Hace seis años, La 1 emitía tres series diarias: Acacias 38, Mercado central y Servir y proteger. Una, de época; las otras dos, contemporáneas. Y las tres tenían personajes del colectivo LGBTIQ+ (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans, Intersexuales, Queer, etc.).
En Acacias 38, cuya quinta temporada transcurría en 1914, estaban Maite y Camino. Su emparejamiento llevó por nombre Maitino y rompió fronteras con una secuela en formato radiofónico. Se conocieron en clase de pintura. En Mercado central estaban Germán y Javier. Eran subalterno y gerente, cuyo mayor conflicto no era la diferencia de edad, ni su orientación sexual, sino el pasado de cada uno. Y por la comisaría de Servir y proteger, ubicada en el sur de Madrid, había pasado Nacha, una policía colombiana y abiertamente lesbiana. Y Ángela, una inspectora trans. El policiaco también contó con una abogada trans basada en la política Carla Antonelli; se barajó que ella misma interpretara a aquel personaje.
Como el género –la telenovela– manda, no todos estos personajes salieron con vida. Algunos fueron incluso asesinados. La responsabilidad, tanto de su incorporación como de su desaparición, recaía principalmente sobre los argumentistas. A Tirso Calero (Servir y proteger), por ejemplo, se le ocurrió incorporar una inspectora de policía trans tras haber visto la película chilena Una mujer fantástica. Otras veces son los propios intérpretes quienes sugieren un giro gay, o queer, a sus personajes. Pasó en Acacias 38, y los guionistas recogieron el guante.
Las series diarias de La 1 y el colectivo LGBTIQ+
Anteriormente, seriales de La 1 como Amar en tiempos revueltos y Seis hermanas también desplegaron historias de amor entre mujeres. Posteriormente, Dos vidas, cuya acción se repartía entre la Guinea Ecuatorial de los años cincuenta y la España de 2021-22, tuvo a un chico trans como personaje en el presente. Y La Moderna, ambientada en el Madrid de los años treinta, incorporó a una fotógrafa lesbiana, cuyo romance con una de las trabajadoras del salón de té salió a la luz al final.
Seis años después, La 1 no puede izar la bandera del Orgullo LGBTIQ+ con sus series diarias, su única baza en ficción propia. Barrio Esperanza, su primera y única serie semanal este 2026, sí contó con un personaje –un profesor de Educación Física– homosexual. Pero ni La Promesa, tras 863 capítulos, ni Valle Salvaje, tras 442, han contado con personajes LGBTIQ+. Ambos títulos, melodramas de época, son de Bambú Producciones (Seis hermanas, Dos vidas). Hoy por hoy, en La Promesa corre el año 1917; en Valle Salvaje, el año 1764.
Hay quien podría escudarse en que las coordenadas de ambas historias (Valle de los Pedroches, Córdoba, principios del siglo XX; norte de España, mediados del siglo XVIII) no son las más propicias. Citemos, entonces, a los clásicos: Paquita Salas. "Ha habido maricones toda la historia de la humanidad. Toda la historia. ¿No puede haber un maricón en Puente Viejo? El secreto de Puente Viejo. El secreto. Pues ese es su secreto".
No hay homosexuales en La Promesa ni en Valle Salvaje: ¿casualidad o conservadurismo?
Preguntemos ahora al CEO de Bambú Producciones, Ramón Campos. Figura como productor ejecutivo de La Promesa y Valle Salvaje, cuya firma como creador corresponde a Josep Cister. "Tenemos series en las que hay personajes LGBTIQ+ y otras en las que no han coincidido. No creamos las series pensando en la orientación [sexual] de los personajes, sino en las historias y lo que nos piden", aclara a El Independiente.
"No hay ningún tipo de censura ni directriz en cuanto al tipo de tramas que debemos o no hacer; ni por parte de la cadena, ni por supuesto de la productora, ni miedo a la audiencia. Simplemente no ha surgido. Se ha planteado alguna vez en la mesa de guion, pero finalmente hemos optado por otras tramas simplemente porque nos gustaban más o porque nos daban más juego/recorrido", añade Susana Prieto, una de las coordinadoras de guion de La Promesa. "Lo sugeriré en la próxima reunión", apostilla en conversación con El Independiente.


Hay quien –bajo el anonimato– sostiene que se trata de "conservadurismo y miedo a perder público". "Hay actrices de Valle Salvaje que pedían una historia LGBTIQ+", traslada una fuente a El Independiente.
Porque, ¿quién no se ha dado un pipazo con una amiga?
O una enemiga.
Sueños de libertad, en Antena 3, lleva 600 capítulos contando la historia de amor entre dos mujeres
Este escenario, en que el 100% de los personajes de las series diarias de La 1 son heterosexuales, es diferente al de Sueños de libertad, a cargo de Diagonal TV (Amar es para siempre, Regreso a Las Sabinas, Mercado central) para Atresmedia. Este melodrama de época, que emite Antena 3 en la sobremesa de lunes a viernes, está a punto de superar los seiscientos capítulos.
Desde su génesis, los argumentistas de Sueños de libertad han desarrollado la historia de amor –casi imposible– entre Marta de la Reina (Marta Belmonte) y Fina Valero (Alba Brunet), superior y subordinada de una perfumería. En esta ocasión, al principio, la acción se sitúa a las afueras de Toledo a finales de los años cincuenta. Tras –muchas– idas y venidas, los guionistas están explorando ahora la nueva dinámica de poder entre ellas tras un traumático periodo de separación.

Marta y Fina –o sea, las Mafin– no son los únicos personajes LGBTIQ+ de Sueños de libertad. He ahí Pelayo, el segundo y malogrado esposo de Marta de la Reina (espóiler: fue asesinado hace unos meses). O Gervasio, el socio de Damián de la Reina y patriarca de los Merino (espóiler: se suicidó décadas atrás). Hace unas semanas, a través de un escena ambientada en los años treinta, el público conoció finalmente a Gervasio (Sergio San Millán).
RTVE, a la cola en cuanto a diversidad en las series
Vayamos, por último, a los datos. El Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales de España (ODA) publica desde 2021 un informe anual sobre "cómo se representa en la ficción audiovisual española a las personas LGBTIQA+, racializadas y con discapacidad". El último corresponde a 2025; año en que, por ejemplo, la serie de Netflix Olympo tuvo un personaje intersexual. En este informe se analizaron un total de 2.015 personajes, 125 películas y 89 series.
"En 2025, los personajes LGBTIQA+ representan el 9,92 % del total en el cine y las series, lo que supone un leve descenso respecto al 10,11% de 2024. La buena noticia es que, tras varios años de bajada, ha habido un aumento porcentual de aquellos personajes que pasan el test de Vito Russo tanto en largometrajes como en ficción seriada. Sin embargo, aunque más del 60% de los personajes queer son principales, menos de la mitad de ellos tienen una trama relacionada con algo que no tenga que ver con su identidad".
Así y todo, este informe señala "la elevada concentración de los personajes LGBTIQA+ en unas pocas ficciones", y que "sigue muy presente la vinculación entre lo queer y la juventud". Hubo excepciones como la serie Mariliendre y la película Maspalomas. Disminuyó la promiscuidad como narrativa, pero la discriminación, el acoso y las relaciones afectivas fueron los temas estrella.
En total hubo 203 personajes LGBTIQA+ (frente a los 1.812 no LGBTIQA+): 62 lésbicos, 70 gais, 58 bisexuales, 12 trans (2 no binaries), 1 intersexual y 0 asexuales.
En esta ecuación, RTVE fue en 2025 la octava "plataforma" en cuanto a series inclusivas. Por delante; Netflix, Movistar Plus, Atresplayer, Prime Video, Disney+, 3Cat y HBO Max. Por detrás; AGalega, EITB, Mediaset, Primeran, SkyShowtime y Filmin.
Qué es el test de Vito Russo
Si está el test de Bechdel, en alusión a la historietista Alison Bechdel, como método para evaluar la brecha de género en el cine; también está el test de Vito Russo. En este caso, lo promueve la organización sin ánimo de lucro estadounidense Alianza de Gays y Lesbianas contra la difamación (GLAAD). Uno de sus fundadores fue Vito Russo. Cuatro son los puntos de este test.
- La película debe tener un personaje que se identifique indudablemente como homosexual (gay/lesbiana), bisexual, transgénero o queer.
- Al personaje no le debe definir su orientación sexual o expresión de género.
- El personaje LGBTQ es clave en el devenir de la trama; su desaparición afectaría drásticamente. No está para cumplir la cuota.
- La historia del personaje LGBTQ no debe caer en estereotipos dañinos. Si la película tiene varios personajes LGBTQ; uno de ellos, al menos, debe superar este punto.
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