Vaya por delante que servidor no ha leído Las hijas de la criada, la novela por la que Sonsoles Ónega ganó el premio Planeta 2023. Este año, el ganador ha sido Juan del Val con Vera, una historia de amor. ¿Tendrá su pertinente adaptación televisiva en Antena 3? A bombo y platillo se anunció en 2021 la de su novela Delparaíso. Nunca más se supo nada. Con Las hijas de la criada, en cambio, Atresmedia se dio prisa. Todo queda en casa. Negocio redondo.
Si hace dos años, su autora –periodista y presentadora de Antena 3– se llevaba un galardón con valor de un millón de euros. Hace uno ya se estaba produciendo la adaptación a televisión, con el actor Alain Hernández (Sueños de libertad) y la actriz Verónica Sánchez (Ángela, La Favorita 1922) como matrimonio protagonista. Aunque ambientada en Galicia a principios del siglo veinte, su sede de producción fue Canarias por una cuestión presupuestaria (vaya, el incentivo fiscal).
Al fin, este domingo 28 de noviembre, el primer capítulo de Las hijas de la criada llega a atresplayer. En total serán 8 entregas en torno a los 50 minutos cada una. Su emisión en la plataforma será semanal. Toda adaptación a televisión de una novela superventas –véase El tiempo entre costuras y su secuela Sira, actualmente en rodaje– es una espada de Damocles. Un sector de la audiencia habrá leído –devorado, incluso– la obra original, mientras que otro acudirá, más o menos, a ciegas. Ocurrió con La templanza, con La cocinera de castamar, con Reina Roja, con La novia gitana... Lo ideal, para una plena economía circular (entiéndase la ironía), sería que el público, tras haber visto la serie en atresplayer o Antena 3, comprara la novela. Muy buena y diferente debe ser la serie para luego leer el libro. Ojo, hay malas novelas que se convierten en buenas series. Y al revés: buenas novelas resultan ser malas series.
Madres e hijas paralelas
Probablemente, el mayor dilema al que debieron enfrentarse las guionistas de Las hijas de la criada (Irene Rodríguez, Tatiana Rodríguez y Alba Lucío como coordinadora) es dónde ubicar el instante que rompe la tele-novela en dos. O sea, el deliberado intercambio de bebés. El lector o lectora de Las hijas de la criada esperará impacientemente el momento en que la sirvienta Renata (Amparo Baró) cambia de por vida el destino de su hija y el de su señora Inés (Verónica Sánchez). Mujer rica, mujer pobre. La premisa no pueden cambiarla.
La serie arranca con el parto de ambas mujeres la misma noche, para después retroceder 9 meses (una manía de la ficción seriada contemporánea). Si Inés dará a luz con todas las comodidades de la época, Renata lo hará sola. El padre de ambas criaturas es Gustavo (Alain Hernández), amante de Renata y marido de Inés. Gustavo –incide el guion– es digno sucesor de su padre en lo moral y en lo empresarial. Tanto en lo narrativo como en lo estético, Las hijas de la criada es una serie muy conservadora. Más aún que seriales de época aparentemente encartonados tipo Sueños de libertad, que de vez en cuando sorprenden con florituras. Ena, en RTVE, es un ejemplo de cómo se pueden romper los moldes sin salirse de ello.
La carta de presentación de Las hijas de la criada, sin ningún tipo de pirueta (por qué no introducir un destello del futuro de las recién nacidas), es correcta, pero no redonda. Deja con ganas de más, pero uno sospecha que la cosa no se pondrá interesante hasta el ecuador. Si la obra original da un salto temporal de casi dos décadas, con una historia dividida por un océano, ¿por qué no jugar con el tiempo y el espacio? Porque Ónega si introduce un elemento 'fantástico': hay quienes pueden ver el futuro.
'Las hijas de la criada', un melodrama de época sobre mujeres 'adelantadas a su tiempo'
Ya en el segundo capítulo, el frío y el azul de Galicia contrastarán con el amarillo y el calor de Cuba. De momento, el primer capítulo de Las hijas de la criada se ocupa de presentar a los personajes y su conflicto. Tampoco da muchas pinceladas sobre qué estaba ocurriendo en nuestro país durante la transición del siglo XIX al siglo XX. Sí, Inés es una mujer 'adelantada a su época'; la señora se gana el afecto de unas y la antipatía de otros por su papel como sufragista. Y ya. A Renata, por su parte, la pintan como una femme fatale.
Qué interesante sería ver, con el transcurrir de la temporada, el intercambio de papeles. ¿Son Inés y Renata enemigas o aliadas? He ahí uno de los alicientes para el espectador no lector. El otro incentivo, por supuesto, es el paralelismo –y la perpendicularidad– de sus hijas ya adultas, hermanas por parte de padre y separadas al nacer.
En fin, Las hijas de la criada es un melodrama, un culebrón de época, y como tal recurre a los clásicos. A buen recaudo funcionará primero en atresplayer (la temporada estará completa el 18 de enero) y después en Antena 3. Acabará en Netflix. Carlota Baró (La Moderna) es quien parece –merece– estar destinada a brillar. Por ahí se deja ver Iolanda Muiños, cuyo porte y acento gallego hacen más por la ambientación y la credibilidad que cualquier exterior. Habrá que esperar una semana para ver en acción a Judith Fernández (Acacias 38) y Martina Cariddi (Élite), las hijas de la criada.
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