De los tribunales a los leones, dejándose llevar por «las decisiones de los jefes», y sin negarse a subir a todos los trenes que pasan, como aquel que la condujo hasta su magazín, Ya es mediodía. Viviendo «hasta las últimas consecuencias», y escribiendo libros en los que impregna parte de su esencia, como en Mil besos prohibidos.

La periodista y autora, Sonsoles Ónega, se niega a «no arriesgar» en lo profesional y lo personal, y confiesa, en una entrevista para El Independiente, los secretos y enseñanzas de su nueva novela, profundiza en su camaleónica trayectoria televisiva, y se muestra crítica con un panorama político «desolador», al que cree que le sobra «estrategia y cortoplacismo».

Pregunta.- ¿Qué la empuja a escribir sobre el amor prohibido?

Respuesta.- El amor en la novela es un tema recurrente pero siempre hay una forma de contarlo distinta, o al menos la tuya. En este caso más que un amor prohibido es un amor interrumpido, por las circunstancias de los personajes a los que la vida les da una nueva oportunidad. A mí me interesaba eso, ver cómo continúan con un amor al que la vida les obliga a poner punto final en un principio, pero que en cambio prende 20 años después en este caso. Me interesa lo que se dice en ellos. Son personajes que no necesitan un prólogo para iniciar de nuevo su historia. Eso es lo que me apetecía.

Además, hacer una novela contemporánea, venía de hacer una novela ambientada en los años 30, fuera de Madrid, y que me costó mucho apuntalar en sentido documental, y aquí se daban todos esos ingredientes con los que me apetecía hacer una narración y explorar los sentimientos de estos personajes.

Pensábamos que había servidores públicos y lo que tenemos en la política es más incertidumbre, más caos, y bronca e insulto poco edificantes

P.- ¿Y por qué con la religión de por medio en este caso?

R.- Pues fue algo meditado evidentemente, pero no algo intencionado. El personaje del padre Mauro, el sacerdote, en realidad ejemplifica el hombre casado en su conjunto. En principio no hay nada más sólido que el matrimonio de un hombre con su sacerdocio, con su vocación… Pero luego me fui dando cuenta de que todos los hombres casados que descubren la pasión en el cuerpo de una mujer distinta a la suya sufren, y padecen las mismas contradicciones, las mismas idas y venidas, y el mismo sufrimiento por no poder vivir ese amor con plenitud y con libertad. Mauro ejemplifica el amor profundo hacia ese algo que parece que nada destruirá.  Sin embargo, te das cuenta de que las pasiones, los sentimientos, eso que nos mueve, acaba agrietando su mundo.

P.- Al leer la novela se intuyen varias similitudes entre usted y el Costanza… ¿Cuánto de Sonsoles tiene este personaje?

R.- A ver, no nos podemos abstraer de quienes somos cuando escribimos… Quizás hay escritores que pueden hacerlo, pero al final siempre hay algo que vuelcas de ti en los personajes, te diría que tanto en el femenino como en el masculino. Con Costanza comparto por ejemplo la opinión de que aprendemos mucho más de todo eso que perdemos que de lo que ganamos. Ella es una mujer que a lo largo de su vida ha perdido a su hija, también es una mujer cuyo matrimonio ha fracasado, algo que quizás si que ha coincidido con mi momento personal.

Pero lo que tiene claro es que no quiere dejar pasar el tren de la vida, y en realidad ella desde las páginas de esta novela interpela al lector y le dice “tienes que vivir hasta las últimas consecuencias y arriesgarte, porque ¿qué es la vida si no es todo eso?» Así que en eso es probable que se pueda parecer a mí.

También es verdad que e una novela de caprichos, en el sentido de que ella es fiscal y abogada, que yo no lo soy, pero se mueve en un entorno profesional que yo viví muy de cerca cuando hacía información de tribunales, y me apetecía que estos escenarios estuvieran en la novela. Es una persona que respeta mucho lo establecido y que sufre con la ruptura social que ha vivido este país desde 2008, así que es probable que haya mucho de mí en ella. Al parecer más de lo que yo creía hasta ahora.

No hay una posición, ni un discurso, ni una toma de decisiones clara y nítida. Me gustaría que hubiese discursos que aportaran claridad al ciudadano

P.- Incluso los escenarios, ¿no?… Madrid en estado puro

R.- Exactamente, además yo siempre digo que los escenarios son personajes en la novela, y que pueden decir mucho al lector sin hablar nada. Pero este entorno, por ejemplo, la Plaza de Oriente, por la que he andado millones de veces para ir al Senado desde el Congreso de los diputados… La Gran vía, también tantas veces paseada… Todo eso está ahí. Es un íntimo tributo a es Madrid que me gusta y que he vivido.

Además, en este punto concreto Mauro y Costanza quedaban, frente al Palacio Real, y su encuentro marca un giro muy importante en la novela. Es el encuentro de los amantes cuando ya saben que tienen una cita, cuando se miran… Aquí empieza su historia de amor. En este momento ambos saben que sus vidas van a cambiar, pero cada uno lo procesa de una manera. Lo que para ella es terapéutico y sanador, para él es catártico, y de pronto el mundo se le rompe.

P.- En el libro se plantea también una crisis existencial con Mauro, que tiene que elegir entre su fe por Dios y su amor por Costanza… ¿Qué opina acerca de que en pleno S.XXI ambas cosas no se puedan compaginar a ese nivel?

R.- Antes de escribir esta novela yo era taxativa. No entiendo el celibato. Después de esta novela algo ha cambiado porque he entendido como es la formación de un sacerdote, qué renuncias asume por amor a Dios y que cuando un hombre se consagra sacerdote, lo hace porque el único amor que tiene en su mente es el amor a Dios y la consagración en la Iglesia es total y absoluta, sin ningún ámbito íntimo que le pueda despistar. Es muy dura la formación de un sacerdote, y yo lo desconocía. Es muy duro domesticar el cuerpo y las pasiones que irremediablemente el ser humano siente. Sigo creyendo que podría ser compatible, pero quizás respeto de otra manera y con otros argumentos ese principio de la Iglesia.

Es muy dura la formación de un sacerdote, muy duro domesticar el cuerpo y las pasiones que irremediablemente el ser humano siente

P.- ¿Sufrió usted una especie de crisis existencial cuando tuvo que elegir entre seguir con la información política pura o presentar un nuevo magazín como Ya es mediodía? A veces menciona que echa de menos a los leones…

R.- A ver, todas las decisiones son difíciles en cualquier faceta de la vida, pero desde luego en las profesionales yo siempre he sentido que tenía que subirme a ese tren que pasaba. Cuando estaba en CNN+ y Cuatro me ofrecieron ir a Telecinco, cuando haciendo información parlamentaria de repente surge la oportunidad de hacer un magazín del que lo desconozco absolutamente todo, en un registro totalmente ajeno, y sobre todo con esa sensación que acompaña a todas las grandes decisiones, que es el miedo a no saber si lo vas a hacer bien.

Así que un dilema no fue, una decisión difícil tampoco porque lo tuve claro, pero importante sin duda. No tanto por hacer información social o del corazón, porque eso forma parte del contenido de un magazín, sino por esa sensación de acercarte al precipicio y decir “ay dios mío, yo estaba muy bien en los leones del congreso haciendo información parlamentaria”. No había dado muestras de agotamiento sino todo lo contrario. Veníamos de una moción de censura, de un cambio de Gobierno, o sea momentos políticos muy enriquecedores… Y de repente te sacan de ahí, y ahora después de dos años y medio solo puedo estar agradecida por la oportunidad.

P.- Además, el año pasado se adentró en el mundo del entretenimiento puro y duro presentando La casa fuerte, ¿se sintió en algún momento fuera de lugar?

R.- Ese cambio sí que fue más fuerte. No me sentí incómoda porque ha sido una experiencia maravillosa, y porque aprendí mucho de la mecánica del entretenimiento en una casa como Telecinco que lo sabe hacer tan bien. Al principio me sentía como pisando barro, en el sentido de escurridizo. Ahora visto con perspectiva fue una oportunidad genial y de la que aprendí un montón y ahora la segunda edición va a ir genial con Sandra Barneda, Lara Álvarez y Jorge. Van a hacer un programón seguro.

P.- ¿Y este año por qué no lo presenta?

R.- Pues porque se lo han ofrecido a otros compañeros, y me parece genial porque ellos tienen mucha más experiencia que yo, y yo sigo concentrada en mi Ya es mediodía, que es la criatura que hay que seguir alimentando cada día para continuar con los buenos datos con los que hemos arrancado en una franja tan competitiva y difícil, pero que nos estimula cada día.

P.- ¿No le han explicado personalmente los motivos?

R.- No, sencillamente que lo van a hacer otros compañeros y yo lo aplaudo, les animo, y auguro que va a ser un exitazo porque tenemos ganas de reality. La primera edición fue de rodaje y ahora ya te digo que está más tasado y va a ir fenomenal seguro, y todos viviremos de él. Además, un colaborador nuestro, Asraf Beno, entra con Isa Pantoja… Estoy segura de que la televisión, el entretenimiento y el poder quitarte un poco de encima este ‘estresazo’ que llevamos como sociedad estará ahí.

Todas las decisiones son difíciles, pero desde luego en las profesionales yo siempre he sentido que tenía que subirme a ese tren que pasaba

P.- En referencia a lo que ha dicho de “todos vamos a vivir de ello”… Precisamente Susanna Griso comentó en una entrevista para este medio que Telecinco era una cadena endogámica, ¿qué opina al respecto?

R.- Yo creo que es una cadena que sabe programar muy bien, que tiene una columna vertebral muy sólida, que arranca con Ana Rosa por la mañana y a partir de ahí todos seguimos erguidos durante el día. Es una cadena que sobre todo hace compañía al ciudadano y al espectador, y no es por llevarlo a la faceta más personal, pero a mí a veces me emociona cuando mi abuela me habla de los personajes de Telecinco como si fueran parte de su familia. Lo piensas y dices “¡qué grandeza!”, que todos esos personajes, que al final son nuestros compañeros formen parte de las familias… No es fácil conseguir eso, y entrar en las casas con la naturalidad que lo hace Telecinco con sus programas y sus personajes.

P.- Contar con esa personalidad propia a su vez conlleva recibir numerosas críticas, y en ocasiones despertar ciertos prejuicios… ¿Ha vivido usted esto en primera persona al comenzar a hacer este periodismo más social o de compañía?

R.- A ver, la exposición que se tiene en un diario no tiene nada que ver con la que tienes haciendo una crónica en informativos de 25 segundos… Digamos que va en el sueldo la parte de la exposición. Yo recibo mucho cariño por parte de la gente y lo agradezco, pero la verdad que lo que no me gusta y con lo que soy bastante radical es la mentira en esos otros carriles en los que transcurre la información, que son las redes sociales. La mentira, el insulto gratuito, desproporcionado y el ataque personal, no solo a mí sino también a mi familia, eso lo llevo mal. Pero porque creo que no debes acostumbrarte nunca al insulto gratuito, ni a todo esto. La gente no te va escupiendo por la calle, pero en las redes sí que hay una barra libre contra la que debemos luchar.

Pero bueno, en Ya es mediodía también hablamos de política, porque es un espacio en el que cabe todo, y al final la forma en la que tú tratas los temas no se diferencia demasiado. La manera de habar de un diputado, de un político, se parece bastante al registro que se emplea para hablar de un personaje de la crónica social o de un reality. Es más, en este preciso momento, creo que los políticos merecen una crítica mucho más contundente que cualquier otro sector de la sociedad.

La periodista Sonsoles Óneg, en una entrevista con El Independiente
La periodista Sonsoles Óneg, en una entrevista con El Independiente. Ignacio Encabo. Ignacio Encabo

P.- ¿Tuvo en sus comienzos en televisión un ‘extra’ de presión por ser hija de un periodista como Fernando Ónega?

R.- Bueno, si lo pienso… Empecé en CNN+ con la oportunidad de que era un canal que nacía y que estaba contratando gente, y a partir de ahí han sido mis jefes los que han ido eligiendo por mí. No sé si eso es bueno o malo, pero es puramente objetivo. La primera oportunidad para hacer información de tribunales en CNN+, hasta la oportunidad de Informativos Telecinco para hacer política, nada ni siquiera lo había soñado. Han sido oportunidades que han ido viniendo, y lo que sí he hecho ha sido empeñarme en morderlas, intentar dar lo mejor de mí y la confianza a mis jefes.

La gente no te va escupiendo por la calle, pero en las redes sí que hay una barra libre contra la que debemos luchar

¿Peso por venir de una familia de periodistas? Un poco sí pero es relativo, yo siempre digo que el puente está hecho pero lo tienes que cruzar, pero si te caes te caes tú y nadie va a venir a levantarte porque tu padre haya sido periodista.

P.- A veces por el hecho de ser mujer también se tiene más papeletas para ser mirada con lupa en trabajos con mucha responsabilidad, ¿ha sido su caso?

R.- Yo no lo he sentido. Bueno, no he sentido esa presión en el trabajo, la he sentido en casa. A una mujer que tiene una carrera profesional y que quiere tener también una familia, las cosas se le complican porque seguimos compitiendo en el juego con las reglas que han diseñado hombres, y el mundo sigue lleno de pequeños tics a veces trasparentes y que no se ven, pero que a las mujeres nos perjudican, pero no más allá de eso. Yo he podido ser madre y educar a mis hijos de la mejor manera posible, haciendo renuncias, pero que de otra manera ano habría hecho.

Todo no se puede tener, hay que parcelar la vida y creerte eso de que es más importante la calidad que la cantidad, yo me lo creo… Y a partir de ahí tirar y quitarte la culpa. Las mujeres seguimos cargando con una mochila de culpa que nos hace dar cincuenta millones de vueltas a asuntos que un hombre jamás se plantearía. La frase de que una mujer sin culpa es lo más parecido a un hombre… No puedo estar más de acuerdo.

P.- Respecto a ese peso, a la culpa, y teniendo en cuenta que ha sido amiga y compañera suya… ¿Qué opina del papel que le toca desempeñar a la reina Letizia en mitad de este huracán que está viviendo la monarquía en España?

R.- Creo que el papel institucional es impecable. Creo que es una mujer que ha modernizado la monarquía, y sus discursos están plagados de enseñanzas que a veces pasan inadvertidos, pero que van a contribuir a hacer una sociedad mejor.

Siempre digo que el puente está hecho pero lo tienes que cruzar. Si te caes, te caes tú y nadie va a venir a levantarte porque tu padre haya sido periodista

P.- Y en su terreno, la política… ¿Qué está pasando? ¿Cómo se está gestionando esta situación tan crítica?

R.- Estoy tan desolada como el común de los ciudadanos. Ya se veía venir en marzo, abril y mayo la falta de respuesta de los políticos, en un momento con tantísimas incertidumbres sanitarias, científicas y sociales… Pensábamos que al otro lado había servidores públicos que nos iban a guiar, y lo que tenemos en la política es más incertidumbre, más caos y bronca e insulto poco edificantes. Cuando más hemos necesitado a la alta política con mayúsculas, más nos hemos dado cuenta de lo escuálida que es.

P.- ¿Y en Madrid? Esta comunidad está siendo una de las más dañadas a nivel general…

R.- ¿Sabes lo que pasa? Que lo que te diga hoy mañana no valdrá. No hay una posición, ni un discurso, ni una toma de decisiones clara y nítida. Por eso que te diga qué va a pasar con Madrid hoy, probablemente mañana ya no valga. A mí me gustaría que hubiese discursos que aportaran claridad al ciudadano. No puede ser que yo cuando termine de hacer el programa tenga 200 mensajes de amigos diciendo “entonces ¿qué va a pasar?”. Si esto está pasando a todos los niveles y con todo tipo de gente, de distintas posiciones e ideologías, es porque todos lo están haciendo mal. Desde arriba, entre medias y abajo.

P.- De este contexto también han nacido personajes como Simón, ¿qué opina del epidemiólogo, sus ruedas de prensa y su viaje con Calleja?

R.- Bueno, esto último me parece bien eh, que se fuera el hombre un rato con Jesús Calleja a bucear pues bueno… Al final, son personajes que se exponen demasiado durante una crisis como esta. Simón quizás no resiste una hemeroteca, bueno, quito el quizás, es que no la resiste. ¿Es producto de lo que ha pasado, de la falta de certidumbres y de información clara? Probablemente. ¿Lo ha pagado por encima de todos? Sí.

A partir de ahí… que si soy pro Simón o anti Simón… ¿Se puede no ser de nada y juzgarlo por hechos? Ya te digo que no resiste una hemeroteca, y eso es que algo ha pasado en la comunicación de la pandemia, indudablemente.

P.- ¿Qué cree que falta y qué sobra entre los políticos en la actualidad?

R.- Falta que le devuelvan al consenso la épica que tuvo y sobra cortoplacismo, estrategia y testosterona.