La pompa acompañó desde su nacimiento al majestuoso edificio del Hotel Plaza. Su inauguración, en 1953, por el mismísimo Francisco Franco da cuenta de la relevancia de su apertura. En la España que había pasado los peores años de la posguerra estrenaba el edificio más alto del país, el NODO con su lenguaje engomado registró el hito de Julián y José María Otamendi, cerebros de la obra. 

Desde ese momento se convirtió en un lugar emblemático de Madrid donde paraban las estrellas de cine nacional e internacional como Charlton Heston o Gregory Peck. Y su fachada se hizo indisociable de la escultura del hidalgo don Quijote de la Mancha y Sancho Panza que durante décadas destacaban en el parque de la plaza de España.

Tras estar a punto desaparecer tras caer en manos del grupo chino Wanda que quería derribarlo, el que fuera el rascacielos más alto de Madrid lleva abierto dos años como el Hotel Riu Plaza de España, que ha recuperado el esplendor del edificio.

En uno de los peores momentos del turismo de la historia del país y de la ciudad por culpa de la epidemia de COVID-19, el hotel ha sido de los primeros en abrir. Control de temperatura, distancia física y mascarillas mantienen a raya al coronavirus. «Transmitir la máxima seguridad, que te tomen la temperatura y una serie de trámites no es algo cómodo, pero lo más importante para nosotros es transmitir seguridad a nuestros clientes y a los empleados. Estamos para dar servicio y seguridad», afirma el director Manuel Jaile.