Manuel Gazapo es uno de los tipos más fascinantes que conozco. Director Fundador del International Security Observatory, un Think Tank independiente y sin ánimo de lucro dedicado al análisis del contexto internacional desde la perspectiva de la paz, la seguridad y la defensa. Es miembro del Grupo de Investigación de Paisaje Cultural de la Universidad Politécnica de Madrid y colabora en las Universidades Complutense y Nebrija.

Ha publicado numerosos artículos de investigación y ha participado, tanto en libros de alto impacto internacional con capítulos sobre las relaciones internacionales, la ciberseguridad, el crimen organizado y el terrorismo, como en diversos medios de comunicación. Coordinador de congresos entre los que destaca el desarrollado el pasado mes de marzo: el “Congreso Internacional sobre Ciudad, Seguridad y Terrorismo Global” en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde se reunieron expertos en terrorismo, analistas internacionales, criminólogos, eurodiputados, diputados, miembros de las FFAA y representantes del CITCO.

Gazapo es, por si fuera poco, Doctorando en Seguridad Internacional, Máster en Asuntos Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas ICADE y Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Es diplomado en Economía, Seguridad y Política por Georgetown University. Diplomado por la Universidad Complutense de Madrid en áreas como la prevención de conflictos internacionales, la seguridad alimentaria, la seguridad internacional o la influencia de los medios de comunicación en las relaciones diplomáticas entre España y los Estados Unidos de América.

En suma, un CV de los que yo, que llevo más de 25 años analizando decenas de miles, calificaría, sin ambages, de ‘mareante’. Hoy, Manuel Gazapo, nos hace la merced de compartir este café conmigo y con los lectores de El Independiente.

Pegunta.- Señor Gazapo, ¿por qué decidió dedicar su vida al mundo de la seguridad y el terrorismo?

Respuesta.- La seguridad es un tema que siempre me ha interesado y me ha intrigado. Hasta qué punto, la seguridad de los lugares y también la humana está garantizada o no. Desde una temprana edad, intuía que no todo podía estar protegido y que no todos los ciudadanos gozaban de igual seguridad y de las mismas oportunidades. Tuve la oportunidad de viajar para concienciarme de que vivíamos dentro de una burbuja de seguridad que se llamaba la Unión Europea y de que, fuera de ese espacio, el mundo era mucho más inestable, inseguro e injusto.

Todo ello sembró en mí la necesidad de conocer las vulnerabilidades que nos rodean -que muchas veces obviamos por comodidad y desinterés- y de formarme en Relaciones Internacionales y especializarme en el campo de la seguridad y el contra-terrorismo.

P.- Señor Gazapo; ¿es el mundo un lugar más seguro hoy que hace veinte, cincuenta años, un siglo… o que en otras épocas como la Edad Media? Sé que la pregunta es amplísima pero necesaria puesto que da la impresión de que siempre, a quienes viven en una época determinada, su mundo les parece el peor que han contemplado los siglos.

R.- El mundo de hace veinte años es similar al actual pero más complejo. Las diferencias más notorias son que la desigualdad se ha incrementado a nivel global y que los riesgos de seguridad han evolucionado y están más diversificados. Hace prácticamente dos décadas, tuvo lugar el atentado contra el World Trade Center de Nueva York. Aquel ataque terrorista marcó un punto de inflexión en las dinámicas de seguridad internacionales. Tras el 11-S se llevaron a cabo las intervenciones en Afganistán e Irak. Ambas fueron absolutamente infructuosas y de aquellos barros vienen estos lodos: se intentó acabar con el terrorismo de etiología yihadista y ahora tenemos a Daesh -que es herencia y escisión de la aún muy viva Al Qaeda-, y a otros muchos grupos haciéndose fuertes no solo en Oriente Medio, sino también en Sahel e Indonesia. Asimismo, tras las citadas invasiones, la gestión de la región ha ido de mal en peor. Ahora tenemos un conflicto internacional en Siria y un amplio conjunto de países completamente destrozados que pueden catalogarse como Estados fallidos.

Hace cincuenta años, estábamos en plena Guerra Fría. En aquel momento, dos grandes actores estaban enfrentándose en un mundo bipolar: Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada uno con su visión económica, cultural y política, luchaban por alcanzar la hegemonía mundial. A pesar del riesgo y el temor durante aquella época, existían políticas de contención auspiciadas por la doctrina MAD o estrategias de destrucción mutua asegurada. Y a pesar del miedo, las amenazas y las narrativas provocativas, había una certeza que disuadió de un enfrentamiento directo: tanto Estados Unidos como la Unión Soviética eran conscientes de que, si uno presionaba el botón nuclear, todo quedaría extinguido. Aunque aquella tensión provocó años de horror y fraguó una de las épocas más inseguras de la historia, la perspectiva nos demuestra que fue un tiempo donde existía un control de la situación, un mapa del contexto y unos actores estatales involucrados diferenciados e identificables. Tras la caída del muro de Berlín y la implosión de la URSS, el mundo bipolar se diluyó y surgió un nuevo escenario: un mundo unipolar presidido por los EEUU. Ese estadio de unipolaridad rápidamente sucumbió y dio paso al actual, multipolar, donde los EEUU intentan competir por seguir siendo el hegemón mundial. En el contexto internacional, ahora reina la incertidumbre, la asimetría y la inseguridad. Creo que el mundo de hace cincuenta años era algo más claro, comprensible y predecible.

Dicho esto, no hay que ver en esta explicación una argumentación simplista que apunte a que nuestro mundo es peor. Lo que ocurre es que la evaluación del riesgo y de las amenazas es ahora mucho más compleja. Hoy las amenazas son de otra naturaleza: conflictos intraestatales, fenómenos asimétricos como el terrorismo, pandemias, un imparable cambio climático, procesos que se propagan a través del espacio virtual como las guerras de desinformación o las Fake News, espionaje industrial masivo, ciberataques… Por esto defiendo la idea de que el mundo actual es más complejo, inseguro y volátil que antaño.

P.- Por tanto, el terrorismo no se ha acabado, y DAESH y la amenaza yihadista siguen ahí, aunque desde algunos sectores, interesadamente, se ‘venda’ que es algo del pasado. ¿Cuál es en la actualidad la situación?

Daesh sigue vivo, a pesar de los esfuerzos de la Coalición Internacional de reducir el espacio que los terroristas controlaban en Siria e Irak. La reacción internacional se ha implementado de forma muy tardía”

R.- Daesh sigue muy vivo a pesar de los esfuerzos de la Coalición Internacional en reducir los terrenos que la organización terrorista tenía controlados en Siria e Irak. El problema es que la reacción internacional se ha implementado de forma muy tardía. Esto ha otorgado a Abu Bakr Al-Baghdadi, líder absoluto de Daesh, la oportunidad de flexibilizar y expandir su entramado terrorista. Que ahora no controlen tanto espacio en Siria e Irak no quiere decir que no estén presentes. Aunque no tengan repercusión en los medios occidentales, no hay más que ver la cantidad de atentados que se siguen perpetrando día tras día allí. Muestra de su vitalidad son los recientes atentados en Pakistán y en Siria. Por un lado, el día 13 de julio, en Balochistán, Pakistán, Abu Bakar al-Pakistani se inmoló en un acto electoral del candidato Siraj Raisani. Hubo más de 150 muertes y se generó un clima de inestabilidad política y social previo a unas elecciones democráticas. Por otro lado, en As-Suwayda, Siria, Daesh perpetró un atentado múltiple el 25 de julio. A pesar de la ausencia de información verificada procedente de Siria debido al control autoritario del régimen y al asesinato y secuestro de periodistas por parte de Daesh, sabemos que ese día acontecieron dos ataques suicidas coordinados donde murieron más de 200 personas. Ambos fueron reivindicados por Daesh y seguían sus patrones metodológicos de yihad urbano.

Su presencia y su resiliencia se ve reflejada incluso en los últimos discursos de los políticos iraquíes que decían, aún hace pocos meses, que habían expulsado y vencido a la organización terrorista. Ellos son los primeros que están constatando que no es verdad. Ahora son incluso más peligrosos que antes de perder el control de las últimas gobernaciones. En este momento los yihadistas ya no tienen que preocuparse de mantener el ente pseudo-estatal que habían construido y pueden volver a centrarse en la creación de nuevas células y en la materialización de atentados. Han vuelto a hospedarse en las montañas, tal y como hacía Bin Laden, y en el mundo virtual, donde mantienen su cibercalifato. Los terroristas de Daesh han vuelto a sus orígenes, han vuelto a la asimetría total, al estado líquido, ese estado de amenaza fantasma capaz de poner en riesgo el sistema de seguridad de cualquier país. La amenaza es ahora mucho más letal porque es como un virus latente esperando a actuar allí donde considere más adecuado para sus intereses.

P.- ¿Qué podemos hacer, como ciudadanos, para contribuir a que esta lacra desaparezca, si ello es posible, algún día, de nuestras vidas?

R.- Como ciudadanos debemos exigir cooperación y coordinación policial, militar, jurídica, política y también ciudadana. Si no se trabaja de forma coordinada, no vamos a conseguir nada relevante. Jesús Núñez Villaverde, Director del IECAH, ha advertido con gran acierto que el instrumento militar es una herramienta a corto plazo, pero no permite atacar las raíces profundas del terrorismo y sus caldos de cultivo. Podemos eliminar a los individuos que estén armados en un momento y un lugar determinados, pero no se debe de dejar todo en las manos de los militares. Debemos potenciar urgentemente los recursos de los servicios de inteligencia, actualizar nuestros códigos legales e incrementar la colaboración ciudadana.

Tomando como ejemplo la política ciudadana de EEUU tras el 11-S con la campaña “if you see something, say something”, en España la gente debe saber que puede ayudar al mantenimiento de la seguridad con plataformas como Alert Corps o Stop Radicalismos. También es vital trabajar con intensidad desde el punto de vista educativo y cultural. Me refiero a la aplicación de políticas de prevención de la radicalización y al desarrollo de programas de conocimiento mutuo y al intercambio y enriquecimiento cultural. Hay que romper el dualismo del nosotros frente al ellos.”.

P.- ¿Por qué se instrumentaliza el terrorismo con fines políticos? Parece que es una tentación demasiado fuerte y que se hace desde casi todos los extremos del arco ideológico.

R.- Tanto en Europa como en el resto del mundo prima el cortoplacismo y -como apuntaba Maquiavelo- la erótica del poder. Eso provoca que el terrorismo sea utilizado como un arma generadora de votos. Cuando la gente llega al poder quiere mantenerse en él como sea. Y una de las formas más efectivas es instaurando lo que yo denomino “gobiernos del miedo”, aquellos que potencian la idea de que el terrorismo es una amenaza existencial para obtener el voto de muchas personas. El miedo al terrorismo da muchos votos por lo que siempre se instrumentalizará para ganar adeptos. También con el fin de tener más controlada a la población porque a algunos sectores políticos les interesa tener a la ciudadanía atemorizada ya que así es más fácil gobernar.

P.- En España, acabamos de asistir al primer aniversario de los atentados de Cambrils y de Barcelona. He aquí un ejemplo de instrumentalización política de estos terribles sucesos. Me refiero, obviamente, a los independentistas catalanes…

R.- Lamentablemente en este país, como ocurrió con ETA, se ha querido sacar rendimiento político a los atentados, lo cual es triste y execrable. De la misma forma que condenamos el terrorismo y la ideología sobre la que se sustenta, también hay que condenar a los individuos que intentan sacar un beneficio partidista de ello. Se han intentado mezclar las cuestiones legales que incumbían al señor Trapero y al señor Puigdemont con las de los atentados de Daesh, siendo temas fundamentales, pero de una naturaleza muy distinta. Los ataques terroristas cometidos en Barcelona y Cambrils son algo muy sensible y delicado como para jugar con ello y utilizarlo como arma política. No podemos olvidar bajo ningún concepto que hay víctimas de por medio y que hay que guardar un respeto absoluto. Por lo tanto, que algunos independentistas hayan intentado obtener rentabilidad política a los ataques de Daesh me parece lamentable, como también que algunos partidos nacionalistas hayan hecho lo mismo para justificar determinadas declaraciones y posicionamientos. Todo ello demuestra que en España aún no hemos alcanzado una verdadera madurez política y moral. Lamentablemente no tenemos una clase política suficientemente madura, o al menos los que están en primera línea no lo son.

P.- ¿Cómo está en estos momentos la situación geopolítica? ¿Cómo ve Oriente Próximo?

R.- Aunque pueda parecer que la burbuja de seguridad de la Unión Europea -que todavía resiste y persiste a los terremotos internos y a las presiones externas- nos aísla por completo de todas las vibraciones, la situación geopolítica internacional está alcanzando un grado de tensión extremadamente alto y problemático.

Por un lado, tenemos a Donald Trump, con una política imprevisible e irritante que está tirando por los suelos las pequeñas victorias que había conseguido la administración Obama. Su defensa del America First solo satisface a unos pocos y está provocando que Estados Unidos tenga frentes abiertos con un número de actores cada vez mayor, lo cual no es nada positivo. Trump, en su condición de tsunami constante, ha cerrado la puerta a América Latina, se ha enfrentado con China, se ha enzarzado con Corea del Norte y ha renegado de Europa. Y ahora le ha declarado de forma explícita la guerra comercial a Turquía, un país aliado en la OTAN con una situación geoestratégica extremadamente delicada.

Por otro lado, podemos constatar el desplazamiento económico global hacia el eje Asia-Pacifico. Aunque existen movimientos inquietantes en el Mar de China, la importancia de la zona es cada día mayor. Tendremos que estar atentos a las decisiones de China tanto en su región como en las nuevas áreas que ahora posee en África.

Mientras tanto, la Unión Europea sigue sin ser un global player porque es incapaz de hablar al mundo con una sola voz y Oriente Medio continúa siendo un polvorín debido al terrorismo, a los Estados fallidos y a la ingente cantidad de intereses externos que se entrecruzan en la zona.

P.- Valóreme la influencia, tanto la norteamericana como la rusa, en este complejo ‘avispero’. Le pregunto esto porque las críticas van por ‘barrios’ ideológicos y parece que en lo que no hemos cambiado es en el reparto entre quienes culpan de todos los males, en este caso a Trump, y quienes lo hacen a Putin.

R.- Ambos tienen una gran influencia en la arena política internacional y sus declaraciones acaparan toda la atención mediática. Su capacidad de poder alterar equilibrios es inmensa y sus intervenciones siempre tienen un efecto mariposa o dominó, por lo que cualquier decisión que tomen va a provocar un shock global.

Ambos países están llevando a cabo unas políticas exteriores interesadas, como es propio de los estados, pero tremendamente egoístas y despiadadas. Por lo tanto, ninguno de los dos es santo de mi devoción y sus actitudes y sus formas de hacer política no son las más aconsejables para mantener un nivel mínimo de certidumbre y estabilidad global.

P.- ¿Terminará algún día definitivamente el horror en Siria?

R.- Eso habría que preguntárselo a Donald Trump y a Vladimir Putin, ya que ambos tienen grandes intereses enfrentados en la zona.

P.- ¿Y qué me dice de esas guerras olvidadas, no muy lejos de allí? Siento un profundo impacto, por ejemplo, por la guerra civil que vive Yemen, uno de los países más pobres del mundo, de la que casi nadie habla. Una guerra con un responsable principal, Arabia Saudí y los que le venden armas. ¿Es la actitud de España hipócrita al respecto?

R.- Tanto Arabia Saudita como gran parte de las monarquías del Golfo han alimentado las tensiones internacionales debido a sus vínculos directos y/o indirectos con grupos terroristas. Su apoyo consciente y/o inconsciente a ideologías extremistas solo ha favorecido la expansión del horror a nivel regional y global. Un ejemplo es esa brutal guerra en Yemen. Arabia Saudita es uno de los grandes responsables de las barbaridades que se están produciendo en ese país. Su actitud es inaceptable y condenable porque no hay corrección política que valga. Antes señalábamos lo irresponsables que son los líderes de Rusia y EEUU y ahora debemos señalar a Arabia Saudita.

Es necesario aclarar la posición ideológica y la posición económica para que sean coincidentes”

Sobre si la actitud de España al vender armas a Arabia Saudita es hipócrita o no, se requiere una reflexión de fondo para relocalizarnos: hemos de partir de la base de que el mundo es hipócrita, la política internacional es hipócrita y las relaciones internacionales son hipócritas. Es una tristeza admitirlo, pero es la verdad. En el caso de España, evidenciamos un doble discurso. Por una parte, trasladamos unas ideas -España tiene su propia marca-país- y apoyamos unos valores y principios que compartimos con la Unión Europea. Por otra parte, ese discurso coexiste con otro que defiende la venta legítima y legal de armas a países que alimentan al terrorismo y no respetan los derechos humanos. Esto implica una gran contradicción.

Si lo que buscamos es frenar el terrorismo y evitar guerras como la de Yemen, no resulta coherente que les vendamos armas a determinados países. Si lo que buscamos es únicamente un enriquecimiento económico, entonces no resulta coherente mantener determinados discursos. Para nuestra Industria de Defensa, vender armas a Arabia Saudita resulta beneficioso a corto y medio plazo, ahora bien, ¿Es realmente eso lo que nos interesa a largo plazo? ¿De verdad nos interesa armar a Arabia Saudí y a otros países? Esa es la cuestión base que tanto la ciudadanía como el gobierno deberían plantearse con urgencia. Es necesario aclarar la posición ideológica y la posición económica para que sean coincidentes.

P.- En España hemos sufrido el azote de una banda terrorista durante cinco décadas: ETA. Hoy ya no mata y parece haber desaparecido definitivamente, pero las víctimas siguen sintiendo el dolor del olvido.

R.- Desgraciadamente es así, las víctimas han sido y siguen siendo las grandes olvidadas. Ha habido un cambio positivo y cada vez van teniendo más voz, respeto y reconocimiento. Su testimonio es vital y hemos de cuidarlo y respetarlo. Las asociaciones de víctimas van adquiriendo un papel más sonoro ante los medios, pero me preocupa muchísimo que continúen siendo un actor secundario que los partidos utilizan solo de forma instrumental.

P.- ¿Le merecen alguna opinión los recientes acercamientos de presos etarras a cárceles del País Vasco o excarcelaciones como la de Santi Potros? Ya sé que, con la ley en la mano, se trata de decisiones poco cuestionables. Pero han generado malestar entre algunos sectores.

R.- Habría que exigir a todos los partidos un Pacto de Estado y no plantear posiciones dispares. La posición adoptada por las asociaciones de víctimas del terrorismo es la más ecuánime, en tanto supone aceptar el estado derecho y la ley penitenciaria en vigor.

A título personal he de decir que la excarcelación de este tipo de sujetos me produce un rechazo extremo porque en absoluto se han arrepentido de sus actos. La excarcelación de aquellos que sí se han arrepentido también me produce sensaciones muy desagradables. No podemos olvidar que han pertenecido a una banda terrorista y han cometido asesinatos con alevosía, que han matado a centenares de padres, madres y niños. Pero como tenemos un código penal y entiendo que hay que respetar su correcta aplicación, acato la excarcelación de éste y otros individuos.

Respecto a los acercamientos de presos lo único que puedo decir es que es un tema tremendamente complicado. Puede favorecer la reducción de la tensión en el país respecto a este conflicto, pero habrá que valorarlo y estudiarlo con suma cautela. Ahora bien, no debemos olvidar que el acercamiento de los presos es un insulto a las víctimas del terrorismo. A título personal he de decir que por respeto a las víctimas yo no haría, a día de hoy, ninguna concesión a los terroristas.

P.- Valóreme las ‘fake news’; se dice que hace décadas, las élites controlaban a la población a través de la censura pero que ahora, ante la imposibilidad de ‘poner puertas al campo’, se han ‘inventado’ este fenómeno que es peor que la ‘ceguera informativa’: inundar nuestras vidas de una miríada de datos, falsos pero tremendamente creíbles porque se presentan de una forma más asertiva que la propia realidad.

R.- Las Fake News son una amenaza radical porque tienen una capacidad inmensa de influir en el contexto de las relaciones internacionales. La sobreinformación no contrastada de procedencia desconocida está presente tanto en la dimensión física como en la dimensión virtual, lo cual pone en riesgo la creación de una opinión crítica propia por parte de la sociedad civil.

La basura que existe en las redes sociales esta teledirigida por lo que debemos ser cautelosos con la información que consumimos… cruzar las fuentes, tirar del hilo y no escuchar únicamente lo que nos parezca bien.

P.- ¿En que quedarán las acusaciones a Trump y a sus supuestos cómplices de Rusia de haber, supuestamente, cambiado el rumbo de las elecciones americanas de noviembre 2016?

R.- Las últimas elecciones americanas demostraron que el sistema democrático americano no es hermético. Esos lamentables episodios no solo destaparon una guerra de desinformación global, sino que también hicieron visible que nuestras democracias y nuestros sistemas de votación no son inmunes.

Les invitaría a releer la tercera y última orden ejecutiva sobre ciberseguridad del Sr. Obama, la EO 13757 -Taking Additional Steps to Address the National Emergency With Respect to Significant Malicious Cyber-Enabled Activities-, la cual nació forzada por los ciberataques contra el proceso electoral americano. También sugeriría la revisión del informe JAR “GRIZZLY STEPPE – Russian Malicious Cyber Activity” desarrollado por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el FBI.

P.- La tercera guerra mundial será informática. ¿Estamos condenados a sucumbir ante el ‘cibercrimen’ o el ‘ciberterrorismo’?

R.- No es que estemos condenados, es que ya vivimos dentro un mundo dominado por el cibercrimen y el ciberterrorismo. La cuestión es cómo podemos hacerles frente. El crimen organizado está trasladando gran parte de su negocio al mundo digital debido a las ventajas del ciberespacio: anonimato, acceso ilimitado, deslocalización, agilidad de acción, capacidad de gestión y flexibilidad operativa.

El terrorismo también está muy presente en las redes sociales. El ejemplo perfecto es el califato virtual construido por Daesh y sus simpatizantes. Tal y como han explicado expertos de renombre internacional como Rohan Gunaratna o Magnus Ranstorp, los terroristas ahora no necesitan cometer un atentado para provocar un impacto psicológico en la población, basta con colgar videos de degollamientos para alterar la esfera político-social de Occidente.

P.- ¿Cómo es nuestra salud, en España, respecto a la seguridad informática?

R.- Internet nos ha brindado la posibilidad de avanzar en múltiples aspectos, pero también ha planteado numerosos retos ante los que aún no sabemos cómo reaccionar. Vivimos dentro de un mundo hiperconectado e interdependiente y gran parte de la sociedad española no es consciente de las amenazas a las que se enfrenta cuando navega sin protección por la red. Dicho esto, hay que reconocer que España es uno de los países de la Unión Europea que más está invirtiendo en ciberseguridad. Existe un amplio margen de mejora, pero estamos en la dirección adecuada.

P.- ¿Qué ambiciones tiene de cara a su futuro profesional?

R.- Desde el punto de vista personal confío poder seguir formándome para poder seguir enseñando. Creo que en esta vida hay que aprender constantemente. Me gusta escuchar tanto a los que tienen más años de experiencia y poseen un conocimiento intenso y profundo, como a los jóvenes que vienen detrás de mí y que tienen una potencialidad increíble.

Desde el punto de vista profesional, quisiera poder ayudar a expandir una cultura de paz y seguridad desde un lugar como el International Security Observatory, institución que dirijo junto con mi gran amigo y experto en terrorismo internacional Chema Gil Garre. También a potenciar la universidad pública y a crear más espacios de diálogo con el fin de elaborar alternativas que respondan a los nuevos retos.

P.- Por último, deme algunos ejemplos de grandes líderes que hayan influido en su carrera.

R.- No soy un hombre que aclame a líderes, pero puedo hablar de personas cuyo pensamiento e influencia me parecen sugerentes. A nivel familiar ha habido personas como Darío Gazapo que me han enseñado el valor de la humildad, la necesidad del trabajo constante y la importancia de ocuparse en lugar de simplemente preocuparse. También mi gran amigo Chema Gil. Su implicación como líder local y su trabajo junto a un espléndido equipo garantiza, con inmensa generosidad, la protección civil de una gran cantidad de personas.

Otras figuras que me ayudan a comprender el mundo son David C. Rapoport, Walter Laqueur u Oliver Roy desde el campo especifico del terrorismo, junto con Maquiavelo, Tomas Moro y Michel Foucault desde el arte de la política, que comparten lugar con la visión antropológica de Zygmunt Bauman, Manuel Castells o Sami Nair, y que se interpenetran con las aproximaciones de Ai Weiwei o Francis Alys desde el arte político y de Faisal Devji y Tahar Ben Jelloun desde los paisajes literarios del mundo arabo-musulmán.