Siempre que tengo delante a un artista, con mayúsculas, disfruto de una forma que me es difícil describir con palabras. Lo hago porque adoro el arte, como saben bien todos cuantos me conocen, porque a él he consagrado una parte importante de tiempo en mi vida y porque me gusta acercarme a la pulsión y la particular forma de ver el mundo de quienes como yo comparten la pasión por la creación, ya sean pintores, escultores… o arquitectos.

Hoy tengo el honor de tomar mi café dominical con uno de los más geniales: Joaquín Torres, conocido por el gran público como el arquitecto de los famosos. Ha diseñado las casas y ha diseñado, por tanto, los espacios más íntimos de algunos de los personajes más relevantes del panorama artístico, deportivo y empresarial.

Pero Joaquín es mucho más: es un hombre que ha mostrado su trabajo en los medios de comunicación, sobre todo la televisión, es empresario, es padre… pero sobre todo es alguien que confiesa que por fin hoy, a sus cuarenta y ocho años, se siente absolutamente libre. Hoy charla conmigo y responde con esa libertad y con enorme sinceridad a todo cuanto le planteo, sin obviar aspectos muy íntimos de su vida. Todo un lujo, que hoy tengo el orgullo de compartir con los lectores de El Independiente.

Pregunta.-: Joaquín Torres, es usted sin duda uno de los arquitectos más exitosos del panorama actual y la primera pregunta que debo hacerle es casi obligada: ¿por qué eligió usted esta profesión?

Respuesta.-: Mi padre fue ingeniero de caminos y un profesional de mucho éxito en el panorama empresarial. Y yo, desde muy pequeño, tenia esa preferencia por la ingeniería de caminos, por toda esa parte técnica que a mí me llamaba mucho la atención. Pero por otro lado me gustaba mucho el mundo del arte y al final decidí, desde muy pequeño, que iba a dedicarme a la arquitectura. Y esta se ha convertido en el eje vertebral de mi vida, en mi pasión, en mi equilibrio y soy arquitecto las 24 horas del día.

P.-: ¿Qué quiere decir eso? ¿Se acuesta usted pensando en lo que va a crear al día siguiente?

R.-: Vivo mi vida con ojos de arquitecto. Voy a un restaurante y me fijo más en lo estético que en otra cosa. Los espacios y la arquitectura priman por encima de lo demás. Al margen de que estoy siempre pensando en posibles reformas o proyectos, en cómo haría esto o aquello, yo nunca dejo de ser arquitecto.

La arquitectura es la pasión de mi vida. Yo soy arquitecto las 24 horas del día»

P.-: Su éxito además está ligado a unas cualidades sociales extraordinarias. Es usted un extraordinario relaciones públicas de sí mismo y ha tenido como clientes a famosos y personajes muy conocidos en todos los ámbitos, tanto en el empresarial como en el deportivo u otros…

R.-: Un arquitecto debe tener muchas facetas para triunfar. No solo basta el talento o las cualidades técnicas. Hay tanta gente que se queda en el camino porque les falla algún aspecto… estar bien relacionado y ser un buen vendedor es primordial. Ser capaz de empatizar con el cliente y no olvidar que el mejor prescriptor del trabajo es un cliente satisfecho. Todo eso ha hecho que, a lo mejor, no siendo técnicamente el mejor -y me tengo por bueno- pero, quizá, no siendo el mejor, mi estudio ha resaltado por encima de otros por esas relaciones. En el mundo de hoy, quien no sepa vender está perdido.

P.-: ¿Cuál ha sido el proyecto más complicado que usted ha realizado?

R.-: Sin duda la vivienda que le hice a mi padre. Acababa de fallecer mi hermano y mi padre dejaba la presidencia de ACS y se encontraba en un momento durísimo. Y me pidió trabajar para él en su casa. Yo no quería trabajar para mi padre ni para su empresa, pero en ese momento accedí. Fue muy complicado porque por primera vez en mi vida me enfrenté con mis miedos y con mis límites. No me puse ninguno: ni límite de espacio, ni de presupuesto… solo mi propio talento y mi relación con él. Y fue un momento muy difícil en el que yo aprendí muchísimo, pero muy complicado.

P.-: Ha sido usted el arquitecto de muchas estrellas. ¿Cómo es trabajar para una estrella del deporte o del mundo artístico? Habrá usted encontrado de todo…

R.-: Sí. No hay un perfil único. Pero es verdad que el éxito y la fama te legitiman. El nivel de cultura y de educación del cliente ayudan, pero no se puede generalizar. Por ejemplo, en el mismo ámbito, el futbolístico, he tenido clientes muy complicados como Zidane y otros extraordinarios como Fernando Hierro, que fue un ejemplo de señorío y de educación. Recuerdo que Zidane, que es un señor, acababa de llegar como un Dios y tal vez no supe lidiar con su fama. Cuanto más te impresiona la persona es más difícil. Lidiar con el ego de los famosos, de los triunfadores, es muy complicado. Recuerdo que con Amancio Ortega tampoco fue fácil.

El de Penélope Cruz y Javier Bardem fue un proyecto muy complicado, porque son divos»

P.-: ¿Qué destacaría de Amancio Ortega, como persona y como cliente, además de como fenómeno empresarial? ¿Había en él algo que le hiciera diferente?

R.-: Una humildad y una sencillez que me hacían dudar incluso de que fuera real. Me sobrecogía esa manera tan normal que tenía de conducirse, teniendo como tenía ese éxito arrollador. El me dijo una vez algo que me dejó perplejo y era que, si él tuviera que repetir la aventura de Zara, no le saldría. Que hubo un cúmulo de circunstancias difícilmente repetibles. Me parecía alucinante que alguien cuyo caso se estudia en Harvard y en las mejores escuelas de negocios del mundo hablara así, con esa humildad. El vivía en un dúplex muy normal, de clase media, en La Coruña. Yo me quedaba perplejo de aquella normalidad. Llegué a pensar que era una estrategia de sí mismo, porque me parecía increíble que no supiera que era la leche… ¡alguien que ha cambiado la moda en el mundo! Y no se me oculta que él ha sido una persona muy dura, que ha tenido que tomar decisiones empresariales con respecto a personas muy difíciles.

P.-: ¿Y en el mundo del espectáculo?

R.-: Pues mire: el de Penélope Cruz y Javier Bardem fue un caso muy complicado porque son divos, personas con mucho talento y con éxito y reconocimiento mundial. ¿Uno es rey porque nace o porque le hacen? Hay que tener en cuenta que ellos salen a la calle y la gente les convierte en ídolos. Y aunque estas personas traten de tomar distancia, llega un momento en el que se lo creen. Y eso hace que las cosas sean complicadas con ellos. En su caso, la complejidad estaba en su obsesión por mantener el anonimato y la discreción en torno a hechos como que se estaban haciendo una casa o iban a tener un hijo. Pero no se podían poner medios para que todo eso no saliera a la luz. Imagínese, la pareja de moda se casa, o va a tener un hijo… ¡cómo no se va a saber! Y en algún momento la sensación era que yo lo filtraba… y para mí era desagradable… llamadas a horas intempestivas porque al día siguiente salía la noticia. Todo esto hacía muy difícil mi trabajo. Para hacer una oficina, puedes dudar, pero para hacer tu casa no. El cliente tiene que decirme lo que quiere, cómo vive en su intimidad. Si no me lo cuenta o no confía en mí, es imposible.

P.-: ¿Ha rechazado algún proyecto?

R.-: Este estuve a punto. No lo hice porque Penélope me lo pidió. También, después de la casa de Zidane, decidí que no trabajaría para más futbolistas, aunque luego no fue así porque le hice la casa a Ronaldo. Pero me negué en aquel momento… a Figo y a los Beckham les dije que no, por ejemplo. Acabé muy cansado. Me sentí agotado. Sé que a Zidane no le di lo que él esperaba y tampoco yo le di lo que hubiera podido… fue un proyecto incompleto. Luego él ha matizado esto y ha dicho que quedó encantado, pero estoy convencido de que se equivocó él de arquitecto y yo de cliente. La estética que él tenía en su cabeza no encajaba con lo que yo hacía. Él pensaba que yo podía hacer una casa barroca, o neoclásica, o marroquí. Y yo le explicaba que sí, que técnicamente yo podía, pero que mis herramientas son muy determinadas porque yo huyo de la simetría, o de una serie de pautas que tal vez otros arquitectos hubieran culminado mejor.

Mi vida sentimental ha sido muy complicada. He accedido muy tarde a mi homosexualidad. Hoy, me siento mucho más libre»

P.-: ¿Cuál es su sello? ¿Por qué debe alguien encargarle a usted su casa?

R.-: La arquitectura residencial es tremendamente personal. Estamos hablando del proyecto más importante que una persona acomete en su vida, que es el hacer su casa. Y yo era consciente de que había mucha gente que me encargaba su casa porque le daba seguridad la marca Joaquín Torres, aunque muchos no supieran exactamente lo que yo hacía. Mi arquitectura es sin duda moderna, con líneas muy limpias y basada en el mundo del arte moderno. Siempre he pensado que, si un arquitecto se basa formalmente en la obra de Oteiza o de Chillida, escultores que me apasionan, todo se simplifica muchísimo. Mi arquitectura por tanto está muy basada en lo escultórico y en ella lo funcional es fundamental, porque la arquitectura es para usarla, no solo debe estar basada en lo estético. Por eso es también muy funcional. Ese binomio, a mí, me ha funcionado.

P.-: Usted es muy conocido también por su experiencia televisiva: ¿cómo fue?

R.-: A mi la televisión me parecía un mundo inaccesible. Yo había salido en revistas o en algún periódico, pero nada más. Un día, una empresa de comunicación me lo propuso y empecé haciendo un pequeño programa en La Sexta llamado «Vidas Anónimas» y fue espantoso, porque sacaban a la vez la vida de un arquitecto con la de un no se qué, o de un indigente… y el montaje final eran cinco minutos de algo que habías estado grabando horas. El resultado era la vida de un rico, superficial, contrapuesto con otras que no tenían nada que ver. Y en aquel momento dije que no volvía a hacer nada de aquello. Pero después surgió la idea de hacer algo relacionado específicamente con la arquitectura; un programa de casas que funcionó muy bien. Tanto que luego se ha repetido muchas veces. Y seguí, hasta que llegó «Sálvame» y ya dije que ese era mi límite. Caí allí como un favor a una amiga, aunque luego me sedujo todo aquel mundo, Jorge Javier me pareció un tío muy brillante y me reía y me lo pasaba bien. Estuve tres años, con muchos comentarios de gente que me decía que aquello me perjudicaba. Ahora, con perspectiva, reconozco que no sé si me benefició mucho.

P.-: ¿Le perjudicó entonces?

R.-: Pues, creo que sí. Di de mí mismo una imagen que no me benefició. Cualquiera quiere su privacidad y yo enseñaba muchas casas. Siempre con el permiso del propietario, por supuesto. Pero le gente pensó que yo iba a mostrar mi trabajo sí o sí. Es verdad que hubo muchos empresarios como Amancio o Entrecanales que me dijeron que no. Y lo entendí, perfectamente. Yo había cobrado mis honorarios y después pedía un favor porque para mí era importante enseñar mi trabajo, pero entendía perfectamente la reserva. Otros sí me dejaron. Pero como digo, aquello hizo que muchos clientes potenciales luego me hayan reconocido que no me hicieron encargos por temor a que luego lo enseñara.

P.-: ¿Volvería?

R: Pues, gustándome mucho la televisión, creo que no volvería. O, al menos, no a hacer ese tipo de televisión. Ahora colaboro con «Espejo Público», pero siempre relativo con cosas que tienen que ver con mi profesión. Y eso que te acaban ofreciendo «La Isla», o «Gran Hermano», pero no… con todo el respeto del mundo, pero es que yo soy arquitecto. La televisión no es mi profesión sino un instrumento para dar a conocer mi trabajo. Pero es difícil sustraerse porque es un medio en el que te pagan bien y te seducen, y eso engancha.

P.-: Cambiando de tema, Joaquín: ¿qué es para usted el amor?

R.-: El amor es lo que todos los seres humanos anhelamos y buscamos. Es la base que mueve el mundo, en general, y el mío en particular. El amor por una persona y el amor por la arquitectura. El amor es vital. Si no lo sentimos hay que buscarlo.

P.-: ¿Cómo ha sido su vida sentimental?

R.-: Muy complicada. Nunca he hablado de esto públicamente, pero yo he accedido muy tarde a mi homosexualidad. Yo estaba casado con una mujer, con Mercedes, que era mi novia de la universidad y, aunque siempre he sido muy honesto con ella, no podía ser honesto completamente porque no lo era conmigo mismo. No asumía mi sexualidad de una manera libre y he tardado muchos años en asumirla. Cuando decidí hacerlo con más de cuarenta años de repente me he sentido libre. Ha sido complicado por eso, por no asumir mi sexualidad. Hoy por hoy tengo una pareja, Raúl, que es una persona a la que quiero muchísimo, y lo vivo con total normalidad. Tenía pavor, y digo pavor, a sentarme con mis hijos, que es lo que más me importa en mi vida porque me necesitan ya que son muy pequeños, tienen ocho y doce años.

P.-: ¿Y que tal lo han asumido ellos?

R.-: Pues los niños dan a las cosas la trascendencia que le dan los adultos. Yo hablé con mi hijo de doce, Álvaro, porque el de ocho es aún muy niño, y le dije que no tenía ningún secreto inconfesable como le había dicho su madre, y que cualquier pregunta que tuviera me la hiciera a mí. Y él me dijo: «Papá, yo te quiero muchísimo». Lo vive con una normalidad pasmosa y además tiene una relación inmejorable con mi pareja. No lo vive para nada como un problema. Es verdad que son doce años, que no hablo de esto ni me gusta… no me parece necesario.

P.-: Lo entiendo porque también yo, cuando me preguntan o entrevistan sobre esto siempre digo que he vivido mi homosexualidad, pero no he vendido mi homosexualidad. ¿Qué quiere decir salir del armario?

R.-: Claro… uno es mucho más.

Madrid es una ciudad abierta, con un cielo azul increíble… aunque no es bonita arquitectónicamente»

P.-: ¿Usted cree que, en su vida, tal y como ha vivido el amor y las dificultades que ha tenido para asumir todo esto, como yo también las tuve, ha tenido alguna influencia en su talento? ¿Han tenido estas circunstancias un rol relevante en su vida, en su talento?

R.-: Me niego a pensar que los homosexuales tenemos más talento o más sensibilidad. No se puede generalizar. Habrá unos homosexuales que sí, otros que no… El ‘orgullo gay’ es para mí la fiesta estéticamente más horrible que pueda haber, donde los homosexuales se disfrazan, o nos disfrazamos, y yo no entiendo por qué hay que dar de uno mismo, por sus gustos o por con quien se acueste, una estética de uno mismo que es casi una burla. Pero esto es una opinión mía muy personal. Los que somos creativos, y usted que es un artista lo sabe bien, sabemos que todo nos influye. Nos nutrimos de todo y todo suma… o resta. Todo enriquece nuestro trabajo. Hoy, yo me siento más libre que con 26 o 35 años. Hoy mis miedos han desaparecido, me he hecho mucho más libre y soy una persona mucho más completa.

P.-: ¿Qué edificio le hubiera gustado diseñar de entre los más bellos que existan en el mundo?

R.-: Las pirámides de Egipto me sobrecogen. A nivel formal y por su misterio. Además, están enclavadas en el desierto… me hubiese encantado contribuir formalmente a ese proyecto. De hecho, luego no ha habido tanta arquitectura con planos triangulares. Son edificios mágicos. Aunque hay miles de edificios que yo he admirado y sigo admirando. La Casa de la Cascada, de Wright, o Zaha Hadid, cuya arquitectura ha cambiado el mundo, y que era extraordinaria, aunque yo coincidí varias veces con ella y era una mujer difícil, pero esa manera de enfocar, tan absolutamente orgánica, aunque hubiera gente que la criticara, a mí me ha parecido siempre increíble.

P.-: Madrid… ¿Le gusta? ¿Le parece bonita arquitectónicamente?

R.-: Es una ciudad abierta, con un cielo azul increíble, del que ya hablaba Velázquez y que me fascina… pero no me parece una ciudad especialmente bella. No se puede comparar con Londres, con París o con Lisboa. Barcelona es más bella: su ensanche, su Barrio Gótico, su salida al mar… aunque tiene el problema político y lingüístico, que la convierten en una ciudad cerrada e inhóspita para el que llega de fuera. Madrid es más abierta, aunque tiene otros problemas, como la suciedad.

Carmena me genera empatía, aunque como gestora de Madrid es un desastre»

P.-: Entonces ni le pregunto a quién votará…

R.-: Desde luego a Carmena no. Y eso que es una persona que me genera empatía, me gustan ella y su persona. Pero como gestora de Madrid me parece un desastre. Esa inundación de carriles bici… ¿Cuánta gente va en bici en Madrid? Aparte de que, si lo haces, lo haces de otro modo, no coges lo que hay y ya… hay que hacer un planteamiento más importante, no a trocitos, perjudicando además a una mayoría para beneficiar a una minoría. Estoy en contra de esto. Y la limpieza, insisto. Madrid está sucio. Vas a cualquier ciudad del mundo y está más limpia…

P.-: Salvo Roma (risas)…

R.-: Ya, pero Roma es Roma. Y hay tanto… solo la escalinata de la Plaza de España supera lo que te puedas imaginar.

P.-: ¿Qué sueños le quedan?

R.-: Estoy convencido de que el éxito en lo profesional llega por la obsesión. Por la voluntad. Para hacerlo mejor que los demás tienes que hacer mucho más que los demás. Siempre me refiero a la película El Cisne Negro, porque creo que es la que mejor retrata la obsesión de un éxito. En mi caso, llegó un momento en el que para mí no había otra cosa que la arquitectura. Ni quiero que las haya, porque me hace mejor arquitecto y mejor persona. Hoy, disfruto con cualquier proyecto. Me siento mucho más libre y tengo la libertad de poder elegir mis proyectos. Yo llegué a tener más de 130 arquitectos en plantilla y ahora tengo menos de la mitad. Si algo no me encaja no tengo reparos en decir que no. Aspiro a cumplir con mi trabajo y el sueño de la persona que tengo enfrente sin engaños y sin tapujos.