¿A qué público está dirigida la nueva serie española de Netflix Oasis que se estrena este viernes 19 de junio? ¿En qué espectadores pensaron los directivos de la plataforma o de la productora Bambú (Las chicas del cable, El caso Asunta) para aprobar una serie como Oasis? ¿Quiénes deben escribir las series juveniles? ¿Es Oasis acaso una serie juvenil en la estela de Élite, Bienvenidos a Edén y Olympo? ¿Es Oasis un sexy thriller ambientado en un hotel de lujo en el que la desaparición de una trabajadora –la hija del director– hace aflorar las desigualdades sociales en pleno 2026?
¿Por qué casi todos los integrantes del reparto tienen cara de Instagram? ¿Por qué hemos retrocedido lo poco que habíamos avanzado en la representación en ficción de los cuerpos? ¿Por qué doña Alicia Borrachero no protagoniza ella sola una miniserie cada año como sí lo hacen las grandes damas de la televisión británica? ¿Por qué las escenas de sexo en Oasis son tan aburridas? ¿Por qué la banda sonora no da tregua? ¿Por qué Netflix no se da el capricho de hacer una buena serie española al año? He ahí la rara Superestar, que no vio nadie (medio millón de visualizaciones). O la humilde Animal, que tendrá dos temporadas más tras sumar 14,8 millones de visualizaciones. O Manual para señoritas, también de Bambú, que tenía más enjundia que Oasis.
Netflix estrena Oasis este viernes 19 de junio
Son muchas las preguntas que uno se hace viendo en Netflix los ocho capítulos de Oasis, cuya duración oscila afortunadamente entre los 40 y los 50 minutos. Claramente no son las preguntas que sus productores, directores y guionistas quieren que el público se haga mientras ve un capítulo tras otro. El primero recurre además a uno de los grandes males de la ficción televisiva en plataformas: meter al espectador en la mitad del relato e inmediatamente después retroceder en el tiempo para, al cabo de varios episodios, llegar a la escena que inaugura la serie. En este sentido, Vis a vis y La casa de papel crearon escuela (para mal).
En Oasis, para echar más leña al fuego, hay flashes sobre lo que pasará; no vaya a ser que el público pierda interés. Y una narración, a cargo de su pareja protagonista, los intérpretes Ana Garcés (La Promesa) y Tomy Aguilera (Las hijas de la criada); no vaya a ser que el público se pierda. El chispazo entre estos dos es uno de los muchos romances que se desarrollan a lo largo de esta primera temporada. Que cada espectador escoja a sus favoritos.
De los productores de las series españolas Gran Hotel, Velvet y Las chicas del cable
Digamos que si Globomedia (Los Serrano, Los hombres de Paco) tocó fondo en 2014 con Bienvenidos al Lolita... y el cielo en 2015 con Vis a vis; Bambú, 18 años después de su primera serie nacional (Guante blanco, para TVE), está en las mismas. Porque Oasis, aunque sea la primera serie marcadamente juvenil de la productora, tiene todos los tics de una serie de Bambú. Velvet, Gran Hotel, Las chicas del cable, La Promesa... Todas ellas, además de ser melodramas de época (primera mitad del siglo XX) transcurren principalmente en un único espacio, lo que abarata y agiliza la producción. Ya sea el edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid o un palacio en el Valle de los Pedroches en Córdoba.
Esa verticalidad, ese 'arriba y abajo', se traslada automáticamente a las dinámicas entre los personajes. Los ricos y los pobres. Porque en Oasis, como en la serie estadounidense de HBO The White Lotus, están los humildes trabajadores (con su organigrama de exploradores y explotados) y los huéspedes, a cada cual más estirado. El protagonista suele ser la excepción: tiene conciencia de clase (hasta en la cama).
Ana Garcés y Berta Castañé, de La Promesa y La Moderna a Oasis
Aquí es el actor Tomy Aguilera (Bienvenidos a Edén), bien fornido él, quien interpreta a un niño de papá (mamá: María Botto) que prefiere irse de fiesta con el servicio. Pero Oasis no es una serie de época, sino una contemporánea. Así y todo, este resort, del que nunca se especifica su ubicación, funciona por castas. He ahí la abuela y la nieta a la que interpretan Mercedes Sampietro (Entre naranjos) y Laura Simón (Mar afuera). La joven, que bebe los vientos por su profesor de golf (Jan Buxaderas, protagonista del musical The Book of Mormon), debe heredar el negocio familiar y comprometerse con un hombre de bien. Casi todos ellos esconden algún secreto, como si este hotel fuera un nido de espías. No hay misterio que valga tanto giro de guion.


Junto a Laura Simón; Ana Garcés (La Promesa) y Berta Castañé (La Moderna), que hicieron la mili en la ficción diaria, son las intérpretes jóvenes más competentes. Aún así, hacen lo que pueden con los guiones. Si una se pasa media temporada corriendo de aquí para allá. La otra no se despega del estereotipo hasta el último capítulo con un giro más propio de Berlín y la dama del armiño. Para más inri, los guionistas se olvidan rápidamente de la rivalidad entre niños ricos y niños pobres.
Peor parado sale el elenco más adulto. He ahí Unax Ugalde y Alicia Borrachero como mandamases del hotel. Paco Tous y Verónica Sánchez como inspectores de Policía. Y Armando del Río, María Botto y Fernando Andina como 'padres de'. Por allí también se dejan ver Michel Noher (La Unidad) y Carolina Lapausa (Sueños de libertad) como matrimonio con hijo (Blas Polidori, de La sociedad de la nieve). Padre e hijo se verán envueltos en un lío de faldas...
Netflix, a por el 'voto' joven
Hay dos series en Oasis. Una, con tintes de terror (slasher), en la que los personajes de Ana Garcés (Helena) y Tomy Aguilera (Dani) investigan la desaparición de Celia (Victoria Kantch). Ella es la hija del director del hotel, la mejor amiga de Helena y el amor a primera vista de Dani. He ahí el triángulo amoroso principal de la serie, aunque uno de sus vértices esté ausente prácticamente toda la temporada. La otra serie es un batiburrillo de romances entre jóvenes.
En fin, Oasis no salvará los muebles de Netflix en cuanto a ficción española. El drama de acción Salvador y los thriller Esa noche y Clanes no figurarán, probablemente, entre lo mejor del año. Como tampoco lo hicieron en 2025 la miniserie de Carmen Mola Dos tumbas –un éxito de audiencia, pero no de crítica– o El refugio atómico, cancelada tras una única temporada.
Este 2026, el consuelo son las cifras correctas de Berlín y la dama del armiño, con 24,1 millones de visualizaciones y 173,3 millones de horas vistas durante sus primeras cuatro semanas. Aún así, la secuela de la precuela de La casa de papel está lejos de las dos series españolas más vistas en Netflix durante 2025: la importación de Atresmedia Ángela (35,7 millones de visualizaciones) y la original El jardinero (37,1 millones de visualizaciones). Berlín y la dama del armiño tampoco ha superado a la cancelada El refugio atómico, con 28,2 millones de visualizaciones. Está por ver el rendimiento de Perdiendo el juicio, también de Atresmedia, durante sus tres primeros días en Netflix.
Los próximos estrenos de Netflix España: dos dramas románticos
En verano, haciéndole la competencia a Prime Video (Off Campus, Todos nuestros años), Netflix estrenará dos series españolas de corte romántico y juvenil. Se trata de El mapa de los anhelos (17 de julio) y Toda la verdad de mis mentiras (28 de agosto). Una adapta la obra de Alice Kellen y la otra, a Elísabet Benavent, autora de Valeria y Un cuento perfecto, también en Netflix. No hay que ser un lince para ver dónde quiere pescar Netflix (al público joven) y con qué anzuelo (adaptaciones de novelas románticas).
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