Antena 3 emite el primer capítulo de Las hijas de la criada, adaptación televisiva de la novela homónima de Sonsoles Ónega, este jueves 3 de septiembre, a partir de las 23.00 horas. La serie de ocho episodios está disponible íntegramente en atresplayer desde principios de año y ahora se estrena en abierto. Las actrices Verónica Sánchez, Carlota Baró, Judith Fernández y Martina Cariddi son las protagonistas de esta historia, ambientada en Galicia a principios del siglo XX, sobre dos bebés intercambiadas al nacer. El Independiente habló con la actriz Carlota Baró, o sea, Renata en la ficción. Quien leyera la novela, sabrá de quién se trata: la criada del título.
La actriz, a quien un sector de la audiencia recordará por las series diarias El secreto de Puente Viejo, Amar es para siempre o La Moderna, da fe de los nervios del equipo de Las hijas de la criada: "Puede llegar a más casas".
Parece que la época 'persigue' a Carlota Baró… "Debo de tener cara de época, pero a mí me gusta muchísimo hacer época. Aparte de ser una responsabilidad social, pues se intenta retratar una época muy lejana que desconocemos; es divertido y retador viajar en el tiempo y ver cómo se vivía antes. En este caso, la historia de Sonsoles Ónega habla de la lucha de las mujeres; de cómo vivían en esta situación social y política. Aparte, me fascina el trabajo de vestuario y atrezo; todos los decorados hacen posible ese viaje en el tiempo que de otra manera sería imposible. Por suerte, Memento Mori era de actualidad; lo que me sorprendió mucho".
Antes de Las hijas de la criada, Carlota Baró (Barcelona, 1989) se dejó ver por La Moderna como una fotógrafa homosexual que acaba siendo espía internacional. En la nueva serie de Antena 3, sin embargo, no hay glamour por ningún lado. "Es una de las cosas que, cuando crearon el personaje los compañeros de maquillaje y peluquería, Patricia Rodríguez y Mauro Gastón, me fascinó. La mirada de otros profesionales te ayuda a ir construyendo el personaje. Renata es un animal completamente atrapado en una época; no sabe hacerlo mejor. Le pesa la injusticia de haber nacido en la misma clase social en la que morirá. La seña de identidad de Renata era su pelo; ese salvajismo lo creó increíblemente Mauro. El maquillaje me llenó un poco de suciedad".
P.- Definir a Renata como 'la mala' no sería justo, pero lo que hace moralmente es cuestionable, por mucho que quiera ayudar a que su hija tenga un porvenir. ¿Cómo defines a tu personaje? Tú la entenderás y defenderás.
R.- Nosotros tuvimos muchas reuniones con los dos directores de la serie [Menna Fité y Alejo Flah] y con la productora Sonia Martínez; hablamos muchísimo de intentar no quedarnos en que Renata es la mala. En la novela está muy bien detallado. Es una mujer a la que le pasan cosas y no le queda otra. Es un acto de supervivencia y de darle a su hija una vía de escape, una vida mejor que la suya. El acto, moralmente, es bastante cuestionable, pero nace de las tripas, no de la mente. No le ha dado vueltas y vueltas a ese acto; nace de un impulso porque Renata es completamente impulsiva.
Renata es una mujer que no se conforma con lo que le ha tocado vivir y es muy digna. En la novela estaba esa dignidad y esa fuerza; ese 'yo no me voy a dejar pisar, aunque sé perfectamente quién soy y dónde he nacido, en esa clase social baja'. Una vez hace lo que hace y pierde a su hija para darle una vida mejor, empieza un viaje de remordimiento y de bajada a los infiernos. Pasan los años y hay un runrún siempre en su cabeza de si hizo bien o no… hasta que toda la familia Valdés vuelve y puede ver a su hija.
P.- Porque de un capítulo a otro pasan años. En un momento dado, las dos hijas de la criada ya son mujeres adultas. ¿Cómo entiendes la relación de tu personaje, Renata, con sus dos hijas? Obviamente busca la validación de su hija biológica, pero ésta la mira por encima del hombro. ¿Qué sentimientos tiene hacia una mujer que ha criado, pero que es la hija de su examante?
R.- Ahí está el quid de la cuestión. Judith, Martina, Verónica y yo hablamos muchísimo de ese cuarteto, de esos intercambios de madres, porque Renata sabe perfectamente a quién deja su hija. Hay una especie de admiración que se puede convertir en celos, sanos y no sanos, porque al final Inés tiene un marido que a Renata le fascina; tiene una vida que a Renata le gustaría tener, pero sabe perfectamente qué tipo de mujer es Inés. Es una mujer increíblemente inteligente.
Partiendo de que Renata sabe a quién le deja su hija, luego quedaba la reflexión y la creación de cómo Renata trata al personaje de Judith Fernández, Clara, a la hija de esta señora que no la puede ni mirar a la cara. De hecho, en algunas escenas se ve clarísimo cómo puede hablarle muy mal a Clara y cómo, aunque Catalina la trate fatal, como a una criada, aguanta lo que sea como madre. Estaba la imagen del perro que siempre vigila en la cama a su amo. Cuando Catalina vuelve y la ve convertida en quien se ha convertida, hay cierto alivio y da igual cómo la trata. Para ella, el acto está justificado.
P.- Es paradójico que al final, independientemente de las vidas que han tenido estas dos niñas, su carácter no ha cambiado. O sea, se nota que cada una es hija de su madre.
R.- Judith [Fernández] y Verónica [Sánchez] trabajaron esa relación, y Martina [Cariddi] y yo trabajamos muchísimo también esa relación madre-hija. Inés no entiende por qué su hija se comporta así. Y Renata, que sabe la verdad, ni siquiera puede mirar a su hija.
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