Sidosa no es la nueva película de Eduardo Casanova (Pieles, La Piedad) como director, pero sí es la segunda mejor película con Eduardo Casanova estrenada este 2026. La primera es Aída y vuelta, donde Eduardo Casanova hace de Eduardo Casanova haciendo de Fidel. En la ficción de la ficción, él tiene VIH y quiere contárselo a sus compañeros de reparto; Paco León, haciendo de Luisma, es el único en saberlo. Sidosa es paradójicamente su primer papel protagónico, como diría Almodóvar. Los secundarios, aquí, son personas seropositivas y sanitarios; y la actriz Mariola Fuentes (El cielo abierto), que nunca está de más. Todos ellos, a través de sus testimonios, van hilvanando una historia que arranca en 1981.
Sidosa, largometraje documental de Producciones del Barrio –he ahí Jordi Évole– para Atresmedia y que hoy estrena atresplayer tras pasar por muy pocas salas de cine (2.086 espectadores y 15.398 euros), es de Lluís Galter y Màrius Sánchez. El segundo firmó Eso que tú me das, con Pau Donés; Amén: Francisco responde, con el Papa; No me llame Ternera y aquella entrega de Lo de Évole con Estopa. Unan ustedes los puntos.
Eduardo Casanova sale del armario como seropositivo
Así que Lluís Galter y Màrius Sánchez son los directores y guionistas –junto a Évole, también productor ejecutivo– de Sidosa. El punto de partida, y de llegada, es la salida del armario de Eduardo Casanova como seropositivo desde los 17; tiene ahora 35. "¡Que tengo el sida!", exclama erróneamente –y adrede– el titular de Sidosa; un título que no ha convencido al personal, o sea, a una unidad de personas. ¿Por qué 'sidosa' y no 'sidoso'? La respuesta está al principio, así que den al play o esperen a su emisión en laSexta.
Pero ni Sidosa, como película documental que trasciende el formato de Lo de Évole, ni Eduardo Casanova, como sujeto de observación, tienden al victimismo. Hay hasta un mea culpa: varios. Él necesita contar –a sus familiares, a sus compañeros de trabajo, a su público– que tiene VIH, pues apenas hay referentes. Están en el armario. Jordi Évole ejerce aquí como entrevistador ocasional (le pregunta si odia a quien le transmitió el virus), pero sobre todo como testigo sin prejuicios. ¿Cómo va a tener reparos en beber a morro de la misma botella?
¿Cuántas celebridades con VIH/sida puede enumerar? He ahí Freddie Mercury, Rock Hudson y Magic Johnson. Paren de contar. Y Eduardo Casanova, optimista con que tarde o temprano llegará la cura (si es que no ha llegado ya, conspira), no quería guardar silencio. Porque silencio es –era– igual a muerte. Así que la audiencia presenciará varias salidas del armario –ninguna traumática– y una suerte de cortometraje –La peste rosa, con Lucía Díez– dentro del largometraje.
Eduardo Casanova no quiere más dramas
Sidosa es también una justificación y una promesa con respecto a su filmografía. ¿Por qué esa fijación por el rosa? ¿Por qué contar la historia de una mujer (Ana Polvorosa) a la que nadie quiere besar porque tiene un ano como boca? Según el cineasta, sus filmes Pieles y La Piedad se verán a partir de ahora con otros ojos.
Uno podría arquear la ceja al contemplar la sucesión de los acontecimientos. El 1 de diciembre de 2025, Movistar Plus+ estrenó la miniserie (mediometraje) de Eduardo Casanova, Silencio; un proyecto que el cineasta sacó adelante junto a la oenegé Apoyo Positivo y cuya proyección en Sitges, el pasado mes de octubre, se muestra en Sidosa.
Porque Casanova aún no era visible como seropositivo, y él temía hablar de más. ¿Acaso estaba él apropiándose de una lucha que no era la suya? En absoluto. Y a mediados de diciembre, vía Instagram, salió del armario ("TENGO VIH") y anunció Sidosa para el 23 de abril de 2026. Y entremedias, el pasado 30 de enero, llegó a salas de cine Aída y vuelta, cuyo rodaje tuvo lugar en primavera de 2025.
Sidosa tras Silencio
Muy probablemente, Silencio cambió la percepción de Eduardo Casanova como director y guionista; uno menos dramático, uno más juguetón. No hubo consenso de crítica, pero sí se metió en el bolsillo a más de un descreído. Y muy probablemente, con Sidosa, cambiará aún más. Sorprende, para bien, el tándem con Jordi Évole.
Más allá de cifras de recaudación y visionados, Sidosa es un testamento sobre la pandemia del VIH/sida durante los años ochenta y noventa, y sobre la serofobia que persiste hoy por hoy, incluso dentro del colectivo LGBITQ+. ¿Debe una persona seropositiva e indetectable (=intransmisible), gracias a un tratamiento y una supervisión médica, contarlo antes de mantener una relación sexual con otra? ¿Qué porcentaje de gente rechazaría a una persona seropositiva como pareja?
¿Es Sidosa un "bodrio", tal y como afirmó nuestro ex compañero de El Independiente Rubén Arranz en esRadio? Si acuden a FilmAffinity, verán que se repiten dos notas por parte de los usuarios: 10 ó 1. Ciertamente, Eduardo Casanova no deja indiferente a nadie.
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