«No es el dolor. Lo que no puedo controlar es el amor». Con frases como esta la presentadora y humorista, Paz Padilla, cambió el sábado pasado la visión que muchas personas tenían de la muerte. Así lo han demostrado las reflexiones en redes sociales, opiniones en platós de televisión y numerosos clips de vídeo que recogen fragmentos de la entrevista en la que Padilla, a corazón abierto, habla de la muerte de su alma gemela.

Sin embargo, a pesar de tratarse de un discurso embaucador, romántico y enternecedor, sus palabras también han generado un torrente de dudas, sorpresa e impacto. Y es que, según afirma Emilio Bravo, psicólogo y presidente de la Sociedad Española de Hipnosis Clínica y Profesionales de la Salud, «en general en occidente cuesta aceptar que la vida tiene siempre un final, la muerte».

En España, tal y como explica el experto en salud mental, «pasamos buena parte de la vida tratando de ignorarlo o de evadirlo, y algunos incluso evitan los pensamientos y/o las conversaciones que tengan que ver con la muerte». Sin embargo, deberíamos aceptar «que todos vamos a morir» y que «nadie escapa a ese destino», explica para El Independiente.

No es el dolor. Lo que no puedo controlar es el amor

Paz Padilla

De la misma forma piensa Valeria Moriconi, psiconcóloga de la Fundación Aladina, que, acostumbrada a tratar muy de cerca el tema, cree que «si no se expresa lo que sentimos se crean tabúes y estereotipos», que impiden gestionar un duelo con mayor libertad y naturalidad.

«Un duelo se debe elaborar con todas las emociones en conjunto, son variadas, pero hay que permitirse sentirlas todas», aporta Rocío Ruíz De La Hermosa, psicóloga integradora de Paz de Roda Centro de Psicología. «En occidente pienso que tenemos un estilo de afrontamiento de permisión de la tristeza», algo que, según explica, nos ayuda a sentir esa pena sin complejos.

En el caso concreto de Paz Padilla, los psicólogos coinciden en que se encuentra en un claro proceso de aceptación. Bravo indica que «el duelo puede durar entre 6 meses y un año, aunque en algunas puede llegar hasta 2 años» y «consta de cinco fases: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación». A pesar de la teoría, «muchas personas no respetan ese orden y en ocasiones ni siquiera se hacen presentes todas esas etapas», porque cada duelo es diferente.

Ella ha pasado el duelo casi antes que la muerte

Valeria Moriconi, psoconcóloga

Algo que impactó a nivel masivo entre los telespectadores, e incluso en su propia familia, es que confesase que para ella la muerte de su marido había sido «mágica y bonita». Para Ruíz de La Hermosa esto realmente se traduce en «descanso» por parte del acompañante y una especie de «liberación del sufrimiento para la persona a la que quieres y ves que está sufriendo».

«Entiendo que para Paz fuese bonito, porque es el último gesto de amor que le dedicas», apunta Moriconi, que reconoce que «choca» cuando una persona «ya ha hecho un trabajo de elaboración de la pérdida y se encuentra en proceso de resignificación de lo que le rodea».

En muchos casos, los dolientes tardan en proceder a esta ‘recuperación’ por un «sentimiento persecutor de culpabilidad» producido por el «qué dirán». Sin ir más lejos, durante la entrevista, Padilla reconoce ante Jorge Javier Vázquez que ella no se ha puesto a «subir TikToks» porque, según explicaba, «la gente no me iba a entender». Ante esto, Ruíz De la Hermosa extrae la conclusión de que «Paz Padilla tenía ya un camino bastante hecho», porque, según la experta, «ella ha pasado el duelo casi antes que la muerte», al tratarse de una larga enfermedad.

Mismo proceso, opuestos duelos

Pero llegados a este punto se plantea una duda. En los últimos meses los espectadores han podido sentir de cerca dos pérdidas muy sonadas en el mundo de la televisión. Una de ellas es la del marido de Padilla, y otra la de Álex Lequio, hijo de Ana Obregón y Alessandro Lequio. Ambas enfermedades fueron consideradas de importante riesgo para la salud, su tratamiento se demoró en el tiempo y para las dos familias llegó la noticia de una pérdida de esperanzas.

Sin embargo, mientras que la conductora de Sálvame da una entrevista esperanzadora, mística y con un claro mensaje «tengo muchas ganas de vivir», Ana Obregón se encuentra recluida en su casa y recuerda cada poco tiempo a su hijo a través de publicaciones en redes sociales, en las que siempre acaba pidiendo reunirse pronto con él.

Para la psicóloga del centro Paz de Roda es probable que «Obregón esté experimentando una fase de negación más extensa», porque, «la muerte de un hijo es probablemente el golpe más duro al que una persona se puede enfrentar», afirma Rocío Ruíz de La Hermosa. En cuanto a esto, Bravo indica que «cada persona vive el duelo de una forma diferente y no se puede obtener un perfil psicológico a partir de como vive ese duelo cada persona».

El no tener miedo a la muerte ayuda a pasar un mejor duelo

Rocío Ruíz De La Hermosa, psicóloga

«En algunos casos es aconsejable acudir a un psicólogo, pero los especialistas aseguran que el apoyo más importante que una persona recibe después de sufrir una pérdida proviene de amigos y familiares», justifica así el profesional de la salud el comportamiento de Ana Obregón. Moriconi añade a esto que «si no conseguimos masticar y sentir este proceso, se puede llegar a complicar», e indica que «tiene que nacer de uno mismo».

De esta manera, los expertos en salud mental hacen balance del discurso de uno de los rostros más conocidos de la televisión y dejan diferentes reflexiones profesionales como que «el no tener miedo a la muerte ayuda a pasar un mejor duelo, y esto se consigue habituándose a ella», por parte de Rocío Ruíz de La Hermosa o que «las emociones no se apartan, sino que se viven y hay que darse el permiso para explorarlas», de Valeria Moriconi.

Emilio Bravo ha querido aportar una reflexión acerca de cómo afrontaban los antiguos romanos la muerte: «Cuando los grandes generales obtenían una victoria militar, entraban en la ciudad en medio de un callejón de honor. Eran vitoreados por todos. Sin embargo, detrás de ellos tenía que ir un esclavo repitiéndole una frase al oído: Memento mori. Esto quiere decir: “Recuerda que vas a morir”. No querían dañarle el momento, sino recordarle que ningún triunfo es tan grande como para estar por encima de la muerte».