En unas horas sabremos quién se convierte en el próximo presidente de EEUU, en una elección que se presenta reñida como pocas veces en la historia del país. Cada voto tendrá un gran valor, y más que nunca conviene entender con detalle el sistema electoral y sus peculiaridades.

La gran singularidad es que los ciudadanos no votan directamente a su presidente. Técnicamente, votan por delegados para Hillary Clinton o delegados para Donald Trump, ya que es un colegio electoral de 538 personas el que elige al presidente y al vicepresidente. Una cifra que no está puesta al azar: es la suma de los escaños de la Cámara de Representantes (435), del Senado (100) y tres electores especiales que tiene Washington DC (un número que puede variar).

En función del censo (el último es de 2010), se reparten de forma proporcional los 538 delegados. Así, los estados más poblados obtienen más electores. California (55), Texas (38), Nueva York (29) y Florida (29) son los cuatro que más reparten. Y a lo largo de los años, según varía la población de cada lugar, cambian también los delegados. Por ejemplo, Arizona casi ha triplicado su número de delegados electorales desde 1960, hasta llegar a los 11 actuales. Y Florida ha ganado al menos un voto electoral en cada nuevo censo.

¿Y a quién se asignan los delegados de cada estado? Aquí viene la segunda gran peculiaridad del sistema: el que más votos obtiene se lleva todos los delegados de ese estado, aunque logre la victoria por un solo voto de diferencia. Es el llamado winner-take-all system, por el que se rigen desde 1880 todos los estados, menos Maine y Nebraska. Por eso, los candidatos no hacen campaña por todo el país, ni siquiera en los estados que saben con total seguridad que ganarán, sino sólo en aquellos lugares donde el resultado se prevé más ajustado. Lo que cuenta es llegar a la cifra mágica de 270 delegados.

¿Pueden los delegados no cumplir la voluntad popular y apoyar al otro candidato? Técnicamente, sí, ya que ninguna ley federal les obliga a plegarse a su compromiso adquirido. De hecho, a lo largo de la Historia ha sucedido en 22 ocasiones. Aunque sólo en 1836 estuvieron a punto de alterar el resultado. En aquella ocasión, los 23 delegados que por entonces Virginia tenía –ahora son 13- rehusaron apoyar al candidato demócrata a la Vicepresidencia. Una situación que produjo un empate, que tuvo que dirimir el Senado a favor del demócrata, respetando la voluntad popular.

El que tiene más votos a nivel nacional no es necesariamente el presidente. Basta con tener más delegados que el rival»

Asimismo, este curioso sistema electoral hace que el candidato que tiene más millones de votos a nivel nacional no sea necesariamente el presidente. Basta con tener más delegados que el rival. De todas formas, sólo ha sucedido en cuatro ocasiones, siendo 2000 la más reciente.

¿Qué sucederá el próximo 8 de noviembre? Difícil de predecir, en vista de lo ajustado de las encuestas. Aunque un buen número de factores hacen más probable una victoria de Hillary, no es para nada descartable un triunfo de Trump. Lo que sí está claro es que esa noche, Nueva York será epicentro de interés mundial, ya que los cuarteles generales de ambos candidatos están en la ciudad que nunca duerme.

Un repaso a los 6 últimos procesos electorales