El test de Bechdel nació casi como una broma en 1985. La dibujante Alison Bechdel planteó en una viñeta un curioso método para evaluar la representación de las mujeres en el cine. Para superar este test de sexismo, una película debe tener al menos dos personajes femeninos con nombre propio que mantengan entre ellas una conversación sobre algo que no sea un hombre.

Es la primera vez que unas primarias en España pueden pasar el test de Bechdel en la política española. El enfrentamiento por el control del Partido Popular que protagonizan María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría deja, por primera vez, el protagonismo de la batalla por el poder en manos de dos mujeres. Con permiso, eso sí, de Pablo Casado, el único candidato alternativo con posibilidades de arrebatarle a alguna de ellas un puesto en el duelo final, y los otros tres candidatos que completan el plantel, con un papel secundario en la trama.

“Si ganara Cospedal, desde el minuto cero la voy a ayudar para que sea la presidenta de España”, dijo esta semana Soraya Sáenz de Samtamaría, que  comenzó la campaña con un café con churros en Málaga donde congregó a unas 500 personas. La pregunta que más repite la vallisoletana en las primarias es: “¿Quién es la persona que mejor puede ganar las elecciones?”. Sabe la ex vicepresidenta del Gobierno que su punto fuerte es una imagen que ya se asocia a La Moncloa, después de siete años trabajando en ella.

Su rival María Dolores de Cospedal, sin embargo, no ha tenido reparos en mostrar su enfrentamiento y, por eso, ha elegido Barcelona para su arranque de campaña, apoyándose de paso en la ex ministra catalana Dolors Montserrat. Allí ha aprovechado Cospedal para decir que la aplicación del 155 en Cataluña se quedó corta. “A mí me hubiera gustado que esta TV3 hubiera sido intervenida y no fuera un aparato de propaganda”, ha dicho en su discurso de comienzo de campaña la ex Ministra de Defensa. Pone así en tela de juicio la gestión que hizo Santamaría cuando estaba como vicepresidenta a cargo de la crisis catalana del 1-O.

De las candidatas a las primarias del PP es más conocido su odio mutuo, que sus programas respectivos. Es más una lucha por el poder que por una manera de entender el partido. Aunque desde fuera del PP se aprecian más diferencias que dentro. De hecho, no solo interesa esta lucha entre los afiliados de un partido desorientado que tiene a su líder destronado pasando página en su exilio interior en Santa Pola. Sus rivales están muy atentos a la contienda.

El entorno de Podemos no tiene reparos en comentar en privado que su favorita en la carrera por el poder en el PP es Cospedal

El entorno de Podemos no tiene reparos en comentar en privado que su favorita en la carrera por el poder en el PP es Cospedal. Lo que ella considera su punto fuerte, haberse “partido la cara por el partido” durante el caso Gürtel, es precisamente lo que más seduce a la formación de izquierdas, que de alzarse ella con la presidencia del partido planea continuar con el argumento de la corrupción popular recordándole que ella fue quien excusaba la “indemnización en diferido” de Luis Bárcenas.

En el Partido Socialista, también creen que una victoria de Cospedal les beneficiaría. Sin embargo, las mismas fuentes socialistas también reconocen que una victoria de Casado podría ser mejor, según sus cálculos. En parte, porque el discurso del Gobierno feminista que proyecta Pedro Sánchez tiene más fuerza lógicamente si no ha de medirse en las próximas elecciones con la primera mujer con posibilidades de convertirse en presidenta del Gobierno. En segundo lugar, porque creen los socialistas que la sombra del caso Máster que planea sobre el palentino es un punto débil que podría serles útil en un hipotético enfrentamiento futuro contra él y, en tercer lugar, porque el perfil de este joven de 37 años que hace gala de “renovación” acerca la imagen del PP a la de Ciudadanos (y viceversa), lo que en última instancia creen que podría perjudicar también a la formación de Albert Rivera.

No le basta a Santamaría para ganar con ser la más temida de sus rivales políticos. Lo que cuenta es quién será la favorita de los afiliados del PP,  que serán los que voten. El 5 de julio sabremos si las dos candidatas favoritas pasan al duelo final que se dirimirá el día 21. Algunos analistas consideran que el partido, que nunca antes ha celebrado primarias, se arriesga en este encarnizado proceso a la destrucción, sobre todo desde la negativa a presentarse del que fuera el favorito de Rajoy, Alberto Núñez Feijoo.

Gracias a las primarias está logrando el PP un protagonismo en máxima audiencia que, para variar, nada tiene que ver con la corrupción

Sin embargo, las primarias tienen dos grandes ventajas que pueden jugar a favor del Partido Popular. La primera es que gracias a este enfrentamiento el partido está logrando un protagonismo en máxima audiencia que, para variar, nada tiene que ver con la corrupción. La trama Gürtel, que fue en última instancia lo que provocó la moción de censura que lo expulsó inesperadamente del poder, ha desaparecido del debate. Y la segunda ventaja que el PP puede obtener del enfrentamiento público de sus líderes es la de transmitirle a sus bases una sensación de renovación. No importa que sea una lucha por el poder sin mucho debate ideológico que permita diferenciar unos candidatos de otros, porque no hace falta que la pluralidad sea real para que lo parezca.

Está por ver si finalmente las dos rivales que logran más apoyo de los afiliados populares son Santamaría y Cospedal. Sería la antesala a que una mujer accediera a la presidencia de uno de los principales partidos del país con opción de Gobierno. Entre tanto, el Partido Popular está a punto de convertirse en el primero en superar el test Bechdel de las primarias. Aunque para eso Cospedal y Sáenz de Santamaría necesitarían, claro, dirigirse la palabra. Su cara a cara sólo se produciría si finalmente se produce un debate ante los medios si ambas son proclamadas candidatas. El duelo más esperado.

Con el tiempo habría que añadirle otra prueba de fuego al test de Bechdel de la política para superar la prueba del sexismo: pasaría porque ver a las mujeres en uno u otro puesto de poder fuera tan común que dejara de ser noticia. Eso no sucederá hasta que no dejen de llegar por primera vez a determinados papeles protagonistas.