A lo largo de mi carrera como formador de líderes empresariales y políticos he tenido sobradas oportunidades de vérmelas con un inmenso abanico de hombres y mujeres con perfiles muy diferentes. Algunos sorprendentes, de puro brillantes a la vez que rompedores, otros… más convencionales. Mi personaje de hoy es, sin duda, de los primeros. Un ‘pura sangre’ de su sector que ha llegado a la cima transitando un camino muy distinto al de otros empresarios de nivel comparable. Y es que Antonio Catalán, presidente de AC Hoteles, no es un empresario típico.

Él lo explica con orgullo: ni es liberal ni es de derechas. Más al contrario, exhibe públicamente sin complejos sus ideas socialistas. Alza su voz contra la CEOE, a cuyos dirigentes considera unos “funcionarios” -no empresarios- que no le representan… pero también contra los sindicatos, a los que critica por ser excesivamente “genuflexos” con el sistema. Desde luego, un par de narices no le faltan. Pero hay algo más en su estilo: su práctica de un capitalismo consciente y sus llamamientos públicos a que las clases medias “sean posibles”, a que las pensiones sean “de verdad” y a que los trabajadores cobren salarios dignos.

La prueba del nueve de que él predica con su ejemplo es que los suyos le adoran… por algo será. Tal vez tenga que ver el hecho de que Catalán  empezara desde abajo y que nunca se haya considerado de una casta especial por haber llegado a la cima o tener un determinado patrimonio.

Hoy tomo mi café con Antonio Catalán en una de sus joyas: el hotel Santo Mauro de Madrid.

Pregunta.- Señor Catalán, es usted uno de los empresarios de mayor éxito en España y un rotundo número uno en su sector. Y siempre que tengo la fortuna de sentarme frente a un líder, lo primero que me pide el cuerpo es preguntarle cómo empezó todo.

Respuesta.- A los diez años yo estaba interno en un colegio en Vitoria que hoy sería un reformatorio de los duros. Hacía un frío tremendo y a partir de las cinco de la tarde, los internos solo teníamos dos alternativas: o estudiábamos o practicábamos atletismo. Yo elegí lo segundo. Fui campeón de España de lanzamiento de disco infantil y luego también pertenecí a los equipos de baloncesto y de balonmano. En fin, que nunca iba al estudio. Y recuerdo que había que escribir una carta a nuestros padres cada fin de semana y aún la retengo en mi memoria: ‘Queridos padres y hermanas, espero que os encontréis bien al recibo de la presente. Las notas de esta semana han sido regulares, pero espero que la próxima mejoren. Un fuerte abrazo de vuestro hijo que os quiere’… (risas)… Quiero decir con todo esto que nunca fui un estudiante modelo. Mis compañeros, que sí que lo fueron, hoy están todos jubilados (risas). Yo ingresé en la escuela de lo que entonces se llamaba comercio y ya les decía: ‘No corráis tanto que váis a llegar enseguida. Hoy están todos jubilados, con cinco quinquenios por lo menos… otros optaban por el seminario. Mis padres tenían lo que se conocía entonces como posibles porque mi padre tenía el único taxi que había en Corella y mi madre un estanco. De ahí me vino la inquietud por emprender, desde el principio.

Yo siempre he soñado porque hay que soñar para llegar a algún sitio. Y tener ambición

P.- Hoy en día se habla mucho, está muy de moda, el concepto de ‘capitalismo consciente’. Usted es un empresario, todo el mundo lo sabe, de ideas progresistas y un marcado sentido social. ¿Cómo aplica este concepto en el día a día de sus empresas y de sus empleados?

R.- Antes, yo puedo decirlo porque mi padre empezó con un taxi y luego se hizo con una gasolinera, las cosas eran diferentes. Cuento esto porque yo vengo desde abajo. Con una mirada (de mi padre) hacia mí le bastaba. Hoy, mi hija mayor, por ejemplo, con unas notas extraordinarias, un día decidió que no quería estudiar más. Y le dije: ¿Sí? Pues te vas a trabajar al hotel de Palma. Di instrucciones para que, con ella, ni una broma y empezó, desde el primer día, a empalmar turnos de tarde hasta las 23:30, con otros de mañana desde las 07:00, y al mes me dijo: ‘Papá, voy a seguir estudiando’. Yo le repito a mis hijas, y el ejemplo me vale para cualquier empleado de una gran multinacional, que nadie somos de una ‘casta’ diferente. A mí, me sigue importando mucho esta cuestión. Voy y vengo de hotel en hotel y sigo hablando con las camareras y me cuentan como hacen cada habitación, que van a empezar a hacerlas de dos en dos como yo les pido… me gusta saberlo. Todos somos iguales, aunque unos contemos con más suerte que otros y tengamos ambiciones diferentes, porque de lo que sí estoy seguro es de que, para llegar, hay que soñar y tener ambición.

P.- ¿Cuál era su sueño de niño?

R.- Ser empresario. Desde el principio. Siempre creí en aquel dicho que rezaba: “Si el padre es pastor, el hijo tiene que ser ganadero”. Aunque antes todo era muy distinto. Yo nací en 1948 y en mi generación faltaba de todo. La gente estudiaba porque sabía que al día siguiente de terminar una carrera tendría trabajo. Mis amigos que venían del Seminario y acababan, por ejemplo, ingeniería de caminos, al día siguiente se iban a trabajar a Dragados. Los que finalizaban estudios mercantiles, se iban a Pamplona a trabajar en Hacienda. Así funcionaba todo.

Cuando abrí el Ciudad de Pamplona, mi primer hotel, les dí a mis empleados un diez por ciento

P.- ¿Cuándo entró en su ánimo la idea de dedicarse al mundo del turismo?

R.- Desde que empecé a trabajar con mi padre en el hotel de carretera. Yo no soportaba aquello de: “¿…y tu padre qué dice?” Yo quería ser empresario y ser independiente. Empecé con tres millones de pesetas que reuní con ayuda de mi padre, de mi suegro y de lo que yo mismo saqué de mi boda. Con eso monté mi primer hotel… ¡que al final acabó costando 95! Fue el Ciudad de Pamplona y ahora acaba de cumplir 40 años. Recuerdo aquellos tiempos con cariño… cómo lo decorábamos, la obra… todo. Cuando no tienes dinero, tienes que echarle imaginación. El día que lo tienes es cuando empiezas a equivocarte.

P.- Sus empleados dicen de usted que es un hombre bueno. Y con un acusado sentido social.

R.- Desde muy joven era ya bastante rojo. Me venía a Madrid con amigos de Corella, el entrenador de mi equipo de baloncesto y otros, y nos íbamos a un mitin. Eran los tiempos en los que Felipe González empezaba y yo comencé también a saber lo que era el socialismo. Al llegar las primeras elecciones, en mi equipo de baloncesto, en el que todos éramos de la misma cuerda, barrimos. El entrenador de hecho fue elegido alcalde de Tudela. Ya desde entonces tenía metido en la cabeza ese sentido de saber si el reparto era equitativo o no. Como empresario admito que siempre he tenido esa duda intelectual, que uno intenta corregir, de si gana demasiado o no…

Sánchez debería convocar elecciones. La moción salió bien pero cada mes que pase perderá votos

P.- Vamos que usted nunca ha sido ni liberal ni de derechas, a pesar de ser empresario.

R.- No. Y siempre me ha ido bien. Cuando terminé el Ciudad de Pamplona les dí a mis trabajadores un diez por ciento. Ese fue el nacimiento de NH. Años después, cuando vendimos, mejor dicho, cuando vendieron, el jefe de cocina, por ejemplo, cobró un millón de euros.

P.- ¿Qué hizo tan exitosa la cadena NH?

R.-Su equipo. Y el modelo. Siempre hemos sido unos inconformistas absolutos. Pensar que las cosas bien hechas siempre son mejorables. Es una filosofía en la compañía. Y debo decir que siempre me lo he pasado bomba con todo mi equipo, en el que muchos siguen. Ha habido años complicados, claro: 2009, 2010, 2011 y 2012. El resto fue todo siempre viento en popa.

P.- ¿Y por qué decidió vender NH?

R.- Yo tenía una magnífica relación con Benedetti y con su hijo. Y una noche me contó en una cena: “Antonio, hemos fracasado en la OPA a y tenemos que vender todo. Te propongo que, con la caja que hay, yo te compro tus acciones (un 65%) y después tú nos compras por arriba”. Llamé a mi amigo José María Concejo, consejero del entonces BBV y se lo conté. Le dije que yo quería seguir siendo hotelero, pero no bodeguero, ni empresario inmobiliario… pero que me parecía que la operación tenía todo el sentido del mundo. Ellos tenían Berberana, Bodegas y Bebidas, el Pasillo Verde… era una operación perfecta. Lo hablamos con Emilio Ibarra y después con Javier Echenique, pero finalmente la operación no salió. Al final firmé la salida a bolsa con Ana Patricia Botín.

Por justicia social entiendo hacer un país posible. Que las clases medias sean verdad

P.- En este tipo de operaciones lo normal será que se haya encontrado con empresarios o financieros que no sean como usted, y que no tengan su idea de capitalismo consciente…

R.- ¡Ninguno! Era un mundo de tiburones. El remate de aquella operación fue colocar el paquete a los fondos, desaparecido ya de la escena Benedetti. Se hizo un consejo de ilustres, a los fondos se les prometió que NH saldría a bolsa y el único marrón que había eran unos supermercados en Zaragoza, que se vendieron. Solo quedaban, básicamente, Sotogrande, Berberana, Pasillo Verde y NH. Empezamos con la salida a bolsa de NH y decidimos fusionar todo. A mí me tocaba el treinta y tantos por ciento de la fusión. Un día me llamaron a Torre Picasso y me dijeron que, para que no pareciera que seguía siendo Benedetti el que mandaba, yo me tenía que quedar solo con un diez por ciento de acciones con voto y que el resto, durante unos años, las tuviera el Consejo. Yo les dije que allí el que mandaba era yo, que tenía mayoría en el Consejo, que era el primer accionista y que quería que eso se reflejara. Si no, vendía. Y dije más: “Quiero edificios en renta al ocho por ciento porque la caja ya la hemos repartido”. Al final me comprometí a venderles la mayoría de NH en 16.000 millones, quedándome con buques insignia, como el Calderón de Barcelona, al ocho por ciento de rentabilidad y previa aprobación del Consejo. Esto provocó la dimisión de Rodrigo Echenique que percibió que no se podía ir el empresario hotelero, que era yo. Después, me fui a verles uno por uno y les dije que yo quería una cadenita pequeña y me quedé con el Santo Mauro y el Palacio del Retiro, sin cláusula de no competencia, con lo que al día siguiente de cobrar empezó la guerra. Mucha gente se vino conmigo y empezamos. Al cabo de un mes ya habíamos comprado el Diplomatic y el Aitana.

Los sindicatos no es que sean débiles; es que están debajo de la mesa

P.- Su cadena hotelera es una referencia muy sólida en el sector. ¿Cuál es su diferencia?

R.- Las personas. Este es un negocio de personas. Y de gente normal. Yo creo poco en los genios… y menos en los listos. Ya sabe, por ejemplo, los abogados del Estado, que están siempre en la línea de enmedio y luego algunos terminan en la cárcel. Esto es una cuestión de voluntad y de actitud.

P.- Y ya que estamos hablando de liderazgo, usted, que ha estado muy cerca del socialismo en España en sus diferentes etapas, ¿cómo las ha visto? Especialmente la última, desde aquella gran tragedia que para el PSOE supuso el traumático Comité Federal del 1 de octubre de 2016 que se saldó con la dimisión de Pedro Sánchez.

R.- Yo no puedo ser objetivo porque soy íntimo amigo de Zapatero y creo que es un personaje al que la gente ha maltratado sin ningún conocimiento. Yo viví muy de cerca aquella etapa y a mí no me pueden decir que el entonces presidente del Gobierno no sabía que no existía la crisis… ¡hombre, que no me fastidien! Lo que pasa es que cuando te pones a gobernar y la caída de recursos es de 70.000 millones, pues lo pasas fatal. Y él lo paso muy mal, sobre todo en la última etapa. Aquello fue una crisis sistémica en la que no había ni listos ni tontos, daba igual. ¿A quién le ha ido bien? Hombre, sobre todo a los no emprendedores. Por avanzar casi hasta nuestros días, respecto a aquel Comité Federal por el que me pregunta, nadie pensaba que ante una situación de esas características, Pedro Sánchez no dimitiese. Aquello fue un fallo de cálculo total y la salida fue… para no repetirla. A partir de ahí (cuando volvió a disputar la Secretaría general) el discurso de Sánchez fue el discurso de Podemos; transmitió que iban a mandar las bases y no los dirigentes y en ese punto, la campaña, la bordó. Lo hizo muy bien mientras que Susana Díaz realizó una campaña clásica y perdió. Ella es una mujer de primera, que conste, con la que me llevo muy bien, pero Andalucía no es España. Allí ella tiene todo muy controlado y de hecho yo alguna vez le digo: ‘Susana, si tú estás mucho mejor aquí, si tú eres presidenta de un país, no de una comunidad’.

Por volver a Sánchez, la última maniobra le ha salido de cine, pero ya, por cada mes que esté (en La Moncloa), lo único que puede hacer es perder votos. Yo le recomendaría convocar elecciones cuanto antes, desde luego antes de Navidad. El equipo de su Gobierno, para la foto me pareció muy bien, pero una cosa es ser astronauta y otra ser ministro… o una cosa es ser consejera de una comunidad y otra ministra. Repito, la operación ha estado muy bien, pero la pueden estropear. Mire cómo ha sido todo el lío de RTVE. O la reforma laboral… yo que he sido el empresario que más la ha criticado, sino el único, y ya ve; llevan dos meses y ya se han olvidado del tema.

El Gobierno lleva dos meses y se ha olvidado de la reforma laboral. Yo soy el único empresario que la critica”

P.- ¿Qué es lo que no le gusta de ella?

R.- Hace poco estuve en Málaga dando una conferencia. Un periodista me preguntó por qué en Andalucía hay record de turismo pero no de empleo. Yo contesté: ‘Porque hay empresas que se dedican a explotar a la gente’. Se organizó una polémica tremenda, incluso en redes sociales. Hasta me llamaron de la Cadena SER.

Yo, por justicia social, entiendo hacer un país posible. Yo por ejemplo no me voy a jubilar, porque he cumplido (solo) cincuenta y veinte, pero si lo hiciese, a mí no deberían pagarme una pensión, porque tengo medios de vida suficientes. Pero me encuentro con mi sastre, que tiene 82 años y que me dice que cobra 600 euros de pensión. No puede ser.

¿Qué permitía la reforma laboral? Es cierto que tiene partes positivas, como la flexibilidad. Pero lo intolerable es el tema de la causalidad. Ello permite que yo pueda tener la posibilidad de despedir a una camarera que gana 1.200 euros al mes, pagarle veinte días y que luego la contratase una empresa y siguiera por 600 o 700 euros. Y a mí eso me parece bananero. No podemos tender a esos países latinoamericanos donde el dinero lo tienen cuatro y las clases medias van desapareciendo. Pero salía una ministra, Fátima Báñez… ¡y decía lo bien que lo estaban haciendo! La realidad era que en el año 2016 se pagaron los mismos salarios globales que en 2011. Claro, te daban ganas de decir: ¡Qué me está usted contando, si aquí lo que se ha hecho es trocear el salario!

P.- ¿Y no le parece que España es ya un poco así? Lo digo porque la sensación es que la desigualdad va creciendo y la brecha entre los sueldos de los grandes directivos y los de los trabajadores es de las mayores de Europa.

R.- A mí no me preocupa que un directivo gane mucho. Yo lo sacaría del circuito y le pagaría lo que hubiera que pagarle, si es muy bueno. Pero la clave es que las clases medias sean posibles, que las pensiones sean de verdad… claro, entiendo que luego llegan los expertos en macroeconomía, te enseñan el cuadro y es demoledor. Pero ¿usted cree que es posible vivir con pensiones de menos de mil euros? ¿O de viudedad de menos de seiscientos? Tenemos además una población envejecida y un problema que se acrecentará para los que se incorporan ahora al sistema. El momento es delicado y aquí hay que hacer política. Y de nada sirve meterles bofetadas a los más ricos porque ya se sabe lo que hacen al día siguiente.

La CEOE no me representa. ¿Qué empresarios hay ahí? Son funcionarios”

P.- ¿Por qué no está usted en la CEOE?

R.- Porque la CEOE a mí no me representa. ¿Qué empresarios hay en la CEOE? ¿El presidente? Yo creo que ahí no hay ningún empresario. Son funcionarios.

P.- ¿Funcionarios… privilegiados? ¿Representantes del Sistema?

R.- Sí, algo así. Una a ello unos sindicatos que, no es que sean débiles, es que están debajo de la mesa. Y este país necesita sindicatos.

P.- ¿Qué opina sobre que en España no haya una ley de huelga? Porque a mí siempre me ha llamado la atención que, en este país, este derecho se siga rigiendo por un decreto preconstitucional, de 1977.

R.- Insisto en que es muy llamativo el papel de los sindicatos. Que llegues por ejemplo a Volkswagen y haya decenas de liberados que se pasan el día ‘tocando el tambor’ mientras que en las PYMES, que son el 90 por ciento del tejido de este país, no hay sindicatos. Se podrían hacer mil cosas, por ejemplo, convenios sectoriales, con las correcciones oportunas porque no es igual vivir en Madrid que una ciudad pequeña, pero se podrían hacer muchas cosas. En política se ha pasado del ‘todo por la patria a todo por el voto’. Sin olvidar que a los sindicatos les ha lastrado mucho el tema de la corrupción. Y que su desempeño es representativo, pero que no tienen mucho conocimiento en profundidad de cuestiones específicas. No estaría de más, también en la CEOE, que hubiera profesionales pagados, que conocieran a fondo esas cuestiones. Pero yo soy el único que lo dice.

P.- Hay otra cuestión recurrente, señor Catalán, y es la del fraude fiscal. ¿Qué haría usted para combatir esta lacra?

R.- Hay una parte de ese fraude que es imposible de eliminar. El de los pequeños. Hombre, hay algunas medidas evidentes, como la de incrementar los efectivos de la agenda tributaria, por ejemplo. Pero hay otras que también podrían adoptarse, como la de simplificar muchas cosas (figuras tributarias) pensando sobre todo en lo que acabo de decir. Ir hacia un sistema de cupos, o algo así, porque estoy convencido de que el fraude no está tanto en las grandes compañías como en la suma de muchos pequeños. Desde el fontanero que llega a tu casa y te dice: ‘¿Con factura o sin factura?’… y así sucesivamente.

España es un país conceptualmente low cost. Necesitamos más precio y mejor servicio

P.- Por volver a su sector, ¿cuál es, actualmente. la salud de la hostelería y el turismo en España?

R.- España es un país conceptualmente, low cost. Este año además será algo peor porque se han abierto Turquía, Túnez y otros países aledaños (por una cierta relajación en el temor a las amenazas de otros años pasados). ¿Qué necesitamos? Más precio medio y un mejor servicio porque ello nos llevará a poder pagar mejores salarios. Este hotel (Santo Mauro) tiene alrededor de 90 empleados y 55 habitaciones.  Se mima en extremo la calidad. En EEUU, un turista gasta tres veces más que en España. ¿Dónde está la diferencia? En el precio de la habitación. Aquí hubo un proyecto de hacer de Mallorca una especie de Miami y yo le decía a Joan Mesquida (ex Secretario de Estado de Turismo) que no perdieran el tiempo. Que a los que tenían un hotel por allí lo que les venía bien eran los tíos que venían aquí a emborracharse y a tirarse por el balcón y caer en la piscina… pero sí, creo que España admitiría un tirón al alza en los precios y una mayor calidad. Cobrando a 40 euros la habitación con pensión completa no se puede hacer mucho. Tenemos una sanidad extraordinaria, una impecable seguridad jurídica y unas infraestructuras sin parangón, como puede verse en nuestra red de AVE o cuando se aterriza en el Aeropuerto Adolfo Suárez. Yo llego a Nueva York y no veo nada igual. ¿Qué más se puede pedir!