, ¡soy ertzaina!». Para entonces, el sospechoso apenas tenía posibilidades, sus tímidos quiebros pronto fueron aplacados por el agente ‘de libranza’. Tras darle alcance lo inmovilizó en el suelo. La carrera de todos acaba de terminar.

En la sociedad de los vídeos virales aquella escena estaba llamada a triunfar y el gesto de Asier a quedar inmortalizado para siempre. «Es algo casi instintivo, te sale», justifica en declaraciones a El Independiente y en un intento por restarse importancia. Abrumado por la repercusión, subraya que no hizo sino cumplir con su obligación: «Es mi trabajo, son cosas que te salen, ni lo piensas, no hay ni un segundo de reacción».

Preguntado por las circunstancias del presunto robo, Asier asegura que apenas sabe las circunstancias. «Al parecer, el hombre había intentado dar un tirón a una mujer pero no sé mucho más. La mujer se acercó y me dio las gracias. Yo sólo me quería ir de allí. Se estaba arremolinando mucha gente y había muchos teléfonos móviles por allí. Me ha sorprendido mucho, pensaba que había pasado desapercibido». Asier sólo tuvo retenido al sospechoso dos o tres minutos, «hasta que ha llegado la patrulla y se ha hecho cargo de él, me he puesto a su disposición para lo que necesitaran y ya está, poco más».

Ya en casa, su carrera matutina y su reacción viral empezaban a insuflarse en las redes sociales. También las llamadas y mensajes de conocidos, hasta que no pudo aguantar más en silencio: «En casa, a mi mujer, al final sí se lo he tenido que contar, ha notado que me llegaban muchos mensajes».

No es la primera vez que este ertzaina destinado hoy en la Unidad de Vigilancia y Rescate de la Policía Autonómica Vasca interviene de este modo. Ocurrió hace tiempo, en otro día de descanso. En aquella ocasión no hubo gritos sino humo. Salía de una vivienda y no dudó en entrar en la vivienda. Una sartén abandonada en el fuego había provocado un incendio peligroso: «Tuve que entrar en la vivienda y despertar a la señora. Había un montón de humo. Bajé rápido al portal y cogí el extintor para apagar todo aquello. Allí estuve hasta que llegaron los bomberos. Como te digo, son cosas que no te piensas, las haces».

Lo que Asier no dice es que el instinto también se forma y se activa con la veteranía. Lleva 26 años como ertzaina. Su trabajo comenzó en años complicados para la Policía Autónoma Vasca en el País Vasco. Antes de pertenecer a la Unidad de Rescate y Vigilancia estuvo destinado en Seguridad Ciudadana, en tiempos en los que la amenaza de ETA, los distiurbi0os callejeros y la tensión de aquella Euskadi de mediados de los 90 condicionaba la vida de los ertzainas. Asier reconoce que le tocó participar en «otras actuaciones fuertes» que prefiere no desvelar. Sin embargo, asegura que hasta ayer, en ninguna se le identificó y trascendió «de forma tan notoria» y menos aún convirtiéndole en el protagonista de un vídeo viral.