Unas pocas horas. Ese breve espacio de tiempo es el que separa a Hillary Clinton de convertirse en la primera presidenta de la Historia de EEUU. Minutos y segundos que se harán eternos, ya que aunque la dirección del viento sopla a su favor, no es más que una suave brisa porque el panorama es incierto.

El tablero de ajedrez le es más más favorable a Hillary, que tiene un camino más fácil que Donald Trump para lograr los 270 delegados necesarios. Además, la alta participación de hispanos y afroamericanos en el voto anticipado son señales que invitan al optimismo en su campaña. Pero el multimillonario neoyorquino llega con opciones reales de ganar la elección. La sorpresa es poco probable, pero para nada descartable.

Clinton se ha preparado durante toda su vida para este momento. Cada ladrillo que ha ido poniendo en su carrera profesional ha ido construyendo el edificio de su Presidencia. Desde sus estudios en Wellesley y Yale a su «exilio» en un Arkansas que no la entendía. Primera dama del estado sureño, primera dama de la nación, senadora por Nueva York y secretaria de Estado.

Ningún candidato se ha presentado a la Casa Blanca con un currículum como el suyo. Buena tarjeta de presentación para alguien que, si gana, necesitará grandes dosis de experiencia y liderazgo para recomponer los pedazos de una América partida en dos. Porque el escenario que se le presenta a Hillary Clinton, en caso de victoria, no es nada fácil.

Pendiente del resultado en el Senado

Esta campaña ha puesto de manifiesto lo que ya se venía advirtiendo desde hacía años. El cambio demográfico y los nuevos retos tecnológicos, sumados a una crisis económica que se tradujo en la pérdida de millones de puestos de trabajo, ha ido dividiendo a la sociedad hasta límites que han alcanzado sus mayores cotas en esta elección.

La sociedad se ha polarizado y, con ella, sus políticos. Preocupados por lograr la reelección en sus distritos, se pliegan a su clientela local… temiendo escuchar al contrario. Un congresista republicano que vote a favor de subir los impuestos puede enfrentarse a serias consecuencias en su distrito. Y lo mismo sucede en sentido contrario: la izquierda del Partido Demócrata cuestiona a aquellos dentro de su partido que no son suficientemente progresistas.

Esta situación ha paralizado la agenda legislativa del país en varias ocasiones en los últimos años. Y puede volver a repetirse. Los republicanos lograrán seguro revalidar su mayoría en la Cámara de Representantes. En este escenario, si Clinton llega a la casa Blanca pero los demócratas no reconquistan el Senado, tendrá una Presidencia muy complicada.

Ahora bien, si algo describe el carácter de Hillary Clinton es que se crece ante los retos y es cuando despliega su amplio abanico de capacidades. Su astucia y conocimiento de propios y ajenos serán claves para lograr los acuerdos que Washington DC necesite para funcionar. Porque si algo puede esperarse de ella es un liderazgo fuerte y pragmático. Hará lo que crea que es mejor para el país, aunque tenga que adoptar una medida impopular o que incluso requiera saltarse en algún punto su programa electoral.

¿Cómo sería la América de la primera presidenta?

De Hillary Clinton puede esperarse una continuación de la presidencia de Barack Obama… en muchos puntos, pero desde luego no en todos. En política interior, hará reformas a la ley sanitaria del presidente, pero no revocará la ley, como exigen los republicanos. La ex senadora más que nadie es madre de un proyecto que comenzó cuando era primera dama. Dedicó todos sus esfuerzos a lograr una ley que facilitase el acceso universal a un seguro médico. Experta en esta cuestión, reformará los puntos del Obamacare que no han funcionado, para lograr un sistema mejor. Triunfará donde fracasó en el pasado.

En el polémico asunto de la posesión de armas, su posición es muy clara. Abogará con contundencia por restringir el acceso. Sin embargo, al igual que Obama se encontrará con un muro de resistencia infranqueable. El negocio de las armas mueve mucho dinero en EEUU, y el derecho a tenerlas para defenderse es una polémica que levanta polvareda entre los ciudadanos estadounidenses.

En cuanto a inmigración, Clinton seguirá la línea del actual presidente, centrada en impulsar medidas que racionalicen el sistema y ofrezcan una solución razonable a los 11 millones de personas indocumentadas que viven en el país. Si el Congreso está paralizado por este asunto, como en los últimos años, activará sus poderes ejecutivos para buscar soluciones. Medidas en la línea de ofrecer un camino de naturalización a los hijos de inmigrantes indocumentados que llegaron al país cuando eran menores. Medidas que serán claves para los hispanos, colectivo que de ganar la presidencia, se espera que sea clave en su victoria.

Con Clinton los mercados respiran tranquilos, lo que beneficia no sólo de los estadounidenses»

La política económica de Clinton será la que sea buena para el sistema. ¿Privilegios para los grandes bancos y Wall Street? Cada uno que lo llame como quiera. Especular con una posible presidencia de Donald Trump hundió a la Bolsa; con Clinton, los mercados respiran tranquilos, lo que redunda en beneficio no sólo de los estadounidenses, sino de otros muchos países.

La ex jefa de la diplomacia de EEUU introducirá algunas mejoras para que la economía continúe creciendo, como Obama ha logrado durante los últimos ocho años. Aboga por incrementar el salario mínimo y promete más impuestos para los ricos. Y buscará que Estados Unidos avance en su independencia energética, cuestión estratégica clave. Cree en el cambio climático y en la necesidad de impulsar energías limpias. No renunciará al fracking, aunque sí le impondrá restricciones. Asimismo, se opone al gran oleoducto con Canadá, el llamado Keystone XL.

A nivel comercial, respalda los acuerdos con terceros países, aunque plantea ciertas renegociaciones. No es partidaria de lograr un acuerdo Transpacífico, impulsado por Obama. El asunto ha resultado polémico entre la izquierda, que se pregunta con miedo cómo puede afectar a los puestos de trabajo en EEUU. Aunque puede ser un tema en el que cambie fácilmente de opinión tras las elecciones si la geopolítica con Asia así lo requiere.

En la convivencia de las razas y etnias, buscará crear puentes de entendimiento entre blancos, afroamericanos e hispanos. Un asunto de gran importancia, tras los episodios de inestabilidad que se han vivido en los últimos años. Ha construido su campaña desde el respeto a la diversidad, y previsiblemente sabrá aplicar políticas al respecto que funcionen.

En los temas sociales, se puede esperar un ligero continuismo al iniciado por Obama. A lo largo de los años, Clinton ha ido describiendo un viraje. Hasta 2013 se oponía al matrimonio entre personas del mismo sexo. Respecto al aborto, siempre ha estado a favor de que la mujer decida, pero con matices en defensa del respeto al no nacido y viendo esta opción como un extremo a evitar.

Si quiere ganarse la confianza de la mayoría, deberá mostrarse moderada, en especial en los nombramientos del Tribunal Supremo

Nada hace pensar que, tras llegar a la Casa Blanca, mueva su posición en estos temas. Ahora bien, no es esperable que adopte tanta iniciativa como el presidente saliente lo ha hecho. Si quiere ganarse a la mayoría de los americanos, deberá mostrarse moderada, en especial en lo referente a los nombramientos que tenga que hacer al Tribunal Supremo.

Nominar sólo a magistrados progresistas alteraría drásticamente el equilibrio de una Corte Suprema que es el corazón de la interpretación normativa del país. Sería algo que jamás le perdonaría la mayoría del pueblo norteamericano. Apostar por jueces independientes, capaces de votar en ocasiones con unos y con otros, sería clave para reflejar un liderazgo pragmático, centrado en no dividir más al país de lo que ya lo está.

Un halcón para mantener a raya a los enemigos

En política exterior, de Clinton se puede esperar una Administración más en línea con lo que han sido los presidentes anteriores a Obama, más intervencionistas. De hecho, a Hillary se la equipara con los halcones, y sin duda ejercerá de comandante en jefe. Conoce muy bien el ejército, de su etapa en el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, y ha tejido una valiosa red de contactos entre los generales.

Desplegar tropas en suelo extranjero no es su opción favorita, pero si la situación lo requiere, lo acabará haciendo. No le temblará la mano para ir un paso más allá. Acabar con la guerra en Siria, derrotar al autodenominado Estado Islámico y al terrorismo islamista y garantizar la estabilidad en Irak serán sus retos más inmediatos.

De todas formas, antes que el perfil militar en Hillary Clinton siempre estará el diplomático. Tras su paso por el Departamento de Estado, nadie mejor que ella conoce los entresijos de las embajadas y el valor estratégico de la diplomacia pública. Retórica combinada con acción que será clave para frenar las ambiciones imperiales de Rusia y controlar el creciente poder de China en Asia y el Pacífico, entre otros retos. En definitiva, de ella puede esperarse un buen equilibrio entre softpower (diplomacia) y hardpower (el poder del ejército).

La peor enemiga en casa

¿Su mayor enemigo? El rechazo que genera entre muchos estadounidenses, que resulta muy elevado. Hillary es muy inteligente, pero esa tendencia a maniobrar y recalcular según la situación lo requiera despierta el recelo lógico de unos ciudadanos que no se acaban de fiar. Y es percibida por muchos como alguien lejano que vive entre privilegios.

Clinton no es tan mediática ni magnética como Obama, pero tendrá que aprender de su antecesor para plantear una Administración que además de ser transparente, lo parezca. Y necesitará rodearse de gente que le ayude a proponer una presidencia cercana a los norteamericanos. Sin duda revertir sus cifras de rechazo serán claves para su éxito.

Dentro de unas horas sabremos si Hillary Clinton alcanza la que ha sido la gran ambición en su vida. En caso afirmativo, volver a la Casa Blanca haciendo historia supondrá una luna de miel efímera, rápidamente disipada por los múltiples retos que enfrenta América. Si aprende a ser cercana y transparente, podrá hacer relucir lo mucho que sin duda logrará gracias a su experiencia. Tiene madera y recursos para que su Presidencia no sea una más, sino que se ubique entre las más destacadas de las últimas décadas.

David Iglesias es consultor político, especializado en EEUU en GAD3.