El que fuera uno de los fundadores de Sociedad Civil Catalana, Josep Ramón Bosch (Santpedor, Barcelona, 1963), saca libro bajo el sugerente título «Cataluña, la ruta falsa» (Edit. Deusto) y un aún más sugerente subtítulo: «El problema catalán: cómo solucionarlo y no sólo conllevarlo». A esa conllevanza de reminiscencias orteguianas le contrapone un plan de acción que pasa por hacer del catalán una lengua de ámbito nacional; de la ciudad de Barcelona, la cocapitalidad de España además de sede del Senado y de algunos Ministerios; y de los políticos del procés condenados por el Supremo ex presidiarios tras la concesión de indultos.

Porque ahora, desde Lliga Democràtica, -movimiento que aúna, entre otros, a ex dirigentes convergentes y hasta del PP-, va a pedir este miércoles el indulto de los nueve condenados por sedición y malversación de fondos públicos. Bosch lo tiene claro. «El Estado ha ganado» y «hay que pasar página al proceso». Crítico con un independentismo que le ha acosado y querido condenar a la muerte civil, tampoco ahorra en críticas contra los Gobiernos de PSOE y PP.

Pregunta. -¿De verdad que el problema independentista catalán tiene solución o es un brindis al sol?

Respuesta. -Cataluña sufre una triple división: económica, geográfica y étnicolingüística. Las clases pudientes son independentistas, sólo hace falta ver cómo se vota según los barrios ricos o pobres. El interior de Cataluña es independentista, con Girona como adalid de la independencia y la zona de costa con Barcelona y, sobre todo, Tarragona, constitucionalista. Pero hay otra terrible, que es lo que Ortega llamaba étnicolingüística. Un 50 por ciento de la población tiene el catalán como lengua madre y el resto el castellano. El 90 por ciento de los primeros, son independentistas, mientras que el 90 por ciento de los castellanoparlantes, unionistas. Y esas dos comunidades están cada vez más separadas al informarse por caminos distintos, unos a través de medios, muchos de ellos subvencionados, en catalán, y los demás en castellano.

«Lo que tenemos que hacer es coger la bandera del catalán, arrebatársela a los separatistas y enarbolarla»

P. -Eso hace mucho más complejo el problema.

R. -Lo que tenemos que hacer es coger la bandera del catalán, arrebatársela a los separatistas y enarbolarla. Apropiárnosla los que nos sentimos profundamente catalanes y españoles. Que sea una bandera de los hispánicos. Por eso hablo del catalanisno hispánico como una forma de generar un relato de amor a España. Hagamos del catalán una lengua española.

P. -Propone que Cataluña «mude sus élites y transmute las viejas glorias comisionistas por nuevos empresarios y dirigentes sociales», pero ¿eso cómo se hace?

R. -Tengo la teoría de que la burguesía murió a finales de los años 70, principios de los 80, y las élites son nuevos ricos que han jugado a la secesión pensando que esto les saldría gratis. Existen nuevos ricos porque ha habido un sistema clientelar en el que si se quería progresar económica y socialmente tenías que formar parte del pujolismo. Esa red sigue existiendo a pesar de que hay una mayoría de catalanes que se siente españoles, pero hay una ley electoral que favorece las zonas independentistas, además de la manipulación de la educación y de los medios de comunicación y el grifo de las subvenciones, que ha dado el fenómeno del 3 por ciento.

P. -¿Qué responsabilidad tiene la Cataluña silente?

R. -La población catalana calla porque no existe la muerte física pero sí la civil, la expulsión del paraíso. Convergencia coge el poder y crea un estado dentro de otro estado. A los catalanoparlantes les han explicado que España es el recuerdo del pasado, de Franco, de los militares, de la extrema derecha… llegando al absurdo de decir que la Guerra Civil fue una guerra contra Cataluña, cuando los que más apoyaron a Franco fueron los catalanes y quien dio el dinero para que Franco se levantase fue, entre otros,un catalanoparlante, Juan March. El abuelo de Puigdemont fue un gerifalte franquista o el mismo LLuis Llach que su padre mato por Franco.

«Los que más apoyaron a Franco fueron los catalanes y quien le dio el dinero para que levantase fueron dos catalanoparlantes, Campoy y March»

P. -Pero también dice en su libro que el constitucionalismo ha dado «una respuesta torpe, intelectualmente indolente, estratégicamente errática y materialmente insuficiente».

R. -Los gobiernos sucesivos de la Nación han confiado en un sinvergüenza como Pujol. No tienen tanta responsabilidad los independentistas, que han hecho su trabajo, como los gobiernos de PP y PSOE. Dicho esto, el gran fracaso del constitucionalismo fue en 2017. Entonces el constitucionalismo ganó y lo separatistas no llegaron al 50 por ciento, pero desde entonces solo hemos visto como los dirigentes que ganaron han abandonado Cataluña.

P. -¿En su repaso histórico del independentismo hubo algún momento en que podría haberse evitado llegar al punto en el que estamos ahora?

R. -Si hubiese salido la operación reformista la situación de la relación de Cataluña con España hubiese sido distinta puesto que las élites catalanistas se hubiesen implicado en la gobernabilidad de España. También cuando el propio Miquel Roca no fue ministro porque Pujol lo impidió. Creo que la presidencia de Aznar constituyó otro momento histórico perdido. La última oportunidad la perdimos en 2017, cuando no se quiso presentar una alternativa de gobierno por parte de Ciudadanos y no supo hacer un relato que encandilase a una parte de catalanes. En cambio se hizo un discurso frentista y no de seducción. Me temo que en las próximas elecciones el independentismo puede ganar en votos y escaños y superar el 50 por ciento cuando todos los estudios sociológicos dicen que la gran mayoría de los catalanes se sienten a la vez catalanes y españoles. El constitucionalismo no es capaz de generar un proyecto de ilusión.

El catalán debe poderse hablar en el Congreso y que en las instituciones oficiales también se rotule en catalán»

P. -¿Habrá un frente electoral constitucionalista?

R. -Debería producirse la unión de un centro-derecha liberal constitucionalista que englobe a gente que entienda que el procés ha muerto y centrarnos en los temas que afectan a los ciudadanos. Además, hay que hacer un relato en catalán. Defendemos favorecer una ley de lenguas que reconozca el catalán como lengua que se pueda hablar en el Congreso o que en las instituciones oficiales también se rotule en catalán, porque para un catalán es muy sensible el tema de la lengua. También creemos que Barcelona es la cocapital de España y ¿por qué no el Senado o ministerios en Barcelona? Cuando España no existe no la puedes querer.

P. -¿Hay un independentismo bueno y otro malo?

R. -No es ni bueno ni malo, es una opción política legítima en la que militan y cree mucha gente a la que tengo en altísima estima y consideración. Hay gente buena y mala en todas partes. ERC ha abandonado ya la vía unilateral, defendida por Pere Aragonés y los consejeros, que es distinta a la de un personaje endiosado como Oriol Junqueras. Cuando uno lee lo que le hizo a Puigdemont dice “pobre Puigdemont si es que Junqueras era un traidor y un vendido”. Puigdemont no es un loco, es un personaje melancólico que se cree lo que hace pero que él no quería hacer lo que ha hecho.

«Puigdemont es un personaje melancólico y manda más Jordi Sánchez»

P. -Pues parece empeñado.

R. -Es muy duro vivir a 1.000 kilómetros de tu familia y en un relato fantasioso, pero no es quien realmente manda. Hay personajes que tal vez mandan más como Jordi Sánchez u otros que no están tan expuestos públicamente. Es ese independentismo inteligente que sigue la máxima de Pujol “hoy paciencia y mañana independencia”. Lo volverán a hacer, no por la vía unilateral y golpista, pero sí para ir poco a poco ganando adeptos. Mientras el Estado español no sea generoso, no vea que los presos aúnan a una parte muy importante de la gente que los quiere ver en su casa y construyan un relato a favor de Cataluña, es muy difícil que los constitucionalistas ganemos.

P. -¿Han sido los presos la argamasa que ha mantenido unido al independentismo?

R. -Estoy en un proyecto que se llama Lliga Democràtica donde hay gente que procede de la antigua convergencia y del PP o, como yo, del constitucionalismo desacomplejado. Creo que hicimos lo que había que hacer cuando íbamos a los juzgados a denunciar las actuaciones de esta gente. Pero dicho esto, vamos a pedir este miércoles el indulto porque tengo la teoría de que el Estado ha ganado, ha aplicado la ley con contundencia, con unas penas muy duras, y han sido derrotados. Todos saben que ésto no lo van a volver a hacer porque ya saben que les lleva a la cárcel. No son lerdos. El Estado de derecho ha ganado y en la victoria la generosidad y el perdón se le presupone. Vivo a un kilómetro de la cárcel de Lledoners, no es que empatice, pero cada día van miles de personas en romería a saludar a sus presos. Yo quiero convivir con los catalanes independentistas y reconozco un dolor intenso entre ellos que creen, equivocadamente, que lo que hicieron fue ir a votar, aunque fuera un golpe de estado. Hay que pasar página al proceso y echar a los separatistas del gobierno de la Generalitat.